Relatos de violencia sexual en las Farc

Este es uno de los delitos menos investigados por la justicia en Colombia. El Espectador tuvo acceso a un detallado reporte de la Fiscalía, que revela una radiografía atroz de la guerra en las filas de las Farc. Una razón más para acabar cuanto antes este conflicto.

La Fiscalía documentó que, entre 1998 y 2014, el Bloque Oriental de las Farc reclutó a 950 menores de edad. Los relatos de las exguerrilleras menores de edad están consignados en un reporte de 243 páginas. / Archivo

Luego de años de cruzar datos y expedientes, realizar centenares de entrevistas y estudiar la política de reclutamiento de menores en las Farc, la Dirección de Análisis y Contexto de la Fiscalía reconstruyó la más completa radiografía sobre un delito del que nadie habla: la violencia sexual de la guerrilla. Un informe de 243 páginas sobre el Bloque Oriental, que tiene presencia en Arauca, Boyacá, Casanare, Cundinamarca, Guanía, Guaviare, Meta, Vaupés, Vichada y Caquetá –es decir, la espina dorsal de la organización–, evidenció que, entre 1998 y 2014, las Farc reclutaron 950 menores de edad.

El reporte, elaborado el 24 de febrero de 2016, era uno de los insumos claves que la Fiscalía le haría llegar a la Justicia Especial para la Paz –la jurisdicción creada para juzgar a todos los actores del conflicto– en el marco del proceso de paz con las Farc. El Espectador conoció todo el documento que, además de mostrar la evolución de este bloque en su historia –que ha tenido como comandantes a Timochenko, el Mono Jojoy y Mauricio Jaramillo–, determinó los patrones de reclutamiento forzado en sus zonas de influencia, el oficio de los infantes en las filas y sus motivos de vinculación al grupo ilegal (algunos querían escapar de sus casas, conseguir dinero o estatus social o eran víctimas de violencia intrafamiliar).

De ese panorama dantesco, la Fiscalía se detuvo en las víctimas de violencia sexual dentro de la guerrilla. Uno de los fundadores de las Farc, Helí Mejía Mendoza, alias Martín Sombra, contó, por ejemplo: “En las Farc, hay una norma estatutaria en la cual no es permitido en las muchachas tener hijos, y a la que resulte embarazada le hacen el legrado. Ahí estaba Mauricio Jaramillo, el encargado del hospital general de las Farc. Ahí se hacen unos 100 a 200 legrados. A la compañera mía le hicieron uno cuando tenía 4 o 5 meses. (…) En todos los frentes, el comandante es responsable de la planificación de todas las mujeres a cargo; todos los frentes tienen su currículo médico y sus enfermeras, las encargadas de velar por la planificación”.

El informe de la Fiscalía también cita las órdenes que dio Efrén Arboleda, comandante del Frente 27. En un video afirma: “Es obligatoria la planificación para las compañeras. Las mujeres no vinieron a la guerrilla a ser madres de familia. Eso lo dicen la Séptima y la Octava conferencias. En caso de embarazo, es obligatorio el legrado. El camarada Jorge ha hecho consejos de guerra e incluso se murió una compañera por eso. Se lo sacaron (el bebé), no sé qué pasó, se infectó y luego murió. Entonces, ¿por qué no se informa al mando para que tome correctivos? El jefe de nosotros, el camarada Mauricio, es médico y ordenó hacer esos legrados. ¡Ah! ¿Que ella dice que lo quiere tener (el bebé) por encima de cualquier cosa? Póngale el cordel, amárrenla, háganle el consejo de guerra y solución. Ninguno de nosotros está por encima de las orientaciones de las Farc”.

Las confesiones de las menores, consignadas en el informe de la Fiscalía, son muy crudas. El reporte no cita los nombres de ellas, por protección y seguridad; tan solo la fecha de las entrevistas. Estos son los 12 relatos. Doce razones más para acabar cuanto antes con esta guerra.

1. “Fui víctima de abuso sexual”

Cuando estuve en la organización fui víctima de abuso y violencia sexual. Cuando llevaba tres o cuatro meses en la escuela de la guerrilla, una noche que me encontraba durmiendo, tipo medianoche, sentí que alguien me estaba tocando mis partes íntimas. Cuando abrí los ojos me di cuenta de que era Jair, más conocido como “Pipo”. Cuando se dio cuenta de que lo vi me tapó la boca y me dijo que si hacía bulla o gritaba, la “pagana” iba a ser mi familia y que me dejara hacer lo que él me iba hacer si no quería que mi familia apareciera muerta. Con eso me intimidó y me violó. (Entrevista de octubre de 2015).

