"Yo imito, no ridiculizo a los personajes": Hugo Patiño

hace 1 hora

Relatos de violencia sexual en Chocó

El Espectador reproduce los desgarradores testimonios de nueve mujeres que fueron abusadas sexualmente por guerrilleros y paramilitares en ese departamento. Una realidad invisible que la justicia intenta indagar hoy.

Las organizaciones de mujeres han repetido hasta el cansancio que la violencia sexual ocurrida con ocasión del conflicto armado es un delito invisible en Colombia. También insistentemente, distintos sectores de la sociedad civil nacional e internacional, la Defensoría del Pueblo y la Corte Constitucional han señalado que el Chocó, mayormente poblado por comunidades negras e indígenas, ha sido históricamente excluido de la vida nacional. En ese contexto, la dirección de Justicia Transicional de la Fiscalía tan sólo recibe 0,1% de denuncias diarias por la comisión de delitos asociados a la violencia sexual en el departamento. Una cifra muy baja si se tiene en cuenta la prolongada y cruenta guerra que han librado las Farc, el Eln y el desaparecido bloque Élmer Cárdenas de las autodefensas en zonas rurales y urbanas de Chocó.

Reconociendo la existencia de ese subregistro, y los casos reportados en otras zonas del país, el Ministerio de Justicia se embarcó en la tarea de identificar por qué ese tipo de crímenes no figuran en el amplio espectro de expedientes que investigan los fiscales de Justicia y Paz (ver balcón). Tres fueron las razones que identificó la cartera de Yesid Reyes: un enorme temor respecto a las instituciones y a los victimarios, un desconocimiento generalizado de los derechos de las víctimas y una serie de afectaciones psicológicas que les impedían a las mujeres interponer las denuncias. A todo ello se suma la ya advertida reticencia de los postulados a reconocer los hechos, entre otras razones porque muchos de ellos continúan considerándolos prácticas tolerables e inherentes a las dinámicas de la guerra. De ahí que, desde todos los frentes, se haya tendido un velo sobre la violencia sexual.

Por eso, y en coordinación con la Fundación Círculo de Estudios, que ha analizado los impactos del conflicto en la vida de las mujeres, un equipo de funcionarios especializados viajó a Quibdó para fortalecer los procesos organizativos de las víctimas, ofrecerles atención psicológica y obtener sus testimonios para dar inicio a nuevas investigaciones. De las cruentas historias de las mujeres salta a la vista la predominante responsabilidad de las guerrillas en la comisión de delitos asociados a la violencia sexual. Una realidad que escapa a los resortes de Justicia y Paz, donde tan sólo se encuentran postulados 400 guerrilleros. Así, el juzgamiento de esos hechos, cometidos durante los últimos 30 años, dependerá de lo que acuerden las Farc y el Gobierno en La Habana (Cuba).

El panorama es oscuro, no sólo porque aún no se conocen las políticas que regirán ese nuevo modelo de justicia transicional, sino porque la guerrilla se ha negado a reconocer su responsabilidad en la comisión de ese tipo de delitos. En septiembre pasado, durante la instalación de la Subcomisión de Género en La Habana, Judith Salamanca, alias Victoria Sandino, declaró que “las Farc rechazan toda campaña difamatoria que pretenda vincular las acciones de la guerrilla a prácticas de violencia sexual. Denunciamos la manipulación que insiste en acusarnos de estas prácticas, cuando es un hecho reconocido que son las fuerzas del Estado quienes las aplican como política de desestabilización de la población”. Una versión que contradicen los desgarradores relatos de las víctimas —43 en total—, que hoy están en poder de la Fiscalía y que este diario presenta a continuación.

* Todos los nombres de las víctimas fueron cambiados con el fin de proteger su identidad. 

1- LUCÍA

líder comunitaria, 27 años

Yo he sido violada desde los 9 años. A esa edad, cuando mis papás se iban a trabajar, un vecino entraba a la casa, me tocaba las partes íntimas y me decía que lo tocara. También me obligaba a hacerle sexo oral y me amanzaba diciéndome que si contaba algo me ahogaba en el río Atrato. Eso lo hizo por mucho tiempo, hasta que mi familia salió desplazada. Luego, en 2002, cuando las Farc atacaron Vigía del Fuerte, los guerrilleros me metieron debajo de un puente, me violaron y me amenazaron de muerte. En esa ocasión quedé embarazada, pero por una infección urinaria perdí el bebé. Estuve ocultando el embarazo hasta el quinto mes, porque sentía mucho miedo y vergüenza: pensaba que no valía nada. Recuerdo que los guerrilleros violaban a las mujeres jóvenes, las obligaban a irse con ellos, a acostarse con los jefes y acompañarlos a sus fiestas. A las que se negaron las mataron. Aún recibo amenazas.

