A punto de perder su páncreas por supuesta golpiza policial

El joven habría sido golpeado por un agente del CAI de Galerías, tras ser detenido, por no portar identificación.

Muy cerca de perder parte del páncreas se encuentra Jorge Luis Velasco Franco, un joven de 23 años que permanece recluido en el Hospital Colombia de Colsánitas,  desde el pasado 4 de enero, luego de haber recibido una fuerte golpiza que, dice, le propinó un agente de Policía en el sector de Galerías, al nororiente de la capital.

Al ser trasladado al Centro de Atención Inmediata, CAI, que opera sobre esa zona, el patrullero Andrés Fabián Salgueiro la emprendió a golpes en su contra, relató. Según dice, uno de los impactos fue tan fuerte que sintió como si algunos de sus órganos se hubieran reventado.

Dos días antes de su ingreso a la Unidad de Cuidados Intensivos fue sorprendido por uniformados que patrullaban en Nicolás de Federmán, donde reside la víctima. El joven fue interceptado por los agentes, que le solicitaron identificación, con la que no contaba en ese momento, y ahí fue troya.

Indicó que ellos le informaron que, como no contaba con documentos, sería retenido y trasladado a la Unidad Permanente de Justicia, UPJ; él, consternado por la posibilidad de pasar la noche en el lugar, trató de emprender la huida a toda velocidad.

Los policías corrieron tras de sí, intentando alcanzarlo, pese a que uno de ellos resbaló por un momento, recuerda Velasco Franco. Fue ese mismo uniformado el que aparentemente sacó su arma y efectuó un primer disparo al aire que no logró compungir al joven, quien asegura que se detuvo únicamente porque sintió que la siguiente detonación  pasó muy cerca de su cuerpo.

Una vez neutralizado, el patrullero Salgueiro lo golpeó en numerosas oportunidades con la chacha de su revólver y hasta le apuntó a la cara con él, amenazándolo y diciéndole que acabaría con su vida, dice el joven.

“Me apuntaba con el arma y me decía ‘lo voy a matar chino hp’ y me daba patadas y puños”, agregó, indicando que los golpes que en ese momento le propinaba con el revólver, muy seguramente, tenían que ver con el hecho de que la carrera que le hizo emprender con su propósito de fuga, le generó una caída que le lesionó la radilla del policía. ‘Me pegaba patadas en el piso’, sostuvo.

Una vez en la patrulla, habría sido trasladado al CAI de Galerías, donde continuaron las agresiones e insultos; “me decía que yo era un chirrete”. Allí habría sufrido el golpe contundente que lo tiene hoy muy cerca de perder parte de su páncreas, órgano que, él mismo señala, es de vital importancia para la función digestiva del organismo.

“Ya en el CAI, el patrullero Andrés se entró con un bolillo y apagó la luz (…) Ahí me dijo párese, porque yo estaba sentado del dolor, recibiendo semejante golpiza. Me dijo que quién me había dicho que me sentara y cuando yo me paré, me pegó con el bolillo en el estómago y yo sentí como si me hubiera toteado”, indicó.

Luego de horas de camino en la patrulla y visitas a otras unidades policiales, como el CAI de San Luis, donde, dice, recibió otra golpiza de parte de patrulleros de la Policía; Jorge Luis Velasco terminó pasando la noche en la UPJ, en medio de un dolor insoportable en el abdomen.

Solo unas horas más logró soportar su padecimiento, pues el 4 de enero fue trasladado de urgencias a la Clínica Colombia, donde fue intervenido quirúrgicamente por parte del médico cirujano Germán Jiménez; el diagnóstico determinaba que el paciente era víctima de una pancreatitis post traumática, es decir, a consecuencia de un golpe contundente, como el que según él le propinaron en el CAI.

Esta conclusión coincide con el concepto del Instituto Nacional de Medicina Legal, que el 20 de enero determinó que el joven presentaba  un hematoma de al menos 5 centímetros en el páncreas, calamidad que incluso le generó dificultades para miccionar y hacer deposiciones; de ahí su incapacidad fuera superior a los 30 días.

Tres días después instauró la denuncia en contra del patrullero Andrés Salgueiro en la Fiscalía General de la Nación, que ya citó a audiencia de conciliación a las partes, con el fin de evitar la apertura de un eventual proceso penal en contra del agente.

Pero el precario estado de salud del muchacho no es la única preocupación de su madre, Gloria Franco, quien a lo largo de 11 años ha visto cómo la condición física de su hijo ha ido deteriorándose a consecuencia de su adicción a las drogas.

Desde que tenía 12 años adquirió la adicción a la marihuana y otro tipo de drogas que fue conociendo tras su ingreso a la barra los Comandos Azules de Millonarios; años después, ya ni el fútbol ni su grupo de amigos ni familiares fue tan necesario para él como inhalar cocaína, fumar bazuco o tomar un ácido, un propósito que lo llevó varias veces a la otrora Calle del Cartucho, la ele o el Bronx.

Varios fueron los planteles educativos que le cerraron las puertas, al sorprenderlo en posesión de narcóticos; numerosos han sido los tratamientos de desintoxicación y de rehabilitación al consumo en los que, por desgracia, ha fracasado, aún cuando su hija de un año, la madre de la menor y los abuelos siguen creyendo en que algún día será capaz de salir del limbo en el que se encuentra desde hace más de una década.

Luego de haber cursado su primer semestre de Trabajo Social en la Universidad de La Salle espera poder consolidar como proyecto de grado un programa de atención a drogadictos para personas que, como él, siguen atrapados por estas cadenas opresivas. Eso sí, no duda en afirmar, “en tantos años de consumo no me pasó nada en la calle, para que venga alguien del Estado y me dañe de esa manera”.
 

 

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