La OEA apoya la despenalización del consumo de drogas

Esa entidad reitera que los problema del narcotráfico y el consumo no son únicamente de los países productores y pide que se tomen medidas al respecto.

El 24% de los consumidores de marihuana a nivel mundial se encuentran en América. En países como Estados Unidos y Canadá el 14% de la población ha consumido este estupefaciente. / Andrés Torres
El 24% de los consumidores de marihuana a nivel mundial se encuentran en América. En países como Estados Unidos y Canadá el 14% de la población ha consumido este estupefaciente. / Andrés Torres

En su más reciente informe sobre estupefacientes en el continente, la Organización de Estados Americanos (OEA) hace explícito su apoyo a la despenalización, un problema, en su criterio, de salud pública y no de seguridad nacional, como se ha esmerado en verlo desde hace 50 años la política antidrogas de Estados Unidos y sus aliados. Lineamientos que han sido incapaces de reducir el número de consumidores de drogas a nivel mundial que, se estima, son entre 149 y 272 millones.

En el documento de 116 páginas, el organismo es claro: “La despenalización del consumo de drogas debe ser considerada en la base de cualquier estrategia de salud pública. Un adicto es un enfermo crónico que no debe ser castigado por su adicción, sino tratado adecuadamente”. De esta forma, la OEA se suma a las voces que han reclamado el replanteamiento de la política de drogas a nivel mundial.

Para la OEA esta discusión no es menor si se tiene en cuenta que en el continente americano viven el 45% de los usuarios de cocaína y el 24% de los consumidores de marihuana del mundo. Y que, parafraseando al presidente Juan Manuel Santos, los países productores —como Colombia, México y Perú— están “poniendo los muertos” en la lucha contra las drogas.

Estudios citados en el informe dan cuenta de que las actividades relacionadas con la producción y el tráfico de estupefacientes cobran entre 4.600 y 7.000 vidas al año en Colombia, casi una tercera parte del total de muertes violentas en el país. “Se ha estimado que un aumento del 10% en el valor de la cocaína en el mercado internacional, produce un incremento en la tasa de homicidios de entre 1,2% y 2%”, establece la OEA en su informe presentado ayer.

Pero mientras los países productores ponen los muertos, en los consumidores se quedan las ganancias. La OEA puntualiza que un 1% de las ganancias del narcotráfico —cifradas en US$320.000 millones en 2003— va para los productores y el 65% es para los expendedores de drogas en países como Estados Unidos, que cuenta con el 81% de los consumidores de marihuana del continente. En este país y en Canadá el uso de marihuana alcanza, en promedio, a un 14% de la población.

Con este panorama, la entidad es clara al afirmar que el problema de las drogas no es únicamente de los países productores. “El problema involucra a todos los países y todos tienen responsabilidades, aunque diferenciadas, en la búsqueda de soluciones que reduzcan sustantivamente la adicción a las drogas, el riesgo para la población —especialmente los jóvenes— y la violencia criminal”, indica en su informe.

De la misma forma reitera su posición en cuanto a que el problema de las drogas no es de seguridad nacional, como lo ha visto una política antidrogas hoy en declive, y destaca que los gobiernos paulatinamente “han adoptado la visión de la dependencia como una enfermedad crónica y recurrente, que requiere un enfoque orientado hacia la salud”.

Sin embargo, lamenta que en América siguen destinándose muy pocos recursos a este enfoque y que las políticas públicas que se han generado al respecto “no han contado con la suficiente flexibilidad para incorporar nuevos conocimientos que permitan hacerlas más efectivas, detectar costos y daños no deseados y asumir los evidentes cambios económicos y culturales sobrevenidos a lo largo del tiempo”.

Al final del informe la OEA hace una serie de recomendaciones. Entre ellas, que “si no es posible pasar de la noche a la mañana a un cambio radical en el tratamiento de los adictos, al menos debería comenzarse con métodos transicionales, como las cortes de drogas, la reducción sustantiva de penas y la rehabilitación. Las medidas restrictivas de libertad son antagónicas de este enfoque y sólo deberían usarse cuando esté en riesgo la vida del adicto o cuando su conducta constituya un riesgo para la sociedad”.

Sobre la legalización del consumo de marihuana, la OEA es muy clara: “Tarde o temprano deberán tomarse decisiones al respecto”.

Temas relacionados