Perdón sin olvido

La Fiscalía y la Policía ofrecerán excusas públicas por haber señalado a Alberto Júbiz Hazbum, Héctor Manuel Cepeda y Norberto Hernández como autores del crimen de Luis Carlos Galán.

Luis Carlos Galán Sarmiento

Hace 25 años un grupo de hombres fue acusado falsamente de ser los responsables del asesinato de Luis Carlos Galán, quien murió a manos de una alianza entre paramilitares, narcotraficantes y agentes de Estado el 18 de agosto de 1989. Entre los señalados estaban el químico Alberto Júbiz Hazbum, Héctor Manuel Cepeda y Norberto Hernández. Estuvieron presos en los calabozos del edifico del DAS en Bogotá y en la cárcel La Picota, fueron tildados de sicarios y sus familias padecieron un infierno. Hazbum y Cepeda ya murieron. Hernández se exilió. El 27 de febrero de 2014 el Consejo de Estado condenó a la nación por privación injusta de la libertad y daño a buen nombre de estos tres personajes y obligó a la Policía y a la Fiscalía a pedir perdón.

Más de 25 Familiares y el propio Norberto Hernández estarán este viernes en el búnker de la Fiscalía en un acto solemne de excusas públicas liderado por el vicefiscal Jorge Fernando Perdomo y el comandante de la Policía, general Rodolfo Palomino. Un evento que tras 25 años de dolor buscará sanar las heridas que dejaron los errores judiciales, el amaño de las investigaciones y las mentiras que se tejieron para torpedear las pesquisas. Una historia en la que varios personajes de la vida pública, que hoy están siendo procesados como el general (r) Óscar Peláez Carmona y el general (r) Miguel Maza Márquez.

Todo comenzó ese fatídico 19 de agosto de 1989. El día que las balas segaron la vida de Galán. En medio del caos, la Dijín anunció las primeras capturas. La Policía advirtió que habían identificado plenamente a los autores materiales del crimen y ya los tenían tras las rejas. El DAS secundó todas estas actuaciones. Uno de los primeros en caer fue Cepeda. Esa noche, tras ver el noticiero de las 7 y escuchar la noticia, salió a realizar una llamada en una cabina telefónica. Marcó el número y al alzar la mirada estaba rodeado de decenas de policías. Lo capturaron y lo llevaron a los calabozos del DAS con el argumento de que un testigo los señalaba como el sicario de Galán.

Tres días después de que Cepeda estuviera en manos de las autoridades, la Dijín presentó con bombos y platillos la captura de cuatro personas en un mezzanine situado en la carrera cuarta con calle 19 en Bogotá. Presentaron a Júbiz Hazbum, a Pedro Telmo Zambrano, a Luis Alfredo González y Norberto Murillo Chalarca, como los perpetradores del homicidio. A Hazbum lo presentaron como el cerebro. En vano quedaron los esfuerzos del excongresista y exministro de obras Carlos Enrique Obando Velasco, quien declaró en febrero de 1990 que la noche de la muerte de Galán él se encontraba tomando whisky con Júbiz.

Obando Velasco terminó siendo una víctima más de las fuerzas oscuras que pretendían mantener en la impunidad el crimen de Galán. Después de dar su testimonio fue abordado por supuestos agentes que le dijeron que cambiara su versión porque estaba perjudicando a la institución. Se negó, pero a los días sufrió un atentado. Le dispararon cuatro veces, una bala le impactó en la cara. No lo mataron y terminó escribiendo un libro sobre este capítulo.

El último en ser arrestado fue Norberto Hernández, capturado el 13 de septiembre de 1989. Hernández era contador del hotel Cosmos de Bogotá y fue salpicado por un falso testigo que lo denunció supuestamente por orquestar un plan para asesinar a Hazbum. El misterioso colaborador de la justicia también afirmó que Hernández había sido el encargado de entregar $200 millones a los autores del crimen. Ni Júbiz ni Hernández se conocían. La primera vez que se vieron fue en la cárcel ya que compartían la misma celda.

