Quarzo Bal Harbour: historia de una gran estafa que sacude a la élite bogotana

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Esta semana fue detenido con fines de extradición en su exclusivo apartamento de Bogotá el anestesiólogo Carlos Mahecha Díaz. Herederos de un fundador de la Clínica del Country, él y su familia terminaron llamados a juicio civil en EE. UU. por un descalabro de US$40 millones a raíz del proyecto hotelero Quarzo Bal Harbour.

En el exclusivo barrio El Chicó, situado en el norte de Bogotá, no es común ver un aparatoso operativo policial buscando a un posible delincuente. Esa, sin embargo, fue la escena que rompió la cotidianidad de los habitantes de Foret, un edificio que se culminó hace poco y que tiene uno de los metros cuadrados más caros de la ciudad: $18 millones. Allí llegaron policías adscritos a la Interpol el pasado martes 16 de febrero para detener a Carlos Mahecha Díaz, un médico anestesiólogo que está casado con la hija de uno de los fundadores de la Clínica del Country. Ese día, Mahecha salió esposado de su casa rumbo a los calabozos de la Sijín, detenido con fines de extradición hacia Estados Unidos.

Hacia septiembre del año pasado, agentes federales de la agencia ICE -que forma parte del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos- contactaron a la Policía colombiana para explicarle por qué Mahecha les interesaba tanto. Tal como reveló El Espectador en junio del año pasado, tanto él como su esposa y sus dos hijos, Felipe y Camilo Mahecha Casas, fueron llamados a juicio civil en un proceso que se sigue en la Corte de Quiebras del Distrito Sur de Florida, que tiene que ver con los más de US$40 millones que recaudaron de unos 160 inversores, casi todos colombianos, entre 2008 y 2016. A pesar de que, desde 2007, era evidente que su proyecto, el hotel boutique Quarzo Bal Harbour, era financieramente inviable.

Mahecha y su socio Juan Arcila compraron unos edificios en una zona exclusiva de Miami y prometieron a sus inversores rentabilidades anuales de hasta el 18 %. “Carlos era un embaucador”, le dijeron a este diario varias personas que le entregaron su dinero y que hoy andan con las manos vacías. Una mujer le contó a El Espectador: “Yo le dije que estaba invirtiendo la plata de todos mis ahorros y que ahí estaba el futuro de mi familia. Él lo que nos dijo es que si pasaba cualquier cosa, nos respondía de su propio bolsillo”. Esa misma frase se la dijo a más de uno. Así cayeron varios en el negocio que luego se vendría a pique.

Cuando Juan Arcila aceptó cargos el año pasado, quedó en evidencia que Quarzo Bal Harbour resultó siendo una especie de esquema piramidal: el dinero, dicen documentos de la Corte, se habría usado para pagar a los primeros inversionistas del hotel o a gente que creyó en proyectos anteriores de Mahecha y Arcila, para mantener el apartamento de los Mahecha Casas en Florida, para costear sus carros de alta gama y hasta para fantasear con la compra de un yate. Cuando Quarzo Bal Harbour entró en bancarrota, la mayoría de estas incómodas acusaciones salieron a flote por cuenta del proceso de bancarrota.

El agente liquidador, de nombre Drew Dillworth, aconsejó a la Corte de Quiebras llevar a los Mahecha a juicio civil por fraude. La Corte lo admitió, trató de notificarlos y esa tarea, insignificante en apariencia, pero fundamental para que el caso avanzara, se volvió toda una odisea. El expediente se envió por canales diplomáticos a Colombia en abril del año pasado, pero para septiembre no había avances, tal como se enteró entonces en una breve audiencia el juez del caso, Scott Grossman. Se habló de que el sistema judicial colombiano se había ralentizado por cuenta de la pandemia de COVID-19 y que, apenas el 28 de agosto, se había asignado juzgado para informarles oficialmente a los Mahecha Casas del proceso en su contra.

La demora hizo que agentes federales contactaran a la Policía colombiana para dar con el paradero. El Espectador habló con un oficial que participó de la operación y relató que el contacto con los estadounidenses se dio a finales del año pasado, y contó con un grupo especializado “en búsqueda de prófugos” y que sus agentes encubiertos llegaron a disfrazarse de aseadores de parques. Fue así como descubrieron que Mahecha casi no salía de su apartamento y, cuando lo hacía, lo escoltaba un esquema de tres camionetas y dos motos. “Por su perfil, teníamos que evitar cualquier maniobra que pudiera alejarlo, que pudiera irse a otro país o que pudiera esconderse”, relató el oficial.

