Rastro de sangre del bloque Capital

Una sentencia de Justicia y Paz trae a la memoria el capítulo más impune del paramilitarismo: los crímenes y la violencia del bloque Capital en Bogotá.

De izquierda a derecha: Henry de Jesús López, alias “Mi Sangre”, detenido en Argentina; Daniel Rendón Herrera, alias Don Mario, hoy preso; Manuel Pirabán, alias Jorge Pirata, hoy libre; Miguel Arroyave, alias Arcángel, jefe del bloque Centauros. Créditos: EFE, Gabriel Aponte y Archivo El Espectador.

A partir de 1996, cuando surgieron las Autodefensas Unidas de Colombia, “un movimiento político-militar de carácter antisubversivo”, que integró 20 frentes de guerra en todo el país, la capital de la República fue un objetivo a corto plazo. El primer enviado de Carlos Castaño para establecer contactos con la Fuerza Pública y otros enlaces de poder fue José Húber Coca Ceballos, alias Camilo Coca. Desde ese momento el paramilitarismo hizo estragos en Bogotá sin que aún exista un documento oficial que sintetice esta cruenta historia.

El pasado jueves la Sala de Justicia y Paz del Tribunal Superior de Bogotá aportó una esclarecedora sentencia de 1.187 páginas que constituye un insumo importante para entender ese capítulo impune protagonizado por el llamado bloque Capital. El fallo resuelve la situación jurídica definitiva de un grupo de jefes paramilitares encabezado por Manuel Pirabán, alias Jorge Pirata, al tiempo que aporta una minuciosa radiografía de los tentáculos de esta organización criminal. Sin embargo, es apenas la base de una pesquisa inconclusa.

Hoy Jorge Pirata, en virtud de lo pactado en la Ley de Justicia y Paz, ya es un hombre libre. Lo mismo que la mayoría de los sentenciados. No obstante, el recorrido trazado en el documento conclusivo del Tribunal de Bogotá representa un soporte de otras investigaciones aún abiertas en las que se demuestra hasta dónde llegó el paramilitarismo en el centro del país y cómo en Bogotá dejó una secuencia de asesinatos selectivos y hechos de violencia que todavía no forman parte de una síntesis sobre el bloque Capital y su impacto en la guerra.

La sentencia de la Sala de Justicia y Paz del Tribunal Superior de Bogotá plantea que el suceso que inauguró la violencia paramilitar en el centro del país fue la masacre de Mapiripán (Meta) en julio de 1997, y que por la misma época se dieron los primeros acuerdos entre Vicente Castaño y el zar de las esmeraldas, Víctor Carranza, para incursionar con fuerza en los Llanos Orientales. En consecuencia, se articularon cuatro grupos al mando de Jorge Pirata, Baldomero Linares, alias Guillermo Torres, Héctor Buitrago y Eusser Rondón.

Con el tiempo, entró a coordinar acciones Humberto Victoria, alias Capitán Victoria, mientras en Bogotá comenzaron a operar José Efraín Pérez, alias Eduardo 400, y Jesús Emiro Pereira, alias Huevoepisca. Este último, en una versión libre ante Justicia y Paz, aseguró que quien los ayudó a llegar a Bogotá en 1998 fue el general Rito Alejo del Río, y que éste a su vez lo recomendó con el coronel Jorge Eliécer Plazas Acevedo. Este último exoficial hoy está procesado por el crimen del periodista Jaime Garzón, perpetrado en agosto de 1999.

En la misma época ocurrieron otros graves hechos atribuidos al paramilitarismo. El atentado a la concejal de la Unión Patriótica Aída Abella, en mayo de 1996; el crimen del defensor de derechos humanos Josué Giraldo en octubre del mismo año; el doble asesinato de los investigadores del Cinep, Mario Calderón y Elsa Alvarado en mayo de 1997, o el homicidio del abogado Eduardo Umaña Mendoza, en abril de 1998. En perspectiva, aunque no estaba formalizado el bloque Capital, sí existía el frente Capital con objetivos idénticos.

En los tiempos del frente Capital se registraron acciones impunes en sectores populares de Ciudad Bolívar, Kennedy, Usme, Soacha o Bosa, pero los hechos de violencia fueron aumentando y, por ejemplo, por esa época fueron asesinados en Bogotá el vicepresidente de la Central Unitaria de Trabajadores (CUD), Jorge Ortega García, y el gerente de la Federación Nacional de Cooperativas Agropecuarias, Julio Alfonso Poveda. Ambos crímenes asociados con la acción paramilitar. Eso demuestra su mano extendida hasta la capital colombiana.

