Pacto criminal en Medellín

Los jefes de los Urabeños y la oficina de Envigado pactaron una tregua hace dos meses con el objetivo de forjar una alianza.

Diego Fernando Murillo, alias ‘Don Berna’. / Archivo

La mafia de Medellín, fragmentada como consecuencia de una incesante lucha interna, ha hecho el llamado a una tregua y ha logrado un acuerdo con sus rivales, los Urabeños, tratando de reconstruir la hegemonía criminal establecida por Diego Fernando Murillo, alias Don Berna. No obstante, puede ser difícil crear una réplica de su poder, pues este paramilitar, extraditado en mayo de 2008, poseía fuertes conexiones con la élite del país.

Las mafias en Medellín parecen haber llegado a una tregua luego de que las diferentes facciones de la Oficina de Envigado y los Urabeños hicieran una especie de alianza que busca restituir a Medellín como capital criminal de Colombia, empleando el modelo creado por Don Berna, quien gobernó sobre todas las pandillas de la ciudad y era uno de los integrantes de mayor peso dentro de las grandes ligas del narcotráfico.

Tras su envío a los Estados Unidos, la guerra se desató y la tasa de homicidios y las cifras de desplazamiento interno se dispararon entre 2009 y 2011. La fragmentación y la violencia también se extendieron a las zonas rurales y los Urabeños se convirtieron en la organización criminal más poderosa de Colombia. Centraron su atención en Medellín, el “premio gordo” para los criminales del país, y desde su base rural empezaron a rodear los barrios periféricos de la ciudad, apoderándose de algunos de ellos y estableciendo alianzas con las facciones disidentes de la Oficina de Envigado.

Esta guerra tuvo consecuencias negativas para los negocios criminales en Medellín, ya sea el narcotráfico transnacional, el microtráfico, la extorsión, el secuestro, los juegos de azar o el lavado de dinero. Un poderoso grupo de delincuentes de cuello blanco, denominado por Luis Fernando Quijano, experto en la violencia de Medellín, como “La Comisión”, decidió que la violencia debía terminar.

La Comisión ha existido, de una forma u otra, desde antes del ascenso de Escobar y el Cartel de Medellín en los años ochenta. Está compuesta principalmente por miembros de la élite social y económica de Medellín que operan tanto en el mundo legal como en el ilegal, es decir, en el mundo criminal y en las “altas esferas”.

Algunos miembros de este grupo superior del mundo criminal ya han sido identificados. Uno de ellos es Guillermo Valencia Cossio, exdirector de Fiscalías en Medellín. Fue condenado en 2011 a 15 años de prisión por colaborar con los Urabeños. Otro fue Marlon Javier Vergara, quien llegó a ser uno de los jóvenes empresarios más prometedores y bien conectados de Medellín, hasta su arresto en 2010. Fue sentenciado a 37 años de cárcel por un asesinato que le encargó la Oficina de Envigado.

Tras la detención en agosto de 2012 de Érickson Vargas Cárdenas, alias Sebastián, tal vez el último líder de la Oficina de Envigado, la Comisión se reunió en mayo de 2013 en una casa del centro histórico de Cartagena, según informó una fuente criminal. En esta reunión fue creado un grupo de cinco “facilitadores” para acercarse a las cinco facciones de la Oficina de Envigado y los Urabeños, que estaban fortaleciendo su control en las afueras de la ciudad. El objetivo: negociar una tregua antes de la Feria de las Flores, en agosto de este año, cuando la ciudad se abre al turismo internacional.

Los facilitadores fueron muy exitosos al concertar reuniones por medio de la intermediación de miembros encarcelados de la Oficina y los Urabeños, tanto en Colombia como en Estados Unidos. El resultado, según fuentes policiales y criminales consultadas por InSight Crime, fue una cumbre criminal, celebrada el 13 de julio en una casa de lujo en San Jerónimo, un pintoresco pueblo a menos de una hora de Medellín.

Los anfitriones de la cumbre fueron los Urabeños, liderados por alias Don Daniel, quien es al parecer el responsable de las operaciones de ese grupo en Medellín. Junto a él había cuatro mandos medios de los Urabeños, encargados de algunos barrios de la ciudad. De parte de la Oficina de Envigado estaban presentes los representantes de las cinco facciones más poderosas del mundo criminal del Valle de Aburrá, entre ellos alias Tuto, Tom, Fredy Colas y Diego Chamizo. Dichas facciones representan, en su conjunto, unas 17 de las más poderosas oficinas de cobro y hasta 120 combos diferentes de Medellín.

Un pacto de no agresión se negoció en San Jerónimo, con una clara delimitación territorial dentro de la ciudad. Los Urabeños se comprometieron a detener su ofensiva y a facilitar las operaciones externas de narcotráfico de la Oficina de Envigado, haciendo uso de su control sobre las zonas rurales. A su vez, los miembros de la Oficina se comprometieron a dejar de pelear entre ellos e imponer disciplina a las pandillas callejeras en sus territorios.

La tregua tuvo un efecto inmediato. El 15 de julio, en el barrio Belén Rincón, los líderes de seis poderosos combos se reunieron a departir y tomar cerveza, mientras sus pandilleros jugaban al fútbol juntos. Esto se repitió en todo Medellín en julio, a medida que los combos acataron las reglas establecidas en la cumbre. Desde entonces, la tasa de homicidios en Medellín ha disminuido drásticamente.

No obstante, esta tregua está lejos de replicar el poder que alguna vez ejerció Don Berna. A la Comisión le encantaría poder encontrar a alguien capaz de forjar el tipo de relaciones que tenía Don Berna. Aunque los Urabeños han intentado crear alianzas con las élites burocráticas en las instituciones públicas, hasta ahora no han podido establecer una red comparable a la del extraditado capo de las autodefensas.

Sin embargo, si el acuerdo entre la Oficina de Envigado y los Urabeños se transforma en una verdadera alianza, su poder combinado podría ser capaz de infiltrar los rangos más altos de las élites burocráticas y volver a crear un sindicato criminal capaz de controlar gran parte del tráfico de cocaína en Colombia.

 

* La investigación presentada en esta publicación es, en parte, el resultado de un proyecto financiado por el International Development Research Centre de Canadá.