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Proceso contra general (r) Rodolfo Palomino está vivo, advierte Corte Suprema

La Sala Penal revocó la preclusión que solicitó la Fiscalía para él y para los generales (r) Carlos Ramiro Mena y Édgar Sánchez Morales, tras indagar la denuncia que puso en su contra el coronel (r) Marco Pedroza por abuso de autoridad y constreñimiento ilegal. La corporación llamó la atención al ente investigativo por haber dejado tantas pistas sueltas o descontexualizadas.

General (r) Rodolfo Palomino, exdirector de la Policía Nacional.Archivo El Espectador

Se creía que la pelea entre el coronel (r) Marco Aurelio Pedroza y quienes eran sus superiores, los generales (r) Rodolfo Palomino, Carlos Ramiro Mena y Édgar Sánchez Morales, había llegado a su fin el 26 de febrero de 2019. Ese día, la Sala de Primera Instancia de la Corte Suprema de Justicia acogió los argumentos de la Fiscalía y precluyó la investigación contra los altos oficiales en retiro por constreñimiento ilegal y abuso de autoridad. Pero a esa aparente derrota para el coronel Pedroza acaba de llegarle una última bocanada de oxígeno. (La investigación contra el general Mena por presunto tráfico de influencias)

La Sala Penal de la Corte se pronunció en este caso, luego de que la Procuraduría y el propio Pedroza apelaran, y de esa forma la preclusión fue revocada. La corporación le indicó a la Fiscalía que su investigación fue insuficiente y que sus omisiones en ese campo deben enmendarse. Contra esa decisión ya no procede ningún otro recurso, la misma Sala advirtió, o sea que a la Fiscalía no le queda de otra que hacer caso: debe recoger sus pasos, corregir sus yerros investigativos y reiterar su solicitud de preclusión o, por el contrario, pedir una audiencia de imputación de cargos.

El caso que hoy pone de nuevo en una posición incómoda al exdirector de la Policía, general (r) Rodolfo Palomino; al general (r) Carlos Ramiro Mena, exdirector de la Dijín; y al exdirector de la Escuela de Cadetes, general (r) Édgar Sánchez Morales, tiene su punto de partida el 28 de septiembre de 2012. Según la denuncia del coronel (r) Pedroza, ese día, durante una junta de generales, Palomino -entonces subdirector (e) de la Policía- lo descalificó y la junta, como resultado, se abstuvo de llamarlo a curso para ascender a brigadier general.

Pedroza estaba molesto y no lo ocultó ni con el ministro de Defensa, que por esa época era Juan Carlos Pinzón. “Señor ministro, no estoy de acuerdo con esta selección, aquí hay es una rosca en este proceso, pongo ante los ojos de Dios y de usted mi hoja de vida y mi trayectoria institucional, solicito me reciba en su despacho” . Pedroza señalaba que no era justo que acabaran así con una carrera de 28 años, pero sus reclamos de nada sirvieron. Al contrario, el 10 de diciembre de ese mismo año, con el decreto 02543, el Gobierno lo llamó a calificar servicios. (El general Palomino no presionó al denunciante de la comunidad del anillo: Procuraduría)

Lo que pasó entre el 28 de septiembre y el 10 de diciembre de 2012 es lo trascendente en este caso. La Sala Penal de la Corte le dijo a la Fiscalía que su principal error fue evaluar hecho por hecho, como si hubieran ocurrido aisladamente, sin conexión; que un examen más  contextualizado de lo que le pasó al coronel (r) Pedroza, desde que reclamó por no haber sido llamado a ascenso, podía llevar a la Fiscalía a una conclusión distinta de esa a la que llegó desde 2018: que tal vez los generales (r) en cuestión no debían ser investigados por constreñimiento, pero sí por abuso de autoridad.

1. La reunión en el despacho de Palomino

El 3 de octubre de ese año, el coronel Pedroza estaba de vacaciones. Ese día, el general (r) Palomino lo llamó a su oficina para tratar un “asunto institucional”. Palomino le contó a la Fiscalía que ese encuentro fue de “camaradería”, , tranquilo, y la Fiscalía lo asumió así. La Corte le pregunta hoy al ente investigador por qué pasó por alto los relatos tanto del coronel (r) como de dos personas más que estuvieron allí: la hija del coronel (r) y su esposa, quienes describieron el encuentro lejos de ser amable. Incluso fue citado el hijo del coronel, para la fecha un cadete.

