Ponencia pide condenar al general (r) Maza Márquez por magnicidio de Luis Carlos Galán

En el documento presentado ante la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia se manifiesta que el exdirector del DAS ordenó el cambio del esquema de seguridad del precandidato presidencial.

En la noche del 18 de agosto de 1989 el precandidato presidencial por el Nuevo Liberalismo, Luis Carlos Galán Sarmiento llegó al municipio de Soacha (Cundinamarca) para dar uno de sus discursos de cierre de campaña. El dirigente político contaba en ese momento con el máximo favoritismo para ganar las elecciones y llegar a la Presidencia de la República.

Sin embargo, algo no cuadraba en la escena de llegada de Galán a la plaza central del pueblo. Pese a que días antes se había salvado de un atentado en su contra en Medellín el precandidato se movilizaba en el platón de la camioneta de cualquier parroquiano, exponiendo gravemente su vida e integridad personal.

Era un blanco fácil para cualquier francotirador, incluso si no contaba con mucha experiencia. El hombre más amenazado del país por los carteles de la droga bajó del vehículo y entre un río de admiradores fue empujado hasta llegar a una improvisada tarima donde daría su discurso. Galán llegó, subió los cinco escalones y cuando llegó fue recibido con una ráfaga de balas.

La multitud se dispersó rápidamente y la plaza quedó casi vacía en cuestión de segundos. Todo era confusión, la escena estaba acompañaba de pólvora –que estaba prohibida por las autoridades- y con disparos. Galán Sarmiento subió a su vehículo e inmediatamente trasladado hasta un centro médico del municipio donde minutos más tarde murió.

Inmediatamente los ojos sobre los determinadores de su asesinato se dirigieron a Pablo Escobar Gaviria, jefe del Cartel de Medellín. Sin embargo las propuestas de Galán sobre la extradición de nacionales por delitos relacionados con el tráfico de drogas y su posición en contra de los grupos armados ilegales le habían generado más de un enemigo.

Las dudas se expandieron poco tiempo después y las preguntas de sus familiares se las empezaba a hacer todo un país. ¿Por qué el hombre más amenazado del país había llegado tan desprotegido a Soacha? ¿Dónde estaba el nuevo jefe de escoltas? ¿Quién había dado la orden de cambiar a Víctor Cruz?

El teniente Torregrosa

En julio de 1989 el hasta ese momento desconocido teniente Jacobo Torregrosa llegó a asumir la seguridad del jefe del Nuevo Liberalismo. El agente de la Policía tenía una hoja de vida llena de anotaciones, memorandos, expulsiones e incluso una investigación interna en la misma Institución por hurto. Antecedentes que no generaron confianza a las personas más cercanas a Galán.

Torregrosa diseñó una estrategia para proteger la vida del candidato presidencial en la recta final de su campaña. Cambió a los escoltas, dio nuevas instrucciones sobre la forma en cómo debían cuidar los movimientos del dirigente político y la información que le debían dar periódicamente sobre amenazas, intentos de atentados, entre muchos otros.

El teniente acompañó a Galán hasta la plaza central de Soacha, sin embargo cuando el candidato se dirigía al lugar el oficial empezó a distanciarse. Tras el atentado el jefe de escoltas desapareció por completo y no fue visto hasta horas después en el hospital haciendo una extraña llamada cuyo interlocutor sigue siendo un misterio hasta la fecha.

El papel del general (r) Maza

Pocos años después del crimen de Galán Sarmiento la tesis sobre una participación del DAS en la planeación y ejecución del asesinato cobró fuerza. Se conocieron testimonios que señalaban que la orden de cambiar de manera inexplicable e injustificada a Víctor Cruz por el inexperto Torregrosa provenía del director del organismo de seguridad, general Miguel Alfredo Maza Márquez.

El oficial rechazó esos señalamientos, asegurando que el cambio del jefe de seguridad se dio por solicitud expresa de Gloria Pachón de Galán, esposa del dirigente liberal. Versión que la viuda del precandidato presidencial negó casi que de manera inmediata, asegurando que se trataba de una mentira puesto que el ingreso de Torregrosa les fue comunicada por Maza sin consultarles.

Tiempo después se conocieron unos señalamientos en los que se vinculaba al general Maza con la Autodefensas del Magdalena Medio comandadas por Henry Pérez. Para las autoridades existían evidencias sobre un plan orquestado entre los paramilitares y los jefes de los carteles de la droga para atentar contra la vida de Galán Sarmiento, a quien consideraban un obstáculo para conseguir sus objetivos.

Ya habían pasado los “falsos acusados” por este crimen, hecho que desvió la investigación por años. La nueva teoría de las autoridades se centraba en el papel del DAS, el Ejército y la Policía que se habrían orquestado con grupos armados ilegales y narcotraficantes para asesinar al político.

La ponencia

Para el magistrado ponente en el desarrollo del juicio contra el general (r) se allegaron suficientes elementos materiales de prueba para verificar que tuvo conocimiento y una clara participación en la ejecución del plan criminal en contra del precandidato presidencial. Debido a esto pidió que se emita fallo condenatorio por su responsabilidad en los delitos de coautoría en homicidio y concierto para delinquir.

En el documento que será estudiado en los próximos días por la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia se manifiesta que por orden directa del director del DAS se le disminuyó la protección a Galán con el único fin que el plan orquestado tuviera éxito. Fue así como los sicarios de Gonzalo Rodríguez Gacha, alias ‘El Mexicano’ pudieron llegar a Soacha fuertemente armados, ubicarse y esperar la orden.

Los hombres vestidos con sombreros y camisa blanca estaban cerca de la tarima que se había instalado para el acto político y cuando vieron a Galán subir a la misma le dispararon en repetidas oportunidades. Aprovechando el desorden provocado salieron del lugar sin que nadie los persiguiera. El plan había sido un éxito: Luis Carlos Galán había muerto.

En la ponencia se citan 10 testigos que aseguraron que el cambio de escoltas fue ordenado directamente por Maza quien pese a conocer los antecedentes de Torregrosa le dio esa inmensa responsabilidad. El debilitamiento del cuerpo de escoltas de Galán fue parte clave para que se pudiera atentar en su contra. 

Debido a esto se pide que se le sentencia a la máxima pena en este tipo de casos, es decir 30 años, sin ningún tipo de beneficio puesto que se trata de un crimen de lesa humanidad, como lo estableció la Fiscalía General en el año 2010.