"Respetamos la objeción de conciencia al servicio militar"

El general Alejandro Navas advirtió que cuando se usa como excusa para hacerle trampa a la sociedad, la objeción de conciencia no debería aplicarse; pero que si es producto de una ideología profunda, debería respetarse como derecho.

Pasado ya el revuelo suscitado por el cambio de cúpula en las Fuerzas Militares y procesada y digerida la salida de más de una decena de oficiales de la línea de mando, el general Alejandro Navas Ramos recibió el jueves pasado a El Espectador en su despacho y, siempre tan franco y frentero, no tardó en entrar en calor sobre asuntos polémicos: la objeción de conciencia al servicio militar, su molestia porque desde la comodidad de la academia o del coctel capitalino se echen a andar tesis sobre la supuesta desmoralización de la tropa, o sus planes para contener la violencia desbordada de las llamadas bandas criminales.

Aunque quizás el punto más candente que tocó el recién designado comandante de las Fuerzas Militares fue su solicitud respetuosa de una justicia más equilibrada en las investigaciones contra sus hombres y su preocupación latente porque los soldados hoy enfrentan un expediente, no con una presunción de inocencia, sino de culpabilidad. “Nosotros no reclamamos impunidad, siempre queremos justicia”.

General, usted dijo que no hay desmoralización en la tropa, que es “el enemigo” quien echa a rodar esos mensajes. Pero sí admitió cierta desconfianza en la justicia. ¿Cómo es eso?

El soldado es un apóstol, un hombre que está preparado para morir, lo único que pide es la oportunidad de seguir sirviendo. El adversario es quien se encarga de enviar esos mensajes, dicen que los soldados están desmoralizados. Eso es diametralmente falso. Basta recorrer los campos de Colombia, ir a la primera línea de combate, para verificar la actitud de nuestros soldados. Porque están peleando es que tenemos muertos y heridos que nos duelen. Esa descalificación a veces se hace de una forma ligera y olímpica. Es una deshonra, una falta de reconocimiento y una falta de respeto a la memoria de esos hijos de Colombia que han entregado su vida en aras de la paz.

Lo veo muy mortificado con ese tema.

Tenemos llenos los hospitales con nuestros soldados, curando sus heridas; llenos los camposantos con cruces en donde están todos esos hombres que merecen su homenaje. No puede ser que cualquiera de una forma facilista diga que los soldados no están peleando. Lo quieren sembrar en el imaginario nacional, pero eso no es así. Más bien les hago una invitación a todos los que tienen esa percepción, incluidos algunos líderes de la sociedad, a que nos acompañen. Los invito un día para que se enteren allá, en el campo de batalla, de lo que hacemos, y no aquí, en la academia o en la comodidad de un coctel.

Al margen de su molestia, usted dio a entender esta semana que en las Fuerzas Militares rondaba una sensación de desconfianza hacia la administración de justicia. ¿Por qué?

Puede que haya una preocupación en esa administración de justicia. Pero el soldado por naturaleza no le huye a la justicia. Por el contrario, es el primero que quiere que ésta brille. Nosotros no reclamamos la impunidad, siempre queremos una justicia con celeridad. Esa es la mejor forma de estar libres y tranquilos. La verdad os hará libres, dijo un sabio pensador. Pero como cualquier ciudadano reclamamos la presunción de inocencia, el respeto al debido proceso. No es más lo que pedimos. Se pueden cometer errores, pero estamos dispuestos también a reconocerlos. Lo que requerimos es una justicia pronta y equilibrada.

Si lo interpreto bien, ¿dice usted que hoy cualquier militar investigado llega al proceso con presunción de culpabilidad?

En muchos casos ha reinado ese síndrome: entramos al proceso ya con una presunción de culpabilidad. Lógicamente ese no es el común denominador ni son las políticas que trazan los organismos de control. Son fallas de algunos administradores de justicia. Los jueces no son ángeles ni querubines, son humanos como nosotros los soldados. Eso es lo que puede generar alguna preocupación. Aunque también reconocemos que tenemos muchos hombres que han cometido errores graves, como los mal llamados falsos positivos, una página negra a la que ya le estamos dando la vuelta. Y tenemos la firme convicción de que no va a volver a ocurrir.

¿Qué quisiera decirles entonces a los administradores de justicia?

Les diría que velen porque los jueces, los investigadores en materia militar, conozcan la materia. Que haya una preocupación de especializarlos en materia penal militar para que haya un conocimiento y sean más ajustados los fallos. Si van a investigar un combate, que tengan la capacidad de entender la naturaleza del conflicto y los contextos. El derecho correcto es el derecho de la guerra y el juez correcto es el que está especializado en esa naturaleza.

General, un hombre como usted, con 39 años en el Ejército, ¿qué piensa sobre la objeción de conciencia al servicio militar?