En la oficina de Palomino estaba el general (r) Carlos Mena, quien, a su vez, era el superior de la entonces subteniente Viviana Pedroza, hija del coronel Pedroza. Palomino, contaron los Pedroza, convocó sin informar que había convocado a toda la familia Pedroza o al director de la Dijín. Los hijos del coronel, resaltó la Corte, “ostentaban una condición especial de sujeción al mando policial”, pero ese factor tampoco lo tuvo en cuenta la Fiscalía. En general, se limitó a señalar que no hubo constreñimiento porque ninguno de ellos fue obligado a hacer nada que no quisiera.

Mientras Palomino aseguró que esa fue una reunión cordial, en entrevista y en declaración jurada, Viviana Pedroza le dijo a la Fiscalía que ni ella ni su hermano debieron ser llamados, pues nada tenían que ver con la pelea que estaba dando su padre: “La actitud del señor general  Palomino cuando nosotros llegamos fue una actitud brusca, fuerte, dando a entender: ‘Mire aquí está su familia’”. Contó que Palomino fue tan grosero que incluso llegó a gritar a su madre, Gloria Rocío Vargas, y que sintió que su carrera y la de su hermano estaban en riesgo.

La esposa del coronel dio una declaración similar. Dijo que el general (r) Palomino la regañó “como si fuera subalterna” y que su deber, como esposa, era convencer al coronel (r) Pedroza de desistir de sus reclamos, “mucho menos que vaya  a salir a los medios de comunicación. Gloria Rocío Vargas relató que vio a su hija asustada, que le sudaban la cara y las manos: “Yo veía el miedo, el pánico frente al general”, quien, a su vez, le dijo a la entonces subteniente: “Dígale a su papá que tiene que desistir de esto, no tiene por qué venir a hacer reclamaciones, que piense en sus hijos”. (Precluyen investigación contra el general (r) Palomino por el “cartel de vándalos”)

Al final, a la reunión llegó un psicólogo por orden del general (r) Palomino. La Sala de Primera Instancia puso en duda  su presencia allí, algo que la Sala Penal no comprendió, pues hasta el propio Palomino admitió haberlo convocado. Según él, para apoyar a Pedroza en su “situación emocional de no ascenso”. La Sala Penal reprochó que la de Primera Instancia no hubiera cuestionado la presencia de ese psicólogo en ese espacio, sobre todo al tener en cuenta lo que un psicólogo del Hospital Central de la Policía declaró: que en 15 años de servicio nunca lo habían requerido para ese propósito .

2. El hijo del coronel

Carlos Mario Pedroza, quien apenas era un estudiante de la Escuela de Cadetes para esa época, recibió también la orden de presentarse en el despacho de Palomino y sintió, dijo, pánico. “(La Sala de Primera Instancia) omitió valorar si esa situación rígida tenía que ver directamente con el reclamo que hizo su padre en la Junta de Generales de 28 de septiembre de 2012”, resaltó la Sala Penal. Carlos Mario Pedroza salió de la Escuela, un lugar de donde ningún estudiante puede salir entre semana, pensando que iban a tomar represalias en su contra.

Según su relato, luego de que su papá comenzara a reclamar por el tema de los ascensos, el director de la Escuela (el general (r) Édgar Sánchez Morales) lo llamó dos veces a su oficina, algo bastante inusual para sus respectivos rangos. “(Me dijo que) lo que hiciera mi papá iba a repercutir en la carrera de mi hermana y la mía”. La segunda vez que hablaron, Sánchez Morales le habría dicho que le iba a dar tres días de permiso -que están registrados- para que calmara los ánimos de su padre y “no hablara del tema con los medios, que no iba a favorecer a la institución y a la familia”. (El origen de los cargos a Rodolfo Palomino)

“La (Sala de) primera instancia ignoró ese acto realizado por los indiciados en la perspectiva del momento histórico en el cual sucedió”, reclamó la Sala Penal de la Corte Suprema. Para la reunión donde Palomino, el hijo del coronel (r) fue trasladado por un capitán en su carro personal, pero, cuando arribó, la reunión de “camaradería” ya había concluido. Llegó “paniqueado, asustado, sudado”. “Contrario a lo que predica el a quo (la primera instancia), sí es importante el sentimiento de quien sufrió las consecuencias de ese acto”, resaltó la Corte.