2. “Quedé muy mal psicológicamente”
Un día me dieron la orden de que me fuera a una finca de la guerrilla que queda por los lados de Tomachipán, donde un médico colaborador de la guerrilla que hacía los legrados. Yo no estaba embarazada, pero me hicieron entrar a la consulta con ese médico. Sin exámenes me dijo que yo estaba embarazada, me ordenó que me recostara y me introdujo unas pastillas por la vagina y otras me las dio a tomar. En ese momento perdí el conocimiento. Cuando reaccioné ya estaba sola y los señores de la finca me dijeron que estaban muy preocupados porque yo estaba gritando mucho. Yo no recuerdo nada, pero en ese momento me di cuenta de que ese médico me había violado. Quedé muy mal psicológicamente. Me dejaron en esa finca sola, sin medicinas ni cuidados de nadie, sólo con los campesinos que vivían en ese lugar. (Entrevista de enero de 2016).

3. “Nos obligaban a tener relaciones sexuales”
Tenía como 16 años ya cumplidos. En esa unidad los comandantes nos obligaban a tener relaciones sexuales con ellos. No nos amarraban, pero sí hacían un trabajo psicológico muy fuerte, lo ponían a uno a trabajar a manera forzada hasta que uno accedía a estar con ellos por el acoso que le tenían a uno. Y más cuando eran muchachas bonitas. Yo sufrí mucho porque los comandantes que tuve se querían siempre acostar conmigo y me obligaban, lo exponían a uno a contraer enfermedades venéreas. Gracias a Dios no sufrí de eso, pero como enfermera sí veía muchachas con ese tipo de enfermedades. (Entrevista de enero 2016).

                                              Foto: “En las Farc hay una norma estatutaria en la cual no es permitidos en las muchachas tener hijos, y a la que resulte embarazada le hacen un legrado", Helí Mejía Mendoza, alias “Martín Sombra”.

“En las Farc hay una norma estatutaria en la cual no es permitidos en las muchachas tener hijos, y a la que resulte embarazada le hacen un legrado", Helí Mejía Mendoza, alias “Martín Sombra”.

4. “Allá ser virgen es un pecado”
En una ocasión un cucho, alias “Antonio Pescador”, me mandó a llamar. Yo estaba en guardia y esa noche me dijo que si no me acostaba con él me tenía que atener a las consecuencias. Yo le dije que era un viejo verde y que conocía el reglamento, que lo podía acusar. Esa noche me metió a una caleta, me tocó mis partes íntimas y yo le decía que no me tocara. Le pegué una patada y salí corriendo. No me alcanzó a desnudar. Ese acoso duró mucho tiempo. Me ponía a trabajar mucho y a hacer cosas duras y, al regresar, me decía que qué había pensado y yo le decía que nada, que no me iba a acostar con él (…) algunas mujeres guerrilleras se acuestan con esos tipos por acomodadas, para que no tengan que hacer nada. Allá ser virgen es un pecado, yo estaba chiquita y me molestaban mucho, me decían que iba a ser del otro equipo. Como a los 15 años me conseguí a un man de esos y me acosté con ellos, no por amor sino para que no me hicieran más “bullying”. Eso es casi una violación (Entrevista de septiembre de 2015).

