Fue condenado a 25 años por narcotráfico

“Que el emir lo perdone”: madre de Juan Pablo Iragorri

La familia de Juan Pablo Iragorri ruega por que el próximo 18 de diciembre él reciba un indulto en Catar y pueda regresar a casa.

En marzo de este año, amigos de Juan Pablo Iragorri hicieron un salto de paracaidismo masivo en Flandes (Cundinamarca) para pedir su libertad. / Mauricio Alvarado

Este 18 de diciembre, la suerte del paracaidista colombiano Juan Pablo Iragorri está en manos del emir de Catar, Tamim bin Hamad Al Thani. Esa fecha está declarada como el Día Nacional de Catar, en remembranza de su unificación hace 139 años, y es justo cuando el emir expide los indultos que considera adecuados. La familia de Iragorri, que ha estado alegando desde finales de 2011 que Juan Pablo fue detenido y enjuiciado de forma injusta, violando todo debido proceso, tiene sus esperanzas fijadas en este día particular. Aunque al fondo se oye todavía la voz del vicecanciller, Francisco Echeverry, quien hace meses advirtió que Iragorri no sería indultado. (Le puede interesar: “Pedimos una repatriación humanitaria”: hermano de Juan Pablo Iragorri).

“Para proceder a repatriar, los argumentos tiene que ser por una enfermedad casi terminal, en eso tenemos que estar claros. En el caso del señor Iragorri, nuestro equipo de asuntos consulares ha estado pendiente de brindar asistencia (...) tenemos un diálogo permanente con Catar, hasta el día de hoy el emir de Catar ha considerado que no amerita el indulto”, expresó el alto funcionario en febrero de este año. “Ahora bien, si la situación cambia, se lo haremos saber a la familia. Con él fueron capturadas otras cinco personas, su suerte no es individual. Él va unido al destino de los otros cinco colombianos que estaban en ese grupo”, añadió Echeverry. 

La pesadilla de esta familia comenzó el 30 de junio de 2011. Iragorri llevaba en ese momento unos seis años trabajando con el gobierno catarí como instructor de paracaidismo. La plata era buena y él hacía lo que más le gustaba. Pero ese día, hombres vestidos de civil que aseguraron ser de la Policía —es la versión de los Iragorri— lo detuvieron y, sin orden de arresto a la vista, se lo llevaron a una pequeña celda en la cual quedó totalmente aislado. Aseguran que después fue conducido ante un jefe antidrogas, quien quería que Iragorri le ayudara a capturar a unos narcotraficantes que, en colaboración con algunos colombianos, querían introducir un cargamento de drogas a Catar. (Ver video: Salto por la libertad de colombiano preso en Catar).

En todo el ajetreo de su arresto, Juan Pablo Iragorri ha señalado que fue obligado a firmar una confesión que estaba escrita en árabe, idioma que no maneja; que solicitó sin cesar un abogado o intérpretes en las audiencias, petición que terminó siendo concedida de manera mediocre, y que los policías que lo capturaron lo intimidaban constantemente. El reino de Catar, por su parte, ha respondido siempre que a Iragorri le dieron buenos tratos y que respetaron su proceso; que él, simplemente, se involucró con un grupo narcotraficante y que por eso terminó sentenciado a 25 años de prisión.

Los Iragorri ya no saben qué más hacer, a dónde acudir o qué puerta tocar para que Juan Pablo Iragorri vuelva al país. La sentencia, alega esta familia, se obtuvo gracias a una confesión de Iragorri hecha bajo coerción y tortura. Al principio, una vez se enteraron dónde y en qué condiciones estaba —pues fue capturado en junio de 2011, pero ellos sólo lo supieron tres meses más tarde—, recurrieron hasta al sistema de Naciones Unidas para que conocieran su caso. En febrero de 2014, los esfuerzos dieron un primer resultado: la Oficina del Alto Comisionado de Derechos Humanos envió una comunicación directamente al emir.

El documento de 12 páginas iba firmado por Mads Andenas, relator jefe del Grupo de Trabajo de Detenciones Arbitrarias; Gabriela Knaul, relatora de la independencia de jueces y abogados; François Crépeau, relator de los derechos humanos de los migrantes, y Juan E. Méndez, entonces relator de tortura y otros tratos crueles, inhumanos o degradantes, quien terminó comprometido con Colombia de una manera mucho más profunda este año como miembro del Comité de Escogencia que seleccionó a los integrantes de la JEP, la Comisión de la Verdad y la directora de la Unidad de Búsqueda de Personas Desaparecidas. Era una carta, sobre todo, llena de interrogantes.

¿Por qué el señor Iragorri no tuvo acceso a un abogado durante los primeros tres meses de su arresto? ¿Por qué al señor Iragorri no le facilitaron un intérprete? ¿Se ha iniciado alguna investigación a raíz de sus quejas por maltratos en custodia? ¿Cuáles son las bases legales para su detención? Son las mismas preguntas que desde 2011 se hace la familia de Juan Pablo Iragorri. Mauricio, su hermano, asegura que a ellos no les han dicho que Catar haya negado el indulto a Juan Pablo, sino que tiene que cumplir su condena. Por eso su estrategia cambió y, en vez de enfocarse en las supuestas violaciones al debido proceso, se han concentrado en pedir que Iragorri sea repatriado por razones humanitarias.

Los Iragorri han estado especialmente enfocados en pedir clemencia al emir de Catar. Este 18 de diciembre sabrán si sus súplicas fueron escuchadas. “Estamos pidiéndole a Dios que al emir se le conmueva su corazón y que le dé el perdón a Juan Pablo”, le dijo la madre de Juan Pablo Iragorri, Magdalena Medina, en el programa Los Informantes emitido hace un par de semanas. (Lea: Al paracaidista Juan Pablo Iragorri le cortaron las alas en Catar hace 6 años).