Pero, definitivamente, la circunstancia que agravó el panorama está relacionada con dos sujetos que coincidieron en la cárcel entre 1999 y 2001: Miguel Arroyave, alias Arcángel, y Ángel Gaitán. El primero natural de Amalfi (Antioquia), el mismo pueblo donde nacieron los hermanos Fidel, Carlos y Vicente Castaño, lo mismo que los hermanos Fredy y Daniel Rendón Henao. El segundo, un hombre clave de Víctor Carranza. Hoy la Fiscalía busca aclarar múltiples crímenes en La Modelo de Bogotá, y esta alianza es clave para entenderlos.

Al tiempo que desde la cárcel se estructuraba un poderoso enlace del paramilitarismo, en las calles de Bogotá actuaba el excapitán del Ejército Jorge Ernesto Rojas Galindo. Este exsuboficial terminó después vinculado al atentado contra el presidente del Sindicato de Trabajadores al Servicio del Estado y líder de izquierda Wilson Borja, cometido en diciembre de 2000. Siete meses antes ocurrió el secuestro de la periodista Jineth Bedoya, hecho también asociado con las acciones del paramilitarismo desde la cárcel La Modelo en Bogotá.

Hacia 2001, cuando Miguel Arroyave salió de prisión, no sólo se hizo cargo del bloque Centauros que diseminó la violencia en los Llanos Orientales, sino que terminó de estructurarse el bloque Capital. La sentencia del Tribunal de Bogotá refiere que después de la captura de Jorge Ernesto Rojas en febrero de 2001, Arroyave tomó el mando y se le unió Henry de Jesús López, alias Mi Sangre, hoy preso en Buenos Aires (Argentina) y pendiente de su extradición a Estados Unidos. En sólo Ciudad Bolívar hubo cerca de 600 muertos.

El fallo judicial menciona las acciones del bloque Capital en el sector de Sanandresito de la 38. Antes de ser asesinado en septiembre de 2004, Miguel Arroyave admitió que se hizo para acabar con el fortín económico que las Farc tenían en la zona. Otros testimonios no recogidos en la sentencia señalan que también operaba una oficina en la calle 106 con 15, al mando de Orlando Benavides, alias Don Álvaro. Lo cierto es que fue una época de múltiples asesinatos selectivos en Bogotá, varios de ellos reconocidos por el paramilitarismo.

Por ejemplo, en mayo de 2001, el crimen del piloto Carlos Nicolás González, quien trabajó para Carlos Castaño, pero había decidido colaborar con la justicia. El asesinato del representante a la Cámara Jairo Hernando Rojas, cercano colaborador del exministro Álvaro Leyva, ocurrido en septiembre de 2001. O los homicidios de los representantes a la Cámara Octavio Sarmiento y Luis Alfredo Colmenares, perpetrados en la primera semana de octubre de 2001. Todas estas acciones encajan en el accionar del bloque Capital.

Aunque la sentencia del Tribunal de Bogotá no incluye estos casos, sí describe lo que fue esa época y de qué manera después los bloques Centauros y Capital se desdoblaron en nuevos frentes en la región circundante a Bogotá, hasta los departamentos de Meta, Casanare, Tolima y Cundinamarca. Entonces, a la dupla Miguel Arroyave-Manuel de Jesús Pirabán se sumó un tercer coloso de la guerra: Daniel Rendón Herrera, alias Don Mario, un hombre clave de Vicente Castaño. Los episodios de violencia desbordaron las fronteras.

El asesinato de Miguel Arroyave en septiembre de 2004 generó crisis, pero Jorge Pirata, Don Mario, Dairo Úsuga -hermano de Otoniel Úsuga, hoy jefe del clan del Golfo- y Oliverio Guerrero, alias Cuchillo, se repartieron el poder. En medio de esta transición llegó el proceso de paz entre el gobierno Uribe y las autodefensas, y entre septiembre de 2005 y abril de 2006 se desmovilizó el bloque Centauros, incluyendo el bloque Capital. Lo demás es historia reciente de disidencias o confesiones en la polémica Ley de Justicia y Paz.

Daniel Rendón desistió del proceso de paz, intentó crear las Autodefensas Gaitanistas y fue capturado en abril de 2009. Hoy está expulsado de Justicia y Paz. Henry de Jesús López, alias Mi Sangre, está detenido desde octubre de 2012 en Argentina. Alias Cuchillo fue abatido por la Policía en diciembre de 2010. Jorge Pirata está libre desde el pasado enero. Lo que queda por ahora es una sentencia para la historia que refiere cómo estos bloques de guerra, con apoyo de militares, políticos, ganaderos o narcotraficantes dejaron una secuela de violencia que no puede olvidarse.