Cuando la Policía llegó por él su esquema de seguridad trató de sabotear la captura. La Interpol contó, además, con la ayuda de los enemigos que Mahecha se granjeó con su presunta estafa: inversores estafados. Algunos han indagado por su cuenta, otros han contratado a abogados e investigadores privados. Mahecha y su familia terminaron con muchos ojos encima. Una de esas personas le contó a este diario que su temor es que la esposa y los hijos del doctor Mahecha se vayan a otro país y se pierda su rastro. Para ellos, que la circular roja solo se hubiera expedido contra Mahecha es indicio de que este coopera con EE. UU. para salvarle la patria a su familia. (El dinero que perdió el exsenador Luis C. Avellaneda en Quarzo Bal Harbour)

Esa misma impresión se la llevaron los policías adscritos a Interpol. “Cuando (Mahecha) fue capturado, habló con un familiar al que le explicó (que su captura) era por lo de Estados Unidos. Esa persona le dice: ‘¿Pero eso ya no estaba cuadrado?’. Al parecer, ellos pensaron que habían cerrado algún tipo de negociación allá para evitar estos problemas judiciales. Inferimos que está colaborando, pero no hay certeza”. “Es que no me alcanzo a imaginar que los muchachos sepan que su papá está preso y no hagan nada, a menos que él haya negociado para que no les hagan nada. Ellos son muy unidos”, le dijo a este diario una mujer que fue amiga de ellos por más de tres décadas.

Ella y su esposo conocieron a Carlos Mahecha y Anastasia Casas cuando Mahecha fue a hacer un año de residencia en la Universidad de Minnesota. Él era un anestesiólogo en formación, su esposa una diseñadora de interiores alma de artista y su hijo mayor, Felipe, un bebé de rizos negros. Camilo, el menor, nació por esa época, hacia 1986. Excompañeros de este último del colegio Anglo Colombiano lo describen hoy como un “bully”, pero ella guarda en su memoria a dos niños “preciosos” y muy cercanos a sus padres. “Fuimos muy, muy amigos, al punto que acudimos a la Corte de Quiebras a pedir que el caso no entrara en bancarrota. Fuimos sin saber realmente qué estaba pasando”, recapitula.

Su percepción empezó a cambiar el día que su esposo, un consultor empresarial, la llamó y le dijo: “No te imaginas en lo que Carlos está metido”. Ella, dice, estaba en negación. Aún en negación fue a un encuentro con el agente liquidador Drew Dillworth y el litigante que lo ha apoyado, Paul Battista. “Él es mi amigo”, les dijo. Battista, a quien describe como un abogado “muy nítido y organizado”, trataba de explicarle por qué su “amigo” les había fallado. “Ahí nos dimos cuenta que el problema no era solo mala administración, como creímos tanto tiempo. Hubo mala fe”. Ella, además, dice algo que otros inversores de Bal Harbour repiten: que Carlos Mahecha se cree una víctima. (Juan Arcila pagará US$14 millones a inversores del fracasado proyecto Bal Harbour)

“Él se victimiza siempre. Llora, se desespera, menciona a Dios”, dice su antigua amiga, quien además recuerda que Mahecha solía culpar a su socio Arcila del despelote. “Niega cualquier responsabilidad, cree que nada de lo que pasa es por culpa suya”, agrega un hombre que les entregó a Mahecha y a Arcila el dinero que iba a usar para la educación de sus hijos y que alcanzó a recuperar una parte solo porque la justicia estadounidense intervino. Otros inversores hasta acusan a Mahecha de sociópata, un ser que no distingue el bien del mal y que ignora los sentimientos de quienes interactúan con él. “Era un gran vendedor, mostraba siempre que todo estaba en orden. Pero nada lo estaba”, señala alguien más.

Su esposa, Anastasia Casas, se encargaba de redecorar y remodelar su penthouse familiar anualmente, detalle que se convirtió en un gesto desafiante para los vecinos que pusieron su dinero en Quarzo Bal Harbour y lo perdieron. Era “la opulencia absoluta siempre con ganas de mostrar. Es que cambiaban toda la casa, era absurdo”, cuenta uno de esos vecinos. Aunque en este proceso la última palabra no está dicha aún, es claro que la vida de los Mahecha Casas ya cambió para siempre. Los hermanos de Anastasia Casas no quieren saber de ella; Camilo y Felipe Mahecha Casas cerraron sus redes sociales. Y este caso apenas está comenzando.

Dinero para reparar

La magnitud del fraude que habría desplegado la familia Mahecha Casas se ha tasado en una cifra cercana a los US$40 millones (unos $141 mil millones hoy). Aunque ellos cuatro no son los únicos llamados a responder por esa deuda, pues su socio, Juan Guillermo Arcila, también debe hacerlo (ya fue condenado y debe pagar US $14 millones), lo cierto es que hasta ahora no se ha visto un peso de parte de los Mahecha Casas. Dos de los colombianos que perdieron prácticamente todos sus ahorros al entregárselos a esta familia, y que no quieren revelar sus nombres para proteger la investigación en Estados Unidos, señalaron que esa falta de pagos es incomprensible.