2 - NIDIA

Líder social, 45 años

Cuando tenía 18 años vivía en Riosucio, estaba casada y tenía siete meses de embarazo. Un día mi marido recuperó una madera que las Farc le habían quitado. Después de eso un jefe guerrillero, al que le decían el ‘Cholo’, me amenazó con un arma y me violó. Me dijo: “Esto es para que su marido aprenda a respetar a la guerrilla”. Tres días después perdí a mi bebé. Luego, en 1996, otro guerrillero me acosó porque no quería bailar con él en el parque del pueblo. Desde ese día me tocaba y me besaba a la fuerza; por eso me desplacé. En mi comunidad violaban a muchas mujeres, pero ninguna denunciaba porque el inspector de la vereda también era parte de la guerrilla. Los guerrilleros nos obligaban a bailar con ellos y nuestros maridos y nuestros papás se tenían que quedar callados.

3 - DIANA

Ama de casa, 27 años

No tuve idea de cómo era de malvada la guerrilla hasta que cumplí 17 años. Un día de 2004 estaba sola en mi casa haciendo aseo, como de costumbre. De un momento a otro llegaron unos guerrilleros a pedir agua. Mientras fui a sacarla de la cocina, ellos entraron a la casa, le pusieron seguro a las puertas y a las ventanas, y me empezaron a tocar. Me dijeron que si gritaba me mataban y que además sabían dónde trabajaba mi mamá. Me violaron entre dos y me pegaron. Yo era virgen, y a raíz de eso quedé un poco loca. La guerrilla cometía muchos abusos, tenía la costumbre de hacer y deshacer en el municipio de Negua, donde yo vivía. En ese entonces sólo quería estudiar y ayudar a los demás, como cualquier jovencita.

4- CECILIA

Ama de casa, 39 años

Hace diez años, en pleno Quibdó, la guerrilla acabó con mi familia. Un día de 2004 asesinó a dos de mis primos y se llevó a otro de ellos para convertirlo a la fuerza en guerrillero. Como una de mis primas les reclamó por los crímenes que habían cometido contra los hombres de la familia, ellos decidieron violarnos: a ella, a mí, a otra prima y a una amiga que estaba con nosotras en la casa. Después de todas esas cosas terribles salimos desplazadas. Al poco tiempo me di cuenta de que por culpa de la violación había quedado embarazada. Tuve tanta tristeza, tanto miedo y tanta vergüenza que tomé muchas cosas para hacerle daño al bebé; por eso se murió cuando apenas tenía un año. Los guerrilleros también forzaban a las mujeres a bailar con ellos hasta la hora que quisieran, incluso enfrente de sus esposos.

5 - MÓNICA

Líder comunitaria, 43 años

Una noche, en 2002, las Farc se tomaron el caserío donde yo vivía, a orillas del río Munguidó. En ese tiempo los comandantes eran ‘Rosero’ y ‘La Moña’. Era medianoche cuando entraron a mi casa y sacaron por la fuerza a mi esposo y a mis hijos. Yo les suplicaba que no me mataran. Entonces pusieron a mis hijos enfrente mío y les apuntaron con sus armas. Tres guerrilleros me violaron delante de los niños y después llevaron a mi marido donde yo estaba tirada y le dijeron: “Vea, ahora sí cómase el sobrado”. A mi esposo le tocó irse de la comunidad: yo quedé en embarazo y con gonorrea. Cuando tenía cinco meses de gestación la guerrilla me obligó a abortar de una manera inhumana. También amenazó con matar a mi hijo mayor, por lo que tuve que mandarlo para el Ejército.

6 - JULIA

Ama de casa, 35 años

Un día de 2004, mi marido y yo llegamos al pueblo después de una jornada dura de transportar pescado por el río Bevará. Él me dejó en la casa y nuevamente salió de viaje. Al día siguiente, un grupo de paramilitares llegó al caserío, aunque en un principio los confundí con soldados del Ejército. Luego hicieron una reunión en el pueblo y seleccionaron las casas a las que se iban a meter. Como yo estaba sola, escogieron la mía y durante varios días me violaron, me obligaron a cocinar y a lavarles la ropa, y a hacer todo lo que se les ocurrió. A otras mujeres también les hicieron lo mismo.
Cuando me dejaron de violar, fui donde una promotora de salud que me dio Domeboro, un polvo para el lavado uterino y para evitar cualquier infección. Aparte de todo, los paramilitares me amenazaron y me tuve que ir del caserío, donde tenía todo. Sentí mucho dolor, mucha rabia y mucha tristeza por lo que me hicieron. Sin embargo, nunca denuncié la violación, porque me daba desconfianza, ni conté con ningún tipo de acompañamiento psicosocial. Tampoco me presenté para que me inscribieran en el registro de víctimas.

