Radiografía criminal de los 'paras' en Urabá

En el fallo emitido recientemente contra el excomandante paramilitar alias ‘H.H.’, la justicia realiza por primera vez un recuento de la violencia que azotó a esta región del país.

Hébert Veloza, alias ‘H.H.’, fue uno de los responsables de la barbarie en el Urabá antioqueño. / David Campuzano - Archivo El Espectador

El pasado miércoles, mientras en la Sala de Justicia y Paz del Tribunal Superior de Bogotá leían el fallo condenatorio contra el excomandante paramilitar Hébert Veloza García, alias , se recordaba la ola de terror que invadió al Urabá antioqueño desde la década de los 80. Esta sentencia se convierte en otro de los documentos históricos que han emitido tribunales de Justicia y Paz, que no sólo se han encargado de recoger los testimonios de los postulados, sino también de recordar el rastro de sangre que dejaron las autodefensas en el país.

En la condena de 558 páginas se recuerda cómo en 1978 el Epl, después de reactivar su poder militar, incursionó en el Urabá antioqueño para retomar el control de las zonas de desarrollo agrario, especialmente las bananeras. Esta situación, combinada con el auge del narcotráfico en la zona, provocó que distintos hacendados, ganaderos y empresarios crearan ejércitos privados, con la ayuda de la Brigada XVII, para defenderse de las extorsiones y amenazas de la guerrilla. Fue cuando empezaron a aflorar nombres como los de Fidel Castaño —hermano mayor de Vicente y Carlos— y Henry Pérez, uno de los padres del paramilitarismo.

El fallo señaló que los narcos y el clan Castaño fueron los que en primer lugar auspiciaron la creación de grupos de autodefensas —con la aparición del grupo delincuencial Mas (Muerte a Secuestradores) en 1982— y de igual forma fueron algunos de los actores principales en la persecución a grupos sindicales de la zona, como Sintagro, y a miembros de la Unión Patriótica. Uno de sus principales objetivos en Urabá era “desarticular y debilitar los movimientos que tenían una supuesta relación con la política de izquierda e influencia de las guerrillas de izquierda”, como lo dijo el propio H.H..

El primer reducto paramilitar del Urabá se creó en la hacienda Las Tangas, propiedad del clan Castaño. Todo sucedió a finales de la década de los 80. Bajo el nombre de los Tangueros cometieron las primeras masacres en las fincas Honduras y La Negra, en el municipio de Turbo (Antioquia), en 1988. Uno de los aspectos que permitieron el crecimiento de los paramilitares en la región fue la desmovilización de los guerrilleros del Epl ante la Asamblea Nacional Constituyente en 1991. Sin embargo, disidentes de esta guerrilla y de las Farc comenzaron a asesinar a algunos desmovilizados, supuestamente por haberse aliado con la casa Castaño.

Mientras las Farc y reductos del Epl asesinaban a exguerrilleros y el clan Castaño utilizaba a estos últimos para realizar asesinatos selectivos, los desmovilizados fueron piezas claves para crear las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (ACCU) en 1995. Comenzaron a estructurarse y aparecieron grupos como los Escorpiones —donde H.H. inició su carrera criminal—, que posteriormente terminaron convirtiéndose en el bloque Bananero. Según la sentencia del Tribunal Superior de Bogotá, a mediados de 1996, cuando empezaron a constituirse las cooperativas de Seguridad, Convivir en el norte de Antioquia, los paramilitares crearon 15 de ellas para que les sirvieran de fachada y fueran una de sus fuentes de ingreso.

A través de las Convivir, empresarios bananeros —que pagaban un impuesto de tres centavos de dólar por caja exportada— y ganaderos entregaban recursos a las ACCU a cambio de protección. En 1996 Vicente Castaño creó el frente Turbo y su comandancia estuvo bajo el mando de H.H., quien posteriormente fue llamado a liderar el bloque Bananero y a controlar toda la zona del Urabá. Según confesó Veloza García ante Justicia y Paz, su bloque fue responsable de más de 1.500 delitos, y él tuvo directa participación u ordenó la ejecución de 347 crímenes.

Fueron más de 60 asesinatos los cometidos por el bloque Bananero, especialmente contra sindicalistas que eran señalados de supuestamente tener nexos con la guerrilla. Asimismo, una de las misiones que se gestaron desde el interior del Urabá fue el proyecto expansionista de los paramilitares. Por orden de Carlos Castaño, H.H. tenía que ingresar al Valle del Cauca. Fue entonces cuando hizo su aparición el bloque Calima. A pesar de que a mediados de 2004 el bloque Bananero decidió entregar sus armas —acto en el que participaron 448 hombres armados—, la disputa por el Urabá no termina. Hoy, narcotraficantes y bandas criminales se disputan el control de la zona, por su ubicación estratégica.

Esta sentencia se une a fallos como los emitidos contra Úber Banquez, alias Juancho Dique, y Edward Cobos Téllez, alias Diego Vecino, principales jefes del bloque Héroes de los Montes de María, en Córdoba, y el recientemente emitido por un Tribunal de Justicia y Paz en Medellín, en el cual se compulsaron copias para investigar al expresidente Álvaro Uribe por la expansión del paramilitarismo en Antioquia. Hasta el momento, después de ocho años de haber sido creada la Ley de Justicia y Paz, estas son las primeras versiones oficiales sobre el “infierno” que vivió Colombia por más de 20 años.

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@santsmartinez

 

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