El servicio a la patria es un servicio obligatorio, pero no todos los ciudadanos tienen ese sentimiento de aportarle a su nación. La objeción de conciencia, cuando es premeditada, una excusa para evadir el servicio militar, es inexcusable. Pero cuando es algo natural, producto de una ideología o de creencias religiosas, nosotros respetamos y creemos que es aplicable y puede ser un derecho en determinados momentos. Cuando se coge como una excusa para hacerle trampa a la sociedad no debería tener aplicación.

Según las autoridades, las llamadas bandas criminales están operando en 21 de los 32 departamentos. ¿Nos desbordó este fenómeno?

En un país como el nuestro, en donde hay un conflicto armado, la seguridad es una necesidad fundamental para el desarrollo. Para garantizarla el Estado tiene que doblegar la voluntad de lucha de todos esos grupos armados ilegales. Las bandas criminales surgieron a raíz del narcotráfico, pero el Estado las está combatiendo. Tenemos un modelo de operaciones que se llama ‘Troya’, que ya se implementó en Córdoba y en el Valle del Cauca. Y hay una proyección para realizar una similar en Chocó y donde se requiera. Hay un número importante de detenidos, incautaciones de explosivos, insumos del narcotráfico, resultados que conoce el país.

General Navas, a pesar de estos resultados se sigue hablando de esa percepción creciente de inseguridad.

Los conflictos tienen su desarrollo y la tendencia de estas bandas no es de crecimiento. La forma de combatirlas está siendo efectiva. Tal vez lo de la percepción es algo lógico, nosotros entendemos que estamos en un año electoral, donde la percepción ciudadana es bastante sensible. Sobre todo por los recuerdos del pasado, cuando esos grupos ilegales tenían injerencia en el electorado y en los candidatos. Tenemos 67 municipios en el país en donde esa percepción de seguridad está muy afectada. Ese temor afecta la percepción de seguridad. Pero mediante la acción del Estado estamos llegando a una estabilidad.

¿La injerencia de estos grupos ilegales en estas elecciones va a ser menor? Ya se está hablando de bacrimpolítica...

Sí, tiene que ser menor, mínimo, diría. Les hemos brindado garantías a todos los candidatos en las regiones para que hagan sus campañas. Y seguimos atentos a todos los requerimientos para garantizar el ejercicio político. El resultado debe ser una disminución drástica en esa percepción negativa de seguridad.

Además de las bandas criminales está la guerrilla.

El enemigo entró en un debilitamiento estratégico. Pasó de una guerra de movimientos a una guerra de guerrillas. No están enfrentando a las tropas, sino implementando métodos del terrorismo. Y empleando la difamación para comprometer a miembros de la Fuerza Pública con testigos falsos. Pero seguimos adelante garantizando los derechos humanos. Quizá sea esta la primera guerra en el mundo que se está ganando con la observancia de la aplicación correcta de los derechos humanos. Hay una conciencia para humanizar la guerra y el conflicto.

Vamos a ajustar medio siglo de conflicto armado con las Farc. ¿Cuándo le pondremos punto final a esta guerra?

Nos podríamos guiar por las estadísticas: las Farc llegaron a tener 22.000 narcoterroristas y ya están en menos de la mitad. Esperamos que esa curva sea descendente por el esfuerzo que está haciendo el Gobierno. Y un resultado muy importante es el quiebre de la voluntad del hombre que está en caminos equivocados y se desmoviliza. Como producto de esa presión ofensiva de las tropas estamos obteniendo un buen número de desmovilizados, de capturas y de muertos en operaciones.

Sí, hay desmovilizaciones, y jefes guerrilleros como ‘Raúl Reyes’, ‘Mono Jojoy’, ‘Iván Ríos’ y hasta el propio Marulanda ya están muertos. Pero la guerrilla sigue ahí...

Aspiramos a que se dé un final terminando este gobierno, con los planes de inversión social y de consolidación. Quizás ese ha sido un error histórico: la falta de consolidación, tanto militar como social. Pero para llegar al término del conflicto el narcotráfico tiene que ser reducido a su mínima expresión, ese es el combustible de la violencia. Ahí está fundada la reingeniería que buscamos. Somos conscientes de que esta guerra que libramos es justa, es la única alternativa que tiene Colombia para llegar a la paz.

¿Si tuviera la oportunidad de hablar frente a frente con ‘Alfonso Cano’ qué le diría?

Le diría que recapacite del daño que le está haciendo a Colombia, que su causa perdió vigencia, que la forma de reivindicar a un pueblo es con acción social, con humanismo, no secuestrando y extorsionando. Le diría que piense en su familia, que ha sufrido mucho como consecuencia de su equivocación; que piense en el aspecto humano, ya que tiene la capacidad psicológica y académica para hacerlo. Que piense también que están envejeciendo, que es una guerrilla caduca que perdió una oportunidad cuando cayó el muro de Berlín y la ideología comunista, y se extinguieron casi todas las subversiones del mundo. Hay vías para lograr los objetivos que él está pretendiendo, vías democráticas. Aquí en Colombia el M-19 supo aprovechar esa coyuntura y convirtió una derrota militar en una victoria política. Hoy en día son líderes políticos que han ganado elecciones.

¿Cree que las Farc algún día podrían dar un salto a la democracia?

Eso tiene sus etapas. Primero, tiene que mostrar su voluntad mediante hechos, dejando de secuestrar, de asesinar, entregando las armas, reivindicándose con la sociedad, sometiéndose a la justicia. Con la anuencia del Gobierno podrían llegar a ocupar un lugar en la sociedad y recuperar parte de ese camino perdido.

¿Invitaría a ‘Cano’ a desmovilizarse también?

Por supuesto, es la mejor vía que tienen.

Cambiando de tercio, a usted le tocó frentear el escándalo de la base de Tolemaida, donde se descubrió que algunos reclusos tenían vida de reyes. ¿Se tomaron ya los correctivos?

Tolemaida es uno de los nueve centros de reclusión militar que se rigen por la Ley 65 del Código Penitenciario y los regula el Inpec. Todas esas correcciones se están haciendo. Se están aplicando los derechos de los reclusos y están imperando la disciplina y la aplicación de la norma penitenciaria. Además, hemos contado con la supervisión de todos los organismos de control.

¿Dónde estaba cuando le anunciaron su designación como comandante de las Fuerzas Militares esta semana?

Nos citaron a Palacio y nos comentaron la decisión tomada y el compromiso que demandaba esa asignación. Nosotros manifestamos nuestra complacencia y reafirmamos el compromiso de no ser inferiores a él.

¿Le hizo alguna solicitud especial el presidente Santos a esta nueva cúpula?

De innovar, de consolidar y de ganar la guerra, precisamente. Estamos haciendo una revisión estratégica. Esa es una de las primeras directrices del nuevo ministro de Defensa para fundamentar la innovación y tenemos unos proyectos que están en estudio y que, por seguridad, no es prudente revelarlos.

¿Cómo celebró el honor de comandar las Fuerzas Militares?

La celebración se hizo con un poco de preocupación por el compromiso.

Ascenso en la vida militar

 

 

Cronología

1976

Junio

Ingresó a la Escuela Militar de Cadetes General José María Córdova en 1972 para adelantar curso como oficial del Ejército. Cuatro años después se graduó como subteniente del Ejército.

1997

Mayo

Siendo teniente coronel, llegó a comandar el Batallón Miguel Antonio Caro de Cundinamarca. Llegó a esta unidad luego de su paso por el Batallón Voltígeros, que opera en Urabá.

2003

Octubre

La ministra de Defensa, Marta Lucía Ramírez, lo llamó a curso de ascenso como brigadier. Antes fue comandante de la Fudra, del Centro Nacional de Entrenamiento y de la Brigada de Fuerzas Especiales.

2008

Noviembre

El entonces ministro de Defensa juan Manuel Santos lo nombró Jefe de Operaciones Especiales Comando General. En sus años de servicio fue Comandante de la Fuerza de Tarea Conjunta Omega.

2010

Agosto

Tras la posesión del presidente Juan Manuel Santos, el mandatario lo designó como nuevo comandante del Ejército Nacional, en reemplazo del general Óscar González.

2011

Septiembre

El revolcón en la cúpula y el cambio de ministro de Defensa generaron que el presidente Santos nombrara a Navas como nuevo jefe de las FF.MM., en reemplazo del almirante Édgar Cely.

Un recorrido con éxitos en el Ejército

El general Alejandro Navas nació en Montería (Córdoba) y lleva 39 años en el Ejército. Desde que salió como subteniente en 1976 ha participado en importantes operaciones militares en el país. Ha sido jefe de Operaciones del Comando FF.MM., comandante de la Fuerza de Tarea Omega y de la Fuerza de Despliegue Rápido (Fudra).

Su formación académica militar lo ha llevado a hacer cursos como Avanzado de Infantería, Paracaidismo Militar, Regular de Comandos, Comando Terrestre, Fuerzas Especiales Rurales, Lancero, Derechos Humanos y Solución de Conflictos, Logística, Globalización y Planeación Estratégica, Gerencia de Talento Humano y Diplomado en Planeación Ambiental.

Ha recibido más de 50 condecoraciones, tanto nacionales como extranjeras. Entre ellas, Orden del Mérito Militar Antonio Nariño, en la categoría de Gran Oficial; Orden de Boyacá, en la categoría de gran Oficial; Orden del Mérito Militar José María Córdova, en la categoría de Gran Oficial; Orden del Mérito Militar Antonio Nariño, en el grado de comendador, y la Medalla de Servicios Distinguidos en seis ocasiones.