"No hemos superado a Alfredo"

Su hermana dice que no descansará hasta que todos los culpables del crimen sean juzgados.

“Hemos tenido sentimientos encontrados. Por un lado, estamos contentos porque por fin lo castigaron y, por el otro, sentimos una profunda tristeza de imaginar cómo fue posible que ese hombre le hiciera eso a nuestro hermano”. Así se refiere Magda Correa al reciente fallo de la Corte Suprema de Justicia que condenó a 25 años de prisión al exdirector del DAS, Jorge Aurelio Noguera, por el asesinato del sociólogo Alfredo Correa de Andreis. Y agrega, nostálgica pero vehemente: “Acato la decisión de la Corte, pero los magistrados se quedaron algo cortos con la condena. Ese hombre merecía, por lo menos, 40 años de prisión”.


Magda ha abanderado una lucha que casi completa siete años, con el único propósito de que el crimen del reputado investigador no quedara impune y su expediente durmiendo el sueño de los justos. La sentencia contra Noguera reivindica su batalla judicial, pero aún no se siente tranquila. Sabe que muchos de los culpables siguen libres y esa verdad sigue destrozando a su familia. “Esta lucha no ha terminado. Con la condena de Noguera se cierra el primer ciclo pero faltan más implicados por sentenciar, y no descansaremos hasta que eso suceda”, dice Correa.


La justicia comprobó que Noguera ayudó a construir el montaje que presentó a Alfredo Correa como ideólogo de las Farc y que en un primer momento llevó al sociólogo a la cárcel y, poco después, sirvió de excusa para que los paramilitares lo asesinaran. El bloque Norte de las autodefensas perpetró el crimen. Eran las 2 y 20 minutos de la tarde del 17 de septiembre de 2004, Correa y su guardaespaldas, Edward Ochoa Martínez, se encontraban departiendo cuando dos hombres en una motocicleta se les acercaron y uno de ellos, Juan Carlos Rodríguez León, alias El Gato, les disparó. Ochoa murió inmediatamente, Correa minutos después. El estupor en Barranquilla fue mayúsculo.


La noticia poco a poco ocupó la agenda nacional cuando empezó a conocerse de la infiltración del paramilitarismo en el DAS que dirigía Noguera. El primero que habló sobre la penetración del bloque Norte en el organismo de inteligencia fue el exdirector de informática de la entidad, Rafael García, otrora amigo y cómplice de Noguera y después su principal acusador ante los estrados judiciales. Después, como una bola de nieve siguieron apareciendo nombres de funcionarios comprometidos, como Javier Valle Anaya. Muy pronto quedó claro que algo muy turbio había ocurrido en el caso de Alfredo Correa. Siete años después ya existe, por lo menos, una verdad procesal. Pero es poco ese consuelo para una familia que lleva años intentando no desmoronarse porque “la llevaron del cielo al infierno”, como resume Magda.


Ella misma recuerda, en diálogo con El Espectador, que al entierro de Alfredo asistieron no menos de mil personas. “Hoy en día es usual que por la calle nos saluden los que eran sus estudiantes y nos digan: ‘¡Ah! Usted es la hermana del mejor profesor que hemos tenido’. Es que él era un maestro —agrega, poniendo énfasis en la palabra— y el amor de su vida era enseñar”. Pero la vida no se le fue enseñando, como hubiera querido. Se la arrebató la violencia. Su esposa, Alba, y su hija, Melissa, buscan reconstruir sus vidas. “Han sido años de mucho dolor. No es fácil asimilar su ausencia, menos cuando te lo arrebatan de una forma tan abrupta. Después de todo el tiempo, nosotros no hemos superado a Alfredo”.


Su familia no deja de recordar que siempre fue un conciliador nato, un hombre de palabra fácil y de diálogo: “Era el pilar de la familia. Alto, de casi dos metros, corpulento. Pero, a pesar de su apariencia, era frágil”. Mañana se cumple el séptimo aniversario de su asesinato.