La pelea por la herencia de Víctor Carranza

Dos de las cuatro hijas extramatrimoniales del extinto zar de las esmeraldas, advirtieron que la viuda y sus hijos han tratado de dejarlas por fuera de la repartición de bienes.

Sandra Victoria Rusinque e Iliana Catalina Carranza, hijas extramatrimoniales de Carranza. / David Campuzano

La agitada pelea que se ha desatado en la familia de Víctor Carranza por la herencia del extinto zar de las esmeraldas parece no alcanzar un punto de negociación. Iliana Catalina Carranza y Sandra Victoria Rusinque, dos de las cuatro hijas extramatrimoniales de Carranza, denunciaron que estaban siendo excluidas de la repartición de bienes por parte de los otros cinco hijos y de la viuda, María Blanca de Carranza.

¿Cómo era la relación con Víctor Carranza?

Iliana Catalina Carranza: Siempre fue muy prudente con el tema de los hijos. Públicamente nunca se le oyó nada al respecto de nosotros nueve. Fue una medida que tomó para protegernos. No era un papá presente todos los días porque su vida se lo impedía, pero económicamente siempre estuvo ahí.

Sandra Victoria Rusinque: Mi madre falleció cuando yo tenía 9 años y quedé a cargo de mi abuelita. En ese momento no vimos la necesidad de demandar a mi papá por temas de paternidad porque siempre estuvo pendiente de mis gastos.

¿Por qué no la reconoció como hija?

S.V.R.: Realmente no sé decirte cuál fue el motivo. Yo tenía 9 años y nunca pregunté por qué no me ponían el apellido.
¿Qué le decían sobre su padre?

I.C.C.: Mi mamá me transmitió un amor profundo por Víctor Carranza. Era mi Supermán y jamás oí una mala referencia de él. El amor que yo le tengo fue gracias a mi crianza. No me fijaba en lo bueno o lo malo; él era simplemente mi papá.

¿Ni siquiera se fijó en los señalamientos que hicieron exjefes paramilitares sobre sus supuestos nexos con esa organización ilegal?

I.C.C.: Siempre oí esos señalamientos, pero lo único que yo, como hija, vi de él, fue a una persona trabajadora, con sus tierras y sus minas. Respecto a los supuestos nexos, nunca tuvimos conocimiento y él siempre nos mantuvo al margen.

¿Qué impacto ha generado en la familia el problema entre las cuatro hijas extramatrimoniales y la señora María Blanca y sus cinco hijos por la herencia?

I.C.C.: Cuando mi papá estaba en la clínica, todos fuimos muy unidos. Después del velorio, el abogado de la contraparte, Jorge Alirio Roa, nos llamó para que empezáramos a pensar qué hacer con el tema (de la herencia), porque él decía que había que resolverlo lo más pronto posible. En mayo ya se iniciaron las conversaciones.

Antes de que se agravara la salud de su padre, ¿cómo era la relación con ellos?

I.C.C.: En mi caso fue muy laboral. Siempre lo tuve que ver mientras trabajé en la sociedad de mi padre. Respeto y cordialidad. Ni un te quiero ni un te amo.

S.V.R.: Yo sí tuve más contacto con Mery, la hija mayor de mi padre, y María Blanca. Charlábamos y algunas veces íbamos a la finca. Pero todo se acabó en mayo, cuando se pararon las conversaciones.

¿Qué les dijo su papá sobre la herencia antes de morir?

I.C.C.: Mi papá no quería conflictos por la herencia. Lo teníamos muy claro. Nos dijo que confiáramos e hiciéramos todo el trámite con el doctor Jorge Alirio Roa, que él sabía lo que nos tenía que dar. Sin embargo nos advirtió que no nos olvidáramos de que abogado es abogado y que no nos fuéramos a dejar robar. Que si algo pasaba buscáramos a monseñor Héctor Gutiérrez Pabón. Efectivamente lo buscamos, pero la otra parte envió una notificación en la que decían que desconocían las labores de intermediación de monseñor.

¿Cómo comenzó la pelea?

I.C.C.: Nuestro mayor desconcierto empezó cuando nos enteramos a principios de julio que habían radicado una demanda de sucesión a finales de abril de 2013, cuando nosotros estábamos sentados negociando.

S.V.R.: Pero yo creo que todo el problema empezó cuando ellos me empezaron a pedir la prueba de ADN.

Ustedes han encontrado 131 propiedades, pero la viuda de Carranza Blanca sólo presentó 25 ante un juez…

I.C.C.: Hemos encontrado bienes inmuebles fincas, casas, hoteles. Ahí no se incluyen las cabezas de ganado, esmeraldas, acciones ni dinero. A finales de abril, ante el juzgado, ellos nada más radicaron 25 propiedades, contra las 131 que encontramos.

Entonces, ¿qué pasa con el resto de cosas, qué ha dicho la otra parte de la familia?

I.C.C.: Para eso era la audiencia de inventario, para decir qué hemos encontrado.

¿Qué otros problemas han surgido?

I.C.C.: Encontramos un fidecomiso en el que hay unas transferencias de unas propiedades. Esos traspasos son objeto de investigación y serán las autoridades las que digan si hay alguna irregularidad, porque las escrituras de esas actuaciones fueron firmadas antes de la muerte de mi papá y su registro aparece con fechas posteriores.

¿Y las famosas gemas Fura y Tena?

I.C.C.: Fura y Tena, al igual que cualquier otra piedra, no están en el inventario. Estas dos piedras preciosas son muy conocidas porque fueron expuestas por mi papá y además son de colección, porque Fura y Tena tienen que estar en un museo del país, como era el deseo de mi papá.

¿Qué propiedades están en el inventario que ellos entregaron?

I.C.C.: La casa de la señora Blanca y otros dos apartamentos. También los parqueaderos de esos inmuebles. De esas 25 propiedades, nueve son las casas de ellos y los respectivos parqueaderos.

De llegarse a descubrir que alguno de los bienes de su padre fueron el producto de actividades ilegales, ¿qué pasaría?

I.C.C.: Yo no manejo términos jurídicos. Sobre estos temas les tocaría pronunciarse a los abogados.

¿De cuánto puede a llegar a ser la herencia de Víctor Carranza?

I.C.C.: No, eso todavía no está calculado.


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@santsmartinez

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