Ambos inversionistas hacen referencia al hecho de que esta prestante familia bogotana todavía tienen bajo su dominio millonarios bienes y negocios que, asegura, servirían perfectamente para pagar el dinero que robaron. O al menos una buena parte. Así lo evidencian los bienes que tiene a su nombre la pareja Mahecha Casas. Hasta marzo del año pasado, ambos tenían cuatro parqueaderos en un exclusivo edificio del norte de Bogotá, más una oficina en ese mismo lugar de más de 193 metros cuadrados. En total, cada uno de esos bienes les costó $677 millones. En esa extensa oficina Carlos Mahecha recibía a los potenciales inversionistas de Quarzo Bal Harbour. (Las preguntas que deja la inversión de cientos de miles de dólares del general (r) Montoya)

Asimismo, Casas tenía hasta hace un año un importante terreno de 300 hectáreas en el municipio de Piedras (Tolima), más conocida como la hacienda La Carolina. Gran parte del terreno lo adquirió en 1983 por apenas $3 millones y, con los tres lotes que le añadió en 2012, hoy el valor de todos los predios puede llegar a los $500 millones, sin contar las remodelaciones que ha hecho (como la construcción de una casa de verano). En ese departamento también hizo negocios con arroz, tilapia y café. Si bien estos son los únicos bienes que aparecían registrados bajo sus nombres, desde por lo menos 1994 la pareja realizó todo tipo de inversiones en finca raíz que les representó ganancias millonarias.

Carlos Mahecha, por ejemplo, vendió y compró 21 inmuebles (avaluados desde $180 millones hasta $371 millones), en 1996 y en 2008. Entre los dos hicieron lo mismo con garajes y una oficina en Bogotá, de los cuales ganaron al menos $567 millones. Y, si bien no existe una matrícula inmobiliaria con su nombre, las autoridades sabían que la pareja estaba vendiendo dos apartamentos en un exclusivo sector de la ciudad, avaluados en aproximadamente $6.500 millones. Aparte de los bienes, en un rastreo de las sociedades y empresas de los miembros de la familia Mahecha Casas, El Espectador encontró más de seis registros en Colombia y Panamá que han movido miles de millones de pesos.

Hay por lo menos cuatro sociedades vigentes. Una de ellas fue bautizada en julio de 2006 con el nombre de Inversiones Carelmah S. A. (en ambos países). Según datos de la filial colombiana, la empresa está dedicada a actividades que tienen que ver con el mercado de valores, del sector inmobiliario y otros servicios financieros, y su gerente es Anastasia Casas. Portafolio asegura que la última facturación registrada por Carelmah estuvo entre los $2.000 y $5.000 millones -aunque no aclara fechas o periodicidad de esa facturación- y que apenas cuenta con dos empleados. En cuanto a la filial panameña, Casas también es parte de la junta directiva. (Quarzo Bal Harbour, ¿hotel de lujo en Miami que resultó pirámide de colombianos?)

En esta última hay documentación que relaciona al resto de la familia. Su esposo figura como el director y gerente general. Y su hijo mayor, Felipe Mahecha Casas, aparece como director. Otra de las empresas registradas en ese país (y no en Colombia) es Imac Investments Inc, una sociedad de carácter anónimo que nació en 2005 y en la que hoy figuran como directora y secretaria, Anastasia Casas; como director y presidente, Carlos Mahecha, y como otro director y tesorero, Felipe Mahecha. Como agente de Imac Investments, la oficina de Registro Público de Panamá registra que la familia Mahecha Casas eligió al abogado panameño Mario Fonseca López en 2018.

En cuanto a otras empresas registradas en Colombia a nombre de la familia Mahecha Casas, hay varias que se destacan por su alto índice de ingresos. La primera es Red Green S.A.S., que funcionó como una empresa de confección de prendas de vestir de hombre, hasta 2017, cuando entró en liquidación. De acuerdo con The Dun & Bradstreet (un portal dedicado al suministro de información comercial, riesgo y financiera de empresas), esta sociedad tuvo en dos altos puestos a Anastasia Casas y a su hijo Felipe Mahecha, y sus ventas les generaron unas ganancias de por lo menos US$1,3 millones, pues entre sus clientes figuraban grandes compañías de ropa en el país.

La segunda empresa de altos ingresos se llamó, hasta 2018, Mahecha y Casas SAS y sus actividades se limitaban a los negocios en el sector inmobiliario. Sin embargo, ese año los accionistas decidieron cambiar de nombre: ahora se llama Arrocera San Miguel, y su objetivo, además de seguir en el negocio de finca raíz, es la producción de productos agrícolas, en la cual la familia Casas ha estado involucrada desde hace años. Según Portafolio, sus ventas aumentaron exponencialmente en 2018, cuando era oficial que el proyecto Quarzo Bal Harbour estaba en bancarrota, y su última facturación fue de entre $10.000 y $20.000 millones (aunque tampoco aunque no aclara de cuándo es).

Por último está la mayor transacción que han hecho los Mahecha Casas en los últimos años: la venta de sus acciones en la sociedad que maneja las clínicas del Country y La Colina. Según la Resolución 005320 de 2019, de la Superintendencia de Salud, se concretó ese mismo año, cuando ya el proyecto hotelero en Miami estaba completamente enterrado. Los Mahecha Casas vendieron el 25 % de la sociedad a una subsidiaria de la empresa estadounidense UnitedHealth y, aunque el valor de ese negocio no se ha conocido oficialmente, dicen los entendidos que fue por varios millones de dólares. Los inversores de Quarzo Bal Harbour lo saben también y en ello tienen puesta su última esperanza.

*Con ayuda de David Escobar.

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