Apenas Carlos Mario Pedroza terminó sus estudios, fue trasladado al Amazonas. “Pedraza Vargas adujo que, a pesar de no haber recibido malos tratos, observó la diferencia en relación con sus compañeros de curso –hijos de oficiales– ante el alejado destino asignado, variable que tampoco fue investigada a fondo.

3. Los seguimientos

Esta es, probablemente, el episodio más delicado del proceso. Luego de su encontronazo en la junta de generales, el coronel (r) Pedraza denunció que por su casa andaban hombres que, al parecer, pertenecían a la Policía. La Fiscalía, por su parte, concluyó que no había bases para inferir que se hubiera orquestado un operativo de este tipo desde la Policía y que, aunque hubo “hechos anómalos”, no había más pruebas para relacionar las denuncias del coronel (r) con los supuestos seguimientos, ni había información de los uniformados que habrían rondado su hogar.

Para sorpresa de la Sala Penal de la Corte Suprema, la Sala de Primera Instancia de esa misma corporación “inadvirtió varias evidencias cercanas al momento en que el quejoso hizo el reclamo”. Para empezar, dos informes que el propio coronel (r) Pedroza radicó en diciembre de 2012 sobre seguimientos por su casa, realizados en octubre de ese año: “Miembros de la DIPOL y SIJIN se desplazaban en la motocicleta IRB 58 B y automóvil de placas BRQ 050, en misión de trabajo, merodeando lugares cercanos a su residencia”. (La caída del general Palomino)

De ello no solo dieron testimonio sus hijos y su esposa, sino también un patrullero de la propia Policía, quien, en entrevista, ratificó a la Fiscalía que el coronel (r) Pedroza  “llamó al cuadrante para comunicar que estaba siendo objeto de seguimiento, al parecer, por integrantes de la Policía Nacional”. El compañero de vigilancia de ese patrullero podía corroborar la versión, pero la Fiscalía ni siquiera recibió su testimonio. El patrullero contó también que había recibido varias alertas de William Agudelo, vigilante de seguridad de la casa del coronel (r).

Una vez, por ejemplo, Agudelo dio aviso de unas personas que estaban circulando dos cuadras a la redonda de la casa del oficial. “Cuando  los abordamos se identificaron como miembros de la Policía Nacional, yo radié al CDA (Central de Radio), el CDA confirmó que sí se trataba de miembros de la Policía, sin embargo los ocupantes del vehículo en ningún momento aportaron orden de trabajo”, relató el patrullero. En otra ocasión, el vigilante reportó una moto extraña parqueada frente a la casa del coronel (r). El conductor no se identificó, pero el patrullero pudo confirmar por su cuenta “que era miembro de la Sijín (de la Policía), de Antinarcóticos”.

Después el patrullero empezó a recibir llamadas amenazantes, las cuales reportó. “Le pareció extraño que tuvieran datos muy puntuales en relación con sus horarios de trabajo y desplazamientos realizados”, se lee en el documento de la Corte. El patrullero le contó la misma versión a la Procuraduría, “sin embargo, la Fiscalía no exploró línea de investigación tendiente a hallar con la identificación de dichos policiales”. La Sala Penal reprochó que “frente a las placas de los aludidos automotores, no se indagó a quiénes pertenecían”. Luego murió el vigilante William Agudelo. “Tampoco se sabe la real causa” de su fallecimiento, dijo la Sala Penal de la Corte. "Se pudo tratar de un 'crimen pasional'", dijo la Fiscalía, lo que indica que el caso no se ha investigado lo suficiente para llegar a esa o cualquier otra conclusión.

Por haber dejado todas estas pistas sueltas, en vez de tratar de entenderlas en el contexto de la pugna interna que vivía el coronel (r) Marco Pedroza, fue que la Sala Penal de la Corte Suprema tomó la decisión de revocar la preclusión que la Fiscalía solicitó para los generales (r) Rodolfo Palomino, Carlos Mena y Édgar Sánchez Morales. La Sala Penal señala que la Fiscalía tenía razón en no avanzar con respecto al cargo de constreñimiento ilegal, nadie fue obligado a nada. Pero en lo que tiene que ver el abuso de autoridad, los hechos podrían decir otra cosa.

 

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Redacción Judicial

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