Nuevos golpes al clan Úsuga

Durante el último mes 15 personas vinculadas a la estructura criminal más grande y poderosa del país han caído en manos de la justicia, entre ellos un grupo de testaferros, el jefe militar e ideólogo político y el líder del negocio de tráfico de drogas en el departamento de La Guajira.

Silverio Fince Epinayu, jefe del clan Úsuga en la región caribe. / Cortesía.

Como fichas de dominó han caído en los últimos meses miembros representativos del clan Úsuga. Un grupo de familiares del máximo jefe de esta organización, Dairo Antonio Úsuga, alias Otoniel, encargado de la parte financiera del clan; Abimael Coneo Martínez, alias Torta, quien marcaba la directriz política, y Silverio Fince Epinayu, conocido como Silverio o el Caballo, jefe de la banda en la región Caribe, representan los últimos golpes que se le ha dado a la estructura criminal con más presencia en el país.

Abimael Coneo es conocido como el jefe militar e ideólogo del clan Úsuga y uno de los hombres de confianza de Otoniel. Según el fiscal Álvaro Sarmiento, jefe de la Unidad Nacional Contra el Crimen Organizado, este hombre estaría buscando un acercamiento con el Gobierno procurando beneficios ante una eventual desmovilización de miembros del clan; precisamente, cuando fue capturado en Bucaramanga, el martes pasado, había llegado de Bogotá donde estaría, con una firma de abogados, planeando la estrategia jurídica para que el Clan Úsuga fuera visto como un grupo beligerante y no como narcotraficantes, para tal fin 'Otoniel' le habría dado $50 millones.

Para las autoridades, Torta estaba liderando la iniciativa de sometimiento a la justicia con la Fiscalía. Un tema que para el ente investigador se ha convertido en uno de sus principales objetivos al argumentar que bajo esta modalidad pueden llevar ante estrados judiciales investigaciones en contexto y a grandes bandas criminales, evitando así cientos de procesos individualizados que en muchas ocasiones están conectados. En pocas palabras, están evitando un desgaste de la justicia y Torta, al parecer, era quien estaba llevando la batuta en esta propuesta.

Además de la captura de este hombre, el fin de semana el Gaula de la Policía llevó a cabo la detención de Silverio Fince Epinayu. Con un accionar delictivo de más de 30 años, trabajó consecutivamente para Bonifacio Cohén Jayarinu, alias Boni Cohén; Marcos Figueroa, alias Marquitos Figueroa; Luis Segundo Polanco, alias el Indio, y el clan Úsuga. Fince fue detenido el 14 de febrero de 2015 con una orden judicial por los delitos de secuestro extorsivo, concierto para delinquir, extorsión y tráfico de estupefacientes.

Por muchos años Silverio se encargó de recibir cargamentos de droga de todas partes del país y sacarla por el Caribe hacia Aruba y otros países centroamericanos. Con la captura de Marquitos, el 21 de octubre de 2014, ganó mayor protagonismo en la región de la alta Guajira, incluida la frontera con Venezuela, que representa un corredor estratégico para el tráfico de drogas y armas.

Acompañado de un grupo de unos 15 hombres, se encargó de intimidar a la comunidad de Uribía, Manaure, Maicao, Puerto Bolívar, Santa Cruz, Punta Espada, Poropo y Siapana, realizando secuestros y extorsiones. Las autoridades también tienen registro de que ha participado en delitos cometidos en territorio venezolano, como el secuestro de la pareja de italianos Di Pietro en 2012, en la localidad de Matire en Maracaibo. El 17 de mayo, ocho horas después de haber sido retenidos por la banda de Silverio, tanto el señor Salvatore di Pietro y su esposa, Teresa del Savio, fallecieron ahogados cuando la lancha en la que eran transportados desde Castilletes, en la alta Guajira venezolana, hasta algún sitio de la Guajira colombiana, se volteó. En ese hecho participó el policía venezolano Édixon Urdaneta, quien luego de comprobarse que había colaborado con el secuestro,  escapó hacia Colombia, donde fue detenido y extraditado a su país de origen.

El 16 de junio de 2014, Fince fue capturado mientras ejecutaba un secuestro. Paradójicamente, el único delito que se le atribuyó fue porte ilegal de armas, aunque tenía en su poder la camioneta Ford Tritón y los 2.000 millones de bolívares —unos $30 millones— que la familia de Briceida Sapuana, una indígena de la comunidad wayuu, había entregado como pago para que fuera liberada. En la audiencia de legalización e imputación el juez determinó cobijarlo con detención domiciliaria. Ese mismo día escapó del lugar donde había sido impuesta la medida.

Estas dos capturas se suman a las 13 realizadas el 5 de febrero, cuando cayó Blanca Senobia Madrid, alias la Flaca, compañera sentimental de Otoniel y quien se encargaría de administrar los bienes adquiridos ilegalmente por la banda y distribuirlos entre algunos miembros de su familia que servirían de testaferros. A este grupo de personas se les imputaron los delitos de concierto para delinquir agravado, testaferrato, enriquecimiento ilícito, lavado de activos y fraude procesal.