Las pruebas contra 'El Papero'

Los testigos Jaime Mor Saab y Édgar Guillermo Vallejo contaron desde EE.UU. sus relaciones con Marco Antonio Gil.

Desde hace 23 años la justicia norteamericana sabía que Marco Antonio Gil Garzón, alias El Papero, tenía vínculos con el narcotráfico. Aunque sus empresas y bienes sólo fueron incluidos en la llamada Lista Clinton en marzo de 2007 al ser clasificado como socio del capo Fabio Ochoa Vasco, desde 1990 tenía pendientes cargos federales por tráfico de estupefacientes y una orden de arresto expedida por la Fiscalía del Distrito Este de Nueva York. Los hechos estaban relacionados con el envío de cocaína a Estados Unidos desde diciembre de 1988.

Este antecedente, sumado a los testimonios de dos antiguos socios de El Papero detenidos en cárceles federales, Jaime Dib Mor Saab y Édgar Guillermo Vallejo Guarín, fueron suficientes para que una fiscal de la Unidad de Extinción de Dominio desempolvara en tres meses un expediente del que nadie se había ocupado en décadas y dictara medida de aseguramiento en contra del llamado “jefe del cartel de Bogotá”. Una investigación que por su envergadura ha sido impulsada desde el principio por el fiscal y el vicefiscal, Eduardo Montealegre y Jorge Perdomo, respectivamente.

El Espectador conoció la decisión de la Fiscalía y las pruebas que hoy tienen enredado a Gil Garzón y bajo sospecha a quienes hicieron negocios con él durante años mientras posaba como un hábil negociante de papa o inversionista en multimillonarios proyectos de construcción. En 29 páginas la Fiscalía concluyó sin rodeos que Marco Antonio Gil Garzón traficó toneladas de cocaína desde Medellín hasta Houston a través de contenedores de químicos. Entre el arsenal de evidencias también se aportó un informe contable —basado en reportes de la DIAN—, en donde se constató el súbito incremento patrimonial de El Papero como consecuencia de sus actividades ilícitas.

Las delaciones de Jaime Mor

El 17 de diciembre de 2012, desde una cárcel de Nueva York donde purga una sentencia de 70 meses de prisión, el empresario Jaime Mor, de 57 años, relató que conoció a Marco Antonio Gil en 1976 en la Central de Abastos de Bogotá, cuando montó un negocio de granos y aceite, y Gil ya era un conocido comerciante de la papa. Según confesó, en 1993 El Papero le comentó de un negocio conocido como “La Gorda” para enviar cocaína a Estados Unidos a través de una ruta entre Medellín y Houston. La operación consistía en el envío de 999 kilos del alcaloide en tanques vacíos de la firma Dow Química. En EE.UU. su mercancía era recibida por Gloria Elena Muñoz Santoyo, quien fue detenida en 1997 y afrontó cargos por narcotráfico.

El condenado empresario Mor Saab agregó que El Papero tuvo vínculos comerciales con los narcotraficantes Juan Gabriel Usuga y Carlos Ramón Zapata —también sentenciados en EE.UU.— y que otro socio de Gil Garzón, apodado con el alias de El Tío, le quedó debiendo un dinero por el envío de cocaína. La deuda terminó saldada cuando éste le transfirió a El Papero una compañía de transporte municipal de Manizales llamada Serviturismo S.A. “que hoy en día pertenece a Marco Gil”.

El testigo añadió que en 2001 El Papero se interesó en macronegocios de construcción y conformó la Sociedad Gómez-Gil con el reconocido empresario Pedro Gómez Barrero. Mor fue designado subgerente de la sociedad, mientras que Gómez Barrero oficiaba como representante legal de la compañía en tres proyectos: la construcción del Unicentro de Villavicencio, cuatro torres de apartamentos en la carrera 7ª con calle 137 en Bogotá y el centro comercial Amazonas. En este último negocio “Marco Gil colocó el lote y Pedro Gómez la promoción, construcción y ventas, creándose la Constructora América”, resaltó Mor Saab.

El declarante aseguró que los socios fundadores de Constructora América fueron la firma extranjera Agrilaif, con un 50% de participación, Otilia Flowers con el 10%, Serviturismo S.A. y el propio Jaime Mor Saab, Liliana Gaviria de Mor, Elba Pulido y Henry Medina. Además, agregó que gracias a él “llegamos a Pedro Gómez” y que Marco Gil “tenía una tierra de la familia de Cementos Samper en la 7ª con 136 y ahí se hicieron unos 200 apartamentos (proyecto Iraka)”. Ayer en la W Radio, el empresario Gómez explicó que conoció a Gil cuando éste le ofreció unos terrenos en la capital del Meta, que su empresa lo investigó y que la respuesta fue siempre la misma: “En todas partes obtuvimos las mejores referencias”.

En todo caso, dijo, cuando Gil Garzón apareció incluido en la Lista Clinton de inmediato cortó cualquier relación con él. Sin embargo, el empresario Gómez Barrero no contó en su entrevista con la W Radio que en 2007 le compró a El Papero su participación en el negocio por un valor de $16 mil millones. Así se lo reveló Jaime Mor a la Fiscalía. No obstante, en su defensa, Pedro Gómez añadió que desde junio de 2007 los proyectos Iraka y Amazonas ya habían sido liquidados y que desde el 29 de noviembre de 2009 se desvinculó totalmente del proyecto del Unicentro en Villavicencio.

