¿Qué pasó en la masacre de los niños en Caquetá?

El Espectador conoció un informe de la Unidad para la Atención y Reparación Integral a las Victimas en el que se detalla que el padre tres de los menores asesinados en Caquetá era un desplazado que desde 2012 estaba recibiendo ayudas humanitarias.

Los cuatro niños asesinados el pasado miércoles en la vereda El Cóndor, ubicada 45 minutos de Florencia (Caquetá), pertenecían a una familia de 13 desplazados que vivían en un mismo hogar. El padre de tres menores y abuelo de otro, Jairo Vanegas Lozada, está registrado como víctima del desplazamiento desde el 1 de agosto de 2013. Según un reporte de la directora de Unidad para la Atención y Reparación Integral a las Victimas del Huila y Caquetá, la masacre, al parecer, fue producto de una disputa de tierras que desde hace dos años han sostenido los Vanegas Grimaldo con otros habitantes del sector. Una pelea que pudo evitarse, ya que Jairo Vanegas había acudido ante la Fiscalía a denunciar las intimidaciones que venía sufriendo meses atrás .

Según relataron miembros de la familia, en anteriores oportunidades habían sido víctimas de distintos ataques. Le hacían tiros al aire y en dos ocasiones intentaron incendiarles la casa. Reciénteme habían firmado un acta de conciliación. Pero nada pudo detener a los dos hombres que ingresaron el pasado 4 de febrero a las 8:30 de la noche a la casa de los Vanegas Grimaldo, quienes al ver que no había ningún adulto en la vivienda reunieron a los menores de 17, 14, 10 y 4 años en una habitación. Los tiraron al piso y los ejecutaron con tiros de gracia. Así lo constató Medicina Legal.

Sólo un menor, de 13 años, logró escapar de los hechos. El pequeño luego de fingir su muerte y de caminar más de dos kilómetros llegó hasta la casa de unos familiares. Fue llevado al hospital donde está recluido y en constante observación. Las autoridades poco han hablado con infante, pero su testimonio ha sido uno de los pilares de la investigación. La alcaldía de Florencia ha realizado acompañamiento con el equipo de la Comisaria de Familia. Les ha dado alimentación y un hogar de paso a 10 miembros de la familia –Jairo, su esposa, cuatro de sus hijos (uno de ellos soldado profesional) y cuatro nietos–.

Según conoció El Espectador, la familia Vanegas Grimaldo recibió asistencia humanitaria desde 2012. Ese año, le entregaron $1.020.000. En 2013 la cifra subió $30.000 más y en 2014 bajó a $330.000. Su situación es precaria. Al parecer, lo único que tienen, es el maldito lote de más de 2.000 hectáreas en la vía Florencia-Suaza por el que, al parecer, fueron asesinados los menores. Las autoridades también han advertido que en el sector existe una banda criminal que maneja los cultivos de hoja coca y que tiene fuertes nexos con grupos al margen de la ley. Una hipótesis es que hombres de este grupo podrían estar detrás del atroz crimen.

Este sábado se realizará el sepelio de los cuatro menores. Un episodio que tiene conmocionado al país, que el pasado 4 de febrero en Tuluá fue testigo de otra barbarie: el asesinato de Juan David García, un niño de ocho años que murió degollado en Tuluá a manos de Estiven Aguirre Camargo, un joven de 18 años y supuesto amigo de la familia. Estos dos casos son el claro ejemplo de la preocupación del Comité de los Derechos del Niño de las Naciones Unidas, que el pasado 30 de enero entregó el último informe sobre Colombia.