Mientras la justicia, la Dijín y el DAS perseguían a estos inocentes, los verdaderos autores del crimen de Galán no fueron procesados, quedaron en libertad y luego fueron asesinados. Tres semanas después del asesinato, cuando la revista Cromos publicó una serie de fotografías, el esmeraldero Pablo Elías Delgadillo se acercó a la XIII Brigada del Ejército para advertir que había reconocido en una imagen a José Orlando Chávez Fajardo, un hombre uno de los sicarios de Rodrigo Gonzalo Gacha, alias el ‘Mejicano’. Delgadillo señaló que Chávez aparecía con un sombrero blanco y sosteniendo un pancarta al lado izquierdo de la tarima donde murió Galán. .

Desde ese momento fue identificado como el hombre de la pancarta. Fue capturado el 19 de septiembre y ese día, en una versión libre, admitió haber participado del magnicidio y prometió ratificar sus declaraciones bajo la gravedad de juramento. En esa oportunidad Chávez Fajardo indicó que Jaime Eduardo Rueda Rocha era el cerebro y autor material del homicidio. Que su participación se limitó a sostener una pancarta y a hacer dos disparos en el momento del atentado. Salpicó también al hermano medio de Rueda, Éver Rueda Silva, y a Pedro Páez, alias ‘Nájaro’.

En pocas palabras, reveló detalle a detalle como habían matado a Luis Carlos Galán. Sin embargo, una semana después de dar su primera versión, al estar parado frente a un juez negó todo y aseguró que su testimonio lo rindió bajo presión. Pero antes de retractarse, otro de los detenidos, su primo Enrique Chávez Vargas, había ratificado sus palabras. Días después, Éver Rueda rindió una declaración aceptando el complot y manifestó que un teniente del B2 de apellido Flórez los había ayudado. Las palabras de estos hombres parecieron no convencer a la justicia, que terminó respaldando la versión de que Hazbum y compañía eran los responsables.

Los primos Chávez quedaron en libertad. En marzo de 1990 José Chávez recibió ocho impactos de bala. Sobrevivió. Pero el 5 de agosto de ese mismo año, el hombre de la pancarta no corrió con la misma suerte y junto a su primo Enrique fue asesinado en el sur de Bogotá. Al mes del homicidio, Jaime Rueda Rocha, el sicario de Galán, logró escapar de la cárcel con una barba postiza, un traje y una cédula falsa. Al año y medio, el 23 de abril de 1992, murió en un combate con la Policía. Los verdaderos autores del magnicidio estaban siendo asesinados para callarlo. El único sobreviviente, Éver Rueda, escribió una carta que el dejó a su madre, a quien le recomendó que en caso de ser asesinado llevara la misiva a la Fiscalía.

Sus predicciones se cumplieron y dos meses después de la muerte de su medio hermano, fue ejecutado en la cárcel La Picota a manos de un sargento (r) del Ejército que también estaba preso. En el año 99 la carta de Éver Rueda fue publicada por Semana y se constató que detrás del crimen de galán estaban los paramilitares y el narcotráfico. Asimismo, se conoció que el teniente Flórez, dos días antes del crimen, les dio carnés de la XIII Brigada y los obligó a portar sombreros blancos para identificarse.

En tres años silenciaron las voces que conocían la realidad de los hechos. Mientras tanto, Norberto Hernández tan sólo duró seis meses en prisión, pero la sombra de haber sido señalado injustamente por el homicidio lo persiguió de por vida, al punto de que lo llevó al exilio. Hazbum y Cepeda recobraron la liberta en marzo de 1993. Ambos sobrevivieron al atentado al DAS. Fueron tres años, seis meses y doce días los que duraron en prisión. Jubiz murió sin que le resarcieran el daño causado en 1998. Cepeda, por su parte, fue taxista, perdió un carro su carro en un accidente de tránsito y un paro cardíaco en septiembre de 2006 le quitó la vida. Ahora, sus familias esperan que con este acto se cierre una herida, que en la memoria de los colombianos continúa abierta por la impunidad que ronda el caso Galán.

 


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