7- SUSANA

Lavandera, 42 años

Cuando tenía 22 años vivía en una vereda del municipio de Beté. Un día, luego de enviar a mis hijos a la escuela, llegaron varios hombres de la guerrilla hasta mi casa. Se metieron y me pidieron algo de tomar. Luego, uno de ellos me golpeó, me tiró al suelo y me quitó la ropa. Los otros guerrilleros salieron de la casa y mientras ellos estaban afuera el que me pegó primero me violó. Después se quedó ahí, amenazándome con su arma. Yo tenía mucho miedo y al verlo armado no era capaz de pedirle que se fuera. Ese hecho me produjo infecciones, dolor vaginal y dolor en los ovarios. Tiempo después decidí dejar el pueblo. El guerrillero me dijo que si contaba algo me volvía a violar o me mataba a mí y a mis hijos; por eso no le había contado a nadie. Sentía mucha pena, mucha vergüenza, y eso me llevó a guardar silencio durante muchos años. Pero no fui la única. En toda la región la guerrilla violó a muchas mujeres y casi todas fueron desplazadas. Aparte de eso reclutaba niños y jóvenes. Fue un daño muy grande el que ellos le hicieron a la comunidad en esa época. Hace poco, en 2007, el frente 34 de las Farc quiso reclutar a mi hijo, de 8 años, y a mi hija, que en ese entonces tenía 14. Por esos hechos también me desplacé.

8 - SOFÍA

Vendedora, 55 años

Hasta el año pasado viví a la orilla del río Bevará. Trabajaba en la minería artesanal y vendía comida en el pueblo. Con eso respondía por mi familia. Una noche de abril, como a las 10, tocaron la puerta de la casa. Eran dos guerrilleros, que se presentaron como integrantes de las Farc. Me dijeron que me quitara la ropa, pero como no quise, me la arrancaron a la fuerza; primero me violó uno y después el otro. Fueron demasiado violentos conmigo. Tan duro me dieron, que tiempo después tuvieron que extraerme el útero. También tuve presión alta, sangrado vaginal, infecciones y una enfermedad de transmisión sexual. Como pensaba en eso a cada rato, lloraba siempre. La guerrilla también me amenazó para que no contara nada. Por eso me desplacé. Perdí mi estabilidad económica y ahora me toca vender cucas en la calle. A las mujeres del pueblo nos ha tocado sufrir mucho por lo que hacía la guerrilla en la zona. Nunca quise acudir a ninguna entidad del Gobierno ni volver a la vereda.

9 - MARTA Desempleada, 45 años

Mi esposo tuvo que desplazarse del Alto Baudó porque lo perseguían los paramilitares; se fue al exterior. Por eso me quedé sola en la finca, con mis hijos, y tuve que hacerme cargo de la casa. Muchas veces tenía que ir sola al monte a trabajar la tierra. Un día que me adentré en la selva, un guerrillero del Eln me dijo que si no me acostaba con él me mataba o me tenía que ir de la comunidad, y que mis hijos pagarían por eso. Él sacó un arma y me la puso en la cabeza. Como yo me defendí y me puse a pelear para que me soltara, me tiró al suelo, me pegó y me violó. Luego me amenazó diciendo que si contaba algo me volvía a violar. Por eso me quedé callada, pero también porque tenía miedo de que mi esposo me dejara si se enteraba de lo que había pasado. Como consecuencia de eso me dio una infección vaginal y del miedo que sentí me desplacé de la finca. He seguido recibiendo amenazas para que no hable, y uno de mis hijos también. Estoy segura que otras mujeres de la vereda también fueron violadas, aunque nosotras nunca hablábamos de eso por miedo.

La apuesta del Ministerio de Justicia

En asocio con la Fundación Círculo de Estudios y otras ONG, el Ministerio de Justicia trabaja en ocho departamentos del país para facilitar el acceso de las mujeres víctimas de violencia sexual a la oferta institucional del Estado. Según el viceministro de Política Criminal y Justicia Restaurativa, Miguel Samper Strouss, además de contribuir a la reparación de las víctimas y la conjuración de la impunidad, el programa busca recabar información para que la Fiscalía avance en la construcción de al menos un patrón de macrocriminalidad que “demuestre cómo se usó sistemáticamente la práctica de distintos delitos contra la libertad sexual de las mujeres con el fin de opacar su papel en ciertas sociedades y regiones de Colombia”.
 

 

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