“Otro golpe criminal”: 30 años del asesinato de Martha Luz López y Miguel Soler

El 10 de octubre de 1989, hombres de Pablo Escobar asesinaron a los gerentes administrativos y de circulación de este diario en Medellín. Tres décadas después, no hay un solo responsable judicializado por este crimen.

Portada del 11 de octubre de 1989. Archivo El Espectador

“Otro golpe criminal contra El Espectador”: con estas palabras, la edición del 11 de octubre de 1989 anunciaba el asesinato de Martha Luz López López y Miguel Soler, gerentes administrativos y de circulación de El Espectador en Medellín, el 10 de octubre de ese año. El doble crimen hacía parte de la sentencia de Pablo Escobar en contra del diario que fue el primero en denunciar sus vínculos con el mundo del narcotráfico.

El asesinato de Martha Luz López, gerente de pauta y encargada de la publicidad del diario en la capital de Antioquia, ocurrió justo cuando estaba entrando a su hogar en el barrio El Poblado. Según recogió este periódico en la edición del día siguiente al crimen, la mujer de 34 años estaba en su carro entrando a su casa cuando fue atacada por un sicario que le disparó en ocho oportunidades. Las balas impactaron en su cuello, por lo que murió casi que de forma instantánea.

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El atentado, que también dejó herida a la madre de López en una pierna, fue perpetrado por un sicario que, según distintas versiones, habría huido con un cómplice en una motocicleta. En la edición del 11 de octubre se especifica que nadie logró ver las placas o el tipo de motocicleta en la que escaparon los dos victimarios de la mujer que se desempeñaba en labores administrativas.

Justo una hora después del asesinato de Martha Luz López, ocurrió el homicidio de Miguel Soler, que llevaba 25 años de trabajo ininterrumpido en el diario de los Cano. Soler se desplazaba en un campero Suzuki por el barrio Santa Gema, cerca de su residencia en Medellín, cuando fue atacado por un hombre en motocicleta que tenía un arma automática. El gerente, que había salido de su hogar a las oficinas del periódico tras recibir la noticia de la muerte de Martha Luz López, falleció en la unidad de cuidados intermedios del barrio Belén.

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Como quedó registrado en este diario, hubo dos llamadas anónimas a la sede de Medellín de El Espectador. En ellas, personas que se identificaron como miembros de Los Extraditables -grupo de narcotraficantes encabezados por Pablo Escobar que luchaban por tumbar la extradición hacia los Estados Unidos- se adjudicaron los homicidios y advirtieron que “no querían ver circular al periódico ni en la ciudad ni en el resto del departamento de Antioquia”.

El asesinato de los dos gerentes administrativos de Medellín se convirtió en el séptimo acto terrorista cometido por Pablo Escobar en retaliación a uno de los medios que más denuncias realizó en su contra. Antes de estos hechos, ya se había reportado los asesinatos de: Roberto Camacho, periodista en Leticia, Amazonas, en julio de 1986; Guillermo Cano, director de El Espectador, a la salida de la sede principal del diario, el 17 de diciembre de 1986; Héctor Giraldo, quien investigaba el homicidio de Guillermo Cano, el 29 de marzo de 1989; y Guillermo Gómez, colaborador de El Espectador en Buenaventura, el 16 de septiembre de 1989.

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La andanada de violencia de Escobar en contra de este diario también incluyó un camión bomba con 55 kilos de explosivos a la sede principal del periódico, acto terrorista cometido el 2 de septiembre de 1989, y un ataque con dinamita a las oficinas en el barrio Normandía, en Bogotá, ocurrido el 23 de septiembre de dicho año. Por fortuna, ambos actos terroristas solo dejaron daños materiales y no costaron más vidas humanas de las que ya habían cobrado las balas del cartel de Medellín en su guerra contra este periódico.

Tan solo un día después de reportarse el homicidio de López y Soler, El Espectador denunció que “ante la falta de protección de las autoridades de Antioquia”, el periódico no pudo circular “ayer -11 de octubre- normalmente en ese departamento”: “Los distribuidores de este diario fueron obstaculizados ante la tolerancia de la Fuerza Pública en Medellín y otros municipios”, agregó la alerta emitida por las páginas de este medio que nació en Antioquia en 1887.

Las presiones en contra de las oficinas del periódico en Antioquia también incluyeron envío de coronas fúnebres y llamadas amenazantes a la redacción y a otros empleados. “Mire hijueputa. La cosa es seria. Le hablamos de parte del doctor (Pablo Escobar). Eso es un pasquín. Usted está equivocado de puesto. Los Canos no tienen la verdad de Colombia”, declaró Carlos Mario Correa, principal corresponsal del diario en Medellín, sobre las amenazas hechas por la gente de Escobar.

Nunca antes un medio periodístico en Colombia había vivido la coerción que sufrió El Espectador a manos del narcotráfico. Era notoria la saña con la que actuaba Escobar y los otros miembros del Cartel de Medellín. Por eso, los medios a nivel mundial mostraron su solidaridad. El 12 de octubre, dos días después del asesinato de López y Soler, la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) convocó a “todos los medios de comunicación del hemisferio a demostrar su apoyo y solidaridad con el diario colombiano El Espectador, amenazado por la mafia del narcotráfico”:

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Sin embargo, el apoyo demostrado no evitó que las acciones de Pablo Escobar llevaran a que a finales de 1989 este periódico cerrara sus oficinas en Medellín. No obstante, la labor periodística en el Valle de Aburrá continuó y Carlos Mario Correa trabajó de forma encubierta en una oficina privada. De esta forma, El Espectador siguió reportando las acciones criminales que cometía el cartel de Medellín.

Este 10 de octubre se cumplen tres décadas del homicidio de los dos gerentes del periódico en Medellín. Se sabe que su principal autor intelectual fue Pablo Escobar en su guerra contra uno de los medios que más le hizo frente, pero no hay otros posibles implicados en este caso. Según la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP), la investigación continúa en manos de una Fiscalía regional de Medellín, allí solo se ha emitido una resolución de acusación contra los posibles autores materiales del crimen. Más allá, no ha pasado nada. No hay responsables o culpables que estén purgando una pena por asesinar a dos personas cuyo “único crimen” fue trabajar en El Espectador.

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Redacción Judicial

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