5. “Amanecí amarrada de manos y pies”
En agosto del año 2000 me envían con un comandante, no recuerdo su alias, también con alias “Plinio”, alias “Yeimi” y uno que le decían “Alirio” al campamento la Sastrería, donde hacían los uniformes. Para llegar allá uno cogía por el río Uva vía al Guaviare. Nos envían para cuidarlo porque estaba solo. Esa noche los hombres se pusieron a tomar whisky robado y se fueron para donde nosotras: “Yeimi”, una compañera de 15 años, y yo. Cuando llegó alias “Plinio” todo borracho a manosiarme. Yo me defendí tratándolo con groserías y, entonces, para defenderme “Yeimi” le apuntó con el arma y éste (“Plinio”) la golpeó fuertemente con el brazo y la dejó tirada en la cama. A mí me botó con fuerza al piso, luego me arrastró. Yo le decía al mismo comandante y a los otros guerrilleros que me ayudaran, que no dejaran que me golpeara más. Alias “Navarro” se reía con todos. El comandante que usaba una boina se fue para donde “Yeimi”, ella estaba inconsciente, botada en la cama, y “Plinio” me llevó a rastras a un cuarto lleno de cantinas metálicas, armas y granadas. Cuando ingresé a la guerrilla era virgen y este sujeto, alias “Plinio”, me dice que tengo que estar con él o me mata. Entonces me dio puños en la cara y en todo el cuerpo y me lanzó al piso. Luego me quita el pantalón y me viola. Cuando terminó se paró tranquilo, insultándome, y como pude me vestí y salí corriendo a donde estaba “Yeimi”, y ella estaba llorando porque el guerrillero que le digo que usaba boina, no recuerdo su alias, también la había violado. Entonces yo le quité el arma y le hice un disparo (pero) no le pude hacer nada. Luego llegó el comandante y me golpearon tanto que no supe que más me hicieron porque al otro día amanecí amarrada de las manos y de los pies en el cambuche donde dormíamos. (Entrevista de diciembre de 2015).

6. “Sentía como si me estuvieran arrancando algo por dentro”
Cuando estaba planificando con el dispositivo me sentía enferma y la barriga me iba creciendo y me hacían las pruebas de embarazo y salían negativas. Me llevaron al médico a San Vicente del Caguán y me mandaron exámenes de sangre y resulté en embarazo. Me regresaron al campamento donde estaba el médico. Me dijo que estaba embarazada y que me iba a revisar para ver cómo estaba él bebé. Ya tenía como siete meses. Le pregunté que si era que me lo iban a sacar y me contestó que no. Me hicieron acostar en una camilla y me recogieron de las manos y los pies, me metieron una inyección en una pierna durmiéndome y ahí me hicieron el legrado. Entre dormida yo sentía como si me estuvieran arrancando algo por dentro. De ahí me sacaron para una cama y cuando desperté me levanté con mucho dolor y me puse a llorar porque me habían sacado él bebé. Me dijeron que yo no podía tener hijos ahí en la guerrilla. Me sancionaron por lo del bebé, me pusieron a cargar leña, a hacer trincheras. Quien me practicó el aborto fue alias “Mauricio”, el doctor que está allá en La Habana, junto con alias “Xiomara”, quien es enfermera. (Entrevista de octubre de 2015).

                                                   

Jaime Alberto Parra Rodríguez, alias el "Médico" o "Mauricio Jaramillo", fue un hombre clave durante las negociaciones entre las Farc y el Gobierno en La Habana. 

7. “Por temor aborté”
Estando en la zona de despeje tenía un compañero sentimental, alias “Nacho”. Como era mi compañero sentimental teníamos relaciones sexuales. Inicialmente a todas las mujeres nos tenían planificando con un dispositivo en el brazo, después nos ordenaron que comenzáramos a planificar con inyecciones. La misma guerrilla o las enfermeras nos entregaban la inyección o ellas mismas las aplicaban. Hubo un tiempo en el que no pudieron suministrarnos la inyección y quedé embarazada. Tenía un mes de embarazo, los comandantes se enteraron y me hicieron abortar. Yo accedí porque en la guerrilla una mujer no puede estar en embarazo porque lo mataban a uno o al compañero de uno. Por temor aborté. (Entrevista de diciembre de 2015).

8. “Me hicieron dos legrados”
Tenía cinco meses de embarazo. El “Mono Jojoy” mandó a formar a los enfermos, para que el enfermero nos valorara y así nos enviara al Hospital General; en ese momento el enfermero se da cuenta de mi embarazo y además que la tos no me dejaba en paz. El “Mono Jojoy” me envía al hospital para que me realizaran un legrado, el hospital se encontraba en la zona de despeje. Tenía instalaciones en madera y cemento, con equipos sofisticados y médicos que llegaban de Bogotá. Uno de ellos fue el que me realizó el legrado. Fue de noche y a mí me cogió la anestesia. En este campamento duré varios meses en recuperación. (…) Tiempo después quedé nuevamente en embarazo. Esto se debe a que las inyecciones de planificar llegan muchas veces vencidas. Tenía dos meses de embarazo y alias “Gentil Duarte” dio la orden para que me practicaran un segundo legrado. Uno no se puede negar a una orden del superior, porque le hacen consejo de guerra. Así uno quiera tener al bebé no puede. (Entrevista de enero de 2016).