Sobre las relaciones entre El Papero y el narcotraficante Fabio Ochoa Vasco, la declaración de Mor Saab fue contundente. Sostuvo que Gil tenía una deuda con Ochoa Vasco y que se la pagó con una casa en Bosque Medina en Bogotá, una bodega en el barrio Toberín, unos lotes en Kennedy, varios predios en Suesca (Cundinamarca) y una finca en Carmen de Apicalá. Sin embargo, el narcotraficante Ochoa —también preso en Estados Unidos— le pidió que le cambiara esos inmuebles por propiedades ubicadas en el exclusivo barrio de El Poblado en Medellín. Esta ‘vuelta’ terminó haciéndola Jaime Mor, quien escrituró los bienes entregados a los testaferros de El Papero.

Por último, Mor contó cómo entre 1995 y 1996 El Papero le dio US$2 millones para colocarlos en el exterior. Él cumplió la tarea y legalizó el dinero a través de la firma Mirasol International, que se utilizaba como lavadero. A Gil le sobraba tanto el dinero del narcotráfico que no sabía cómo invertirlo. Por eso lo hizo en bancos de Estados Unidos o en sociedades de papel en Islas Vírgenes y Panamá. Hasta el lote comprado en Villavicencio para desarrollar el proyecto de Unicentro “se lo compró Marco Gil a Nebio Echeverry, un conocido paramilitar”. En su declaración Mor advirtió además que entre los testaferros de El Papero figura Henry Medina, “quien le maneja el negocio en Corabastos”.

Las confesiones de ‘Beto Gitano’

El otro testigo contra El Papero es Édgar Guillermo Vallejo Guarín, conocido como Beto Gitano. Desde una cárcel de Miami declaró el pasado 6 de marzo que conoció a Gil desde 1992 como integrante de la llamada Oficina de Bogotá. Vallejo sostuvo que la vinculación de Gil con el narcotráfico le constaba porque él mismo había sido el encargado de vender la cocaína en Estados Unidos y luego entregar el dinero en Colombia a Jaime Mor, a través de sus empresas Alfofique y Duratex. Beto Gitano dio más detalles sobre el negocio de “La Gorda”, que consistía en mandar unos contenedores con químicos de la empresa BASF llenos de cocaína.

Según añadió Vallejo Guarín, El Papero “fue jefe de Fabio Ochoa Vasco” y financió esta ruta entre Medellín y Houston con el 50% de capital. Lo demás lo aportaban Ochoa Vasco y Juan Gabriel Usuga. La ruta se mantuvo por cuatro años con envíos mensuales de casi dos toneladas de cocaína hasta el año 1997. La parte operativa del negocio estaba a cargo de Usuga, pero Gil era el que ponía la plata. Cuando se ‘coronaba’ un embarque, las utilidades las administraba Mor. Así se obtuvieron US$10 millones mensuales durante cuatro años. La mayor parte de este dinero quedó invertida en las empresas en las que Gil tenía participación. Según Beto Gitano, en sociedades como Serviturismo, Otilia Flowers, Flora Export, Constructora América e Iraka y ni más ni menos que “el centro comercial Santa Fe de Bogotá, en sociedad con Pedro Gómez Barrero”.

Asimismo, el narcotraficante aseguró que El Papero tiene hoy incontables propiedades, apartamentos, locales, bodegas, oficinas, hoteles o compraventas, todos a nombre de testaferros. También dijo que él mismo se reunió varias veces con Gil para hablar de narcotráfico y que también estuvo en esos encuentros Fabio Ochoa Vasco. Las conversaciones giraban en torno a sus socios de rutas aéreas y marítimas o sobre enlaces con los carteles de México. También de negocios con Juan Gabriel Usuga, alias El Pirata, y otros como Luis Carlos Molina y Carlos Alí Romero.

Las evidencias del incremento patrimonial de Gil también fueron consideradas por la Fiscalía. Se constató que si bien Gil para 1991 poseía un capital de $80 millones, para 2011 éste ya ascendía a $18.872 millones. Obviamente, el informe contable aclaró que los rubros más representativos no mostraban la realidad económica de El Papero. Lo que sí se evidenció es que existió un enriquecimiento ilícito progresivo, razón por la cual Gil Garzón fue asegurado por ese delito y por narcotráfico, lavado de activos y concierto para delinquir.

Una vez identificados los siete testaferros más importantes de El Papero —que próximamente serán capturados—, la Fiscalía busca clarificar los negocios en los que participó con reconocidos empresarios como Pedro Gómez, sus nexos con altos personajes de la sociedad capitalina y sus nexos con el general (r) de la Policía Flavio Buitrago y su esposa, Elba Pulido. El diario El Tiempo informó el pasado domingo que Pulido y Gil tuvieron relaciones comerciales. Son múltiples los frentes por aclarar. El Papero sostuvo en su indagatoria que jamás ha traficado, que empezó a trabajar desde los 12 años, que a los 16 ya oficiaba como contratista de obras, que desde 1972 se instaló en Corabastos y que así se ha ganado la vida. Por ahora la Fiscalía no compra esta versión.

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