Reconstruyendo el crimen de Antequera

La Fiscalía trata de clarificar los pormenores del asesinato del dirigente de la Unión Patriótica José Antequera, perpetrado el 3 de marzo de 1989.

Imagen de la diligencia de reconstrucción de la escena del crimen en el aeropuerto El Dorado. / Fiscalía

Luego de 26 años de ocurrido, la Fiscalía busca aclarar los pormenores del asesinato del dirigente de la Unión Patriótica José Antequera, perpetrado el 3 de marzo de 1989 en el aeropuerto El Dorado, en Bogotá.

Con este fin, agentes del CTI realizaron ayer en la terminal aérea una diligencia de reconstrucción de la escena del crimen que les permitirá a los investigadores comprender los entresijos de un homicidio que hace parte de la historia del exterminio de la UP y, en general, de la violencia contra la izquierda.

De hecho, otros dos magnicidios que enlutaron esos aciagos años de finales de los 80 e inicios de los 90 se encuentran, al igual que el de Antequera, estrechamente vinculados con las instalaciones del aeropuerto El Dorado.

Se trata de los homicidios del dirigente de la UP Bernardo Jaramillo Ossa, asesinado el 22 de marzo en la terminal adjunta del aeropuerto, mejor conocida como el Puente Aéreo, y del excomandante del M-19 Carlos Pizarro Leongómez, perpetrado en un vuelo que partió de El Dorado hacia Barranquilla.

La idea es que el asesinato de Antequera, por el que no ha habido hasta ahora ninguna condena, no quede impune, o que por lo menos se sepa a ciencia cierta qué sucedió, además de buscar los posibles vínculos entre estos tres asesinatos. Como, por ejemplo, la posible participación de agentes del Estado.

De hecho, el pasado 20 de octubre, tras declarar los homicidios de Jaramillo y Antequera como delitos de lesa humanidad, junto con otros 32 asesinatos vinculados al exterminio de la UP, el vicefiscal Jorge Fernando Perdomo dijo que estos asesinatos fueron “ataques cometidos por grupos paramilitares, en algunos casos en asociación con agentes del Estado”.

En palabras de Perdomo, fueron “ataques generalizados, sistemáticos, reiterados contra la población civil, ocurridos entre 1986 y 1996”.

Vale recordar, por ejemplo, que una semana antes del atentado contra Antequera (en el que, además, salió herido el hoy secretario general de Unasur, Ernesto Samper, y muerto uno de los sicarios), las autoridades habían alertado al dirigente de la UP sobre un posible atentado en Montería, bastión en esos años de la casa Castaño.

También que en esos días Bernardo Jaramillo Ossa partió hacia el exilio debido a amenazas de parte del paramilitarismo, las cuales se concretarían un año después. Mientras tanto, el Gobierno ultimaba detalles en el proceso con el M-19, gracias al cual Pizarro Leongómez entregó las armas y se reinsertó a la vida civil, sólo para terminar asesinado por un sicario de los Castaño. Una larga lista de sangrientas coincidencias.

En rueda de prensa, el director de la Unidad de Análisis y Contexto de la Fiscalía, José Ochoa, sostuvo que “hoy estamos dando comienzo a una de las primeras sesiones de una inspección, con ánimos de una reconstrucción en tercera dimensión de lo que sucedió, teniendo en cuenta todo el material que hay recogido hasta el momento”.

Entre los investigadores de la Fiscalía hay “expertos, técnicos, arquitectos, todos los técnicos especializados en investigación”, quienes se dedicarán a reconstruir la escena del crimen, sobre todo ante la posibilidad de que las antiguas instalaciones del aeropuerto El Dorado sean demolidas para dar paso a un nuevo aeródromo.

Ochoa sostuvo, además, que se realizarán pruebas “de balística, planimetría, antropometría y testimoniales” y que “este no será el primer trabajo; muy seguramente vamos a tener que complementar el trabajo investigativo de reconstrucción en varias ocasiones”.

Durante la rueda de prensa, Ochoa no se pronunció respecto a uno de los mayores reveses que ha tenido el expediente: la pérdida del arma con la que asesinaron a Antequera, que inexplicablemente fue destruida por alguna de las entidades que la tuvo en su poder.