9. “Se vienen a las buenas o a las malas”
Yo vivía con mi mamá, mi papá y mis hermanas. Al fallecer papá, mi mamá se fue a trabajar a Vichada en oficios varios. Nosotras quedamos al cuidado de mis tíos paternos. Mi mamá regresó por nosotras en junio de 1991, cuando llegamos al caserío empecé a trabajar en la panadería. Mi hermana tenía 15 años y ella llegó a trabajar en una residencia. Mi otra hermana también. Este pueblo era guerrillero, ellos eran la única autoridad. Un día por bromear con mi hermana le dijimos a un guerrillero, alias “Wilfredo”, que íbamos a ingresar, lo dijimos por molestar. Al otro día vino con el comandante, alias “Navarro”, y otros dos más que no recuerdo, iban vestidos de camuflado con botas de caucho, sin cachucha, armados con fusiles, en una camioneta cuatro puertas de platón. Era principios de diciembre, fue en horas de la mañana. Llegaron primero a donde mi hermana y le ordenaron que se subiera a la camioneta, que necesitaban hablar con ella, luego llegaron a la residencia donde pagábamos una pieza. Les dijimos que lo habíamos hecho por molestar y alias “Wilfredo” nos dijo que con eso no se molestaba, que teníamos que irnos con ellos y nos dijeron “se vienen con nosotros a las buenas o a las malas, con nosotros no bromean”. Nos apuntaron con armas y nos llevaron a un campamento. (Entrevista de diciembre de 2015).

10. “Lo único que me amarraba a la guerrilla era ‘Maicol’”
Ya tenía 14 años cumplidos. Por esos lados había milicianos de la guerrilla y llegaban a las tiendas. Mi mamá tenía una tienda y ahí conocí a alias “Maicol”. Empezamos como amigos, luego nos hicimos novios, pero nadie sabía, solo él y yo. Duramos así seis meses. Él tenía 23 años y era miliciano, nunca supe su nombre real, solo que le decían “Maicol” y que era del frente 56. Después mamá supo y me dio una trilla… Entonces él me dijo que para que mamá no me volviera a pegar me fuera con él, y como yo estaba tan enamorada, me fui en junio de 2002. Iba a cumplir un mes de estar allá cuando a “Maicol” lo mataron cuando estaba haciendo un secuestro de unos ingenieros por los lados de Corinto (…) Yo me desmovilicé porque allá ya no estaba con mi pareja. Me pusieron a escoger si me quedaba allá o me venía de miliciana para el pueblo. Yo me quería desmovilizar. Lo único que me amarraba a la guerrilla era “Maicol” y ya no estaba. (Entrevista de octubre de 2015).

11. “Parecía una buena vida”
Yo vivía con mi mamá y mi padrastro. En ese tiempo tenía 12 años y muchos problemas con mi mamá y mi padrastro, que un día me manoseó. Yo le conté a mi mamá y ella como no me creyó, no le puso atención a lo que le conté, vivía muy enamorada de ese señor (…) Mi mamá fue una señora muy estricta, nunca me golpeó, pero sí me agredía verbalmente. De ahí me mandó a vivir a la escuela donde estudiaba, que quedaba ubicada en la vereda. Estaba como en 4° o 5° de primaria. En ese tiempo se puede decir que la guerrilla andaba tan bien, se veía que andaban con carros, plata, armas, y como niña inocente vi que esa vida era buena. A raíz de los problemas que tenía con mi mamá fue que decidí irme para allá. (Entrevista de octubre de 2015)

12. “Yo tuve los bebés”
Tuve otros tres embarazos, pero esos no fueron interrumpidos. Yo tuve los bebés, esos bebés se los dejé a mi mamá, ellos se llevaban casi dos años de edad; primero una niña, luego un niño. Y la niña que cuando salí no tenía un año todavía, esos embarazos no fueron interrumpidos porque yo era la mujer del jefe, alias “Ciro” (Entrevista de noviembre de 2015).