'Romaña', en el ajedrez de la paz

Aunque en los últimos años había perdido protagonismo, su papel era clave en la estrategia de adueñarse de la minería ilegal.

De rojo a la izquierda el jefe guerrillero, Carlos Antonio Lozada; atrás de boina Henry Castellanos, alias ‘Romaña’; y un poco más a la derecha el integrante del Secretariado de las Farc, alias ‘Pablo Catatumbo’. / EFE

Dos cosas quedaron claras tras la llegada de Henry Castellanos Garzón, alias Romaña, a La Habana: primero, que esta vez no hubo filtraciones o coordenadas del uribismo que alertaran sobre su salida hacia Cuba, y segundo, que el aterrizaje de uno de los más sanguinarios jefes de las Farc en la mesa de negociaciones pone en perspectiva que el ala más radical de la guerrilla empieza a ajustar su engranaje con las directrices de Timochenko e Iván Márquez. Por lo que representa su récord de violencia y su pasado como artífice de las llamadas “pescas milagrosas”, su inclusión en los diálogos de paz causó roncha.

A su lado también fueron presentados como nuevos miembros de la delegación guerrillera los comandantes Pastor Alape y Carlos Antonio Lozada, del secretariado de las Farc, este último conocido por las autoridades por ser uno de los gestores de la llamada “Red Urbana Antonio Nariño” que desplegó milicias en la capital del país en desarrollo de su proyecto de toma del poder. Asimismo llegaron a la mesa los integrantes del estado mayor central Isaías Trujillo, Rubín Morro, Wálter Mendoza y Pacho Chino, un miembro histórico del grupo insurgente en el Cauca.

Tal parece que, después de dos años de negociaciones, las Farc plantean varios enroques en la mesa. En ese ajedrez, se dice, Pastor Alape entraría a reemplazar como plenipotenciario al ideólogo Andrés París. Justamente tras la presentación oficial que Iván Márquez hizo de los recién llegados a La Habana, Alape, quien fue designado como cabeza de una subcomisión técnica para tratar los temas de “cese al fuego y dejación de armas”, leyó un comunicado que abrió paso a múltiples interrogantes.

Por ejemplo, advirtió que “conceptos como transición, desmovilización y entrega de armas no existen ni en la gramática del acuerdo de La Habana ni mucho menos en el lenguaje de la guerrilla”. Para Las Farc, en el acuerdo general se habla de “dejación de las armas”, la cual incluye al Estado. Alape insistió además en que debe haber un compromiso por parte del Gobierno, no sólo en el desmantelamiento total del paramilitarismo sino en el esclarecimiento de quiénes fueron sus patrocinadores y cómo operó durante décadas bajo el amparo de agentes del Estado, de lo cual “depende el éxito del posacuerdo”.

Lo cierto es que, al margen de estas movidas en la negociación con las Farc, la llegada de Romaña a la mesa tiene una doble lectura, dependiendo de la orilla desde la que se la vea. Para el Gobierno y sus escuderos, es un mensaje claro de que el proceso va por buen camino y de que, si se trata de negociar, hay que hacerlo con quienes conforman la línea más dura de esta guerrilla de medio siglo. Para el uribismo y un sector de la sociedad civil, el arribo de Romaña no significa nada distinto que otro jefe subversivo que escapó del cerco de la Fuerza Pública para irse a tomar mojitos a Cuba.

Nacido en Bogotá, con cerca de 53 años, Henry Castellanos Garzón saltó a las primeras páginas judiciales del país a finales de los años 90, cuando las Farc, ya en las goteras de la capital, instauraron la práctica deleznable de las “pescas milagrosas”. En su contra, la Fiscalía tiene cerca de 70 expedientes por delitos relacionados con secuestro, homicidio, terrorismo y narcotráfico. Se sabe que en los años 80 comenzó su carrera ascendente en las filas subversivas y que desarrolló actividades de formación de milicias en Bogotá. Pronto cobró protagonismo bajo el amparo del Mono Jojoy, quien, como él, jamás se quita la boina.

Con múltiples condenas a cuestas por tomas guerrilleras y secuestros, Romaña ha sido en los últimos años uno de los hombres más perseguidos por la Fuerza Pública. Incluso había sido dado por muerto en tres ocasiones. Y aunque en el mapa de la violencia haya perdido cierta influencia en la última década y se rumore que fue objeto de reproches en consejos de guerra guerrilleros por su indisciplina, Romaña volvió a un escenario de primer orden con su inclusión en los diálogos. Además, El Espectador obtuvo correos electrónicos en poder de los organismos de inteligencia que comprobarían que en el último lustro fue ficha clave en la estrategia subversiva de tomar el control de la minería ilegal.

Los mensajes aparecen en los computadores del frente VII de las Farc que fueron decomisados por la Fuerza Pública en desarrollo de la operación Raudales, de febrero de 2014, en el Meta. En los correos dirigidos al estado mayor del bloque Oriental, curiosamente también se menciona a Carlos Antonio Lozada, quien como Romaña acaba de llegar a La Habana. En el cruce de comunicaciones queda claro que, en la última década, las Farc pasaron de cobrar un impuesto a quienes explotan minerales como el coltán y el tungsteno a adueñarse del negocio.

Por ejemplo, alias Aldinever Morantes, comandante del frente 53 y uno de los más cercanos hombres de Jojoy, escribió en junio de 2012 que la guerrilla necesitaba una verdadera política de explotación de minas “dentro del área de nuestros frentes, y no le estamos sacando el provecho requerido y nos hemos limitado sólo a un impuesto (...) mi propuesta es que al menos nos den el 50% de las ganancias y si no, los bloqueamos (a los mineros) hasta que resulte quien nos lleve el negocio”. En otro correo, supuestamente enviado por los jefes guerrilleros Carlos Antonio Lozada y alias Mauricio Jaramillo en agosto de 2011, se pide controlar la explotación del coltán en Vichada y Guaviare.

Incluso se habla de que algunos compradores “nos están metiendo los dedos a la boca”, en relación con el precio por tonelada del material. Por eso se ordenó “ejercer el control de la mina en acuerdo con los indígenas para nosotros asumir directamente la compraventa del material, tal como lo hemos hecho con la mariacachafa”. Aún más, en el mismo mensaje se propone destinar parte de las reservas del estado mayor del bloque Oriental, cerca de US$300.000, para que el frente 16 pueda organizar ese negocio en los mencionados departamentos, así como alistar el explosivo necesario para la explotación.

En un correo enviado por Lozada a alias Gentil se asegura que las Farc están verificando en la región de El Capricho, jurisdicción de San José del Guaviare, si hay presencia de norteamericanos explotando minerales y si lo propio ocurre en la región de Caño Cristales en el Meta, y se pide escribirle a Romaña para que mande a verificar esto “al muchacho de la caleta del oro”. En general, este cambio de modelo en las finanzas de la guerrilla ha sido supremamente rentable en el último lustro. En los mensajes queda claro que, al tiempo que las Farc desarrollan trabajos de masas en regiones estratégicas, como Arauca, Casanare, Guaviare y Vaupés, también traban alianzas o extorsionan petroleras y pequeños mineros que explotan el coltán y el tungsteno.

En otra comunicación decomisada quedó al descubierto el plan de trabajo para el Frente 1º de las Farc en el año 2011. Allí se asegura que es urgente “un trabajo de organización que nos permita tener control de los recursos mineros sobre el coltán y el oro”. Además de “crear condiciones para controlar el negocio del coltán y las minas del área”. Finalmente, en un mensaje del 23 de junio de 2011 se lee sobre operaciones del frente 16 sobre el río Inírida y que “algunos civiles están explotando un mineral de forma ilegal”, que sacan por toneladas hacia Puerto Inírida o San José del Guaviare, y por el que se pagan hasta $12 millones por tonelada. Se trata del tungsteno, que se emplea para resistencias de hornos, lámparas eléctricas y aparatos de rayos x.

Titanio, oro, tungsteno, coltán. La lista es larga en lo que se refiere a minerales que han sido aprovechados para inflar las rentas de las Farc. Todavía no hay consolidados serios sobre la cantidad de dinero que mueve la guerrilla al controlar estas minas del oriente del país, pero las autoridades estiman el negocio en miles de millones. Tanto Lozada como Romaña, hoy delegados de las Farc en Cuba, han sido promotores en las filas insurgentes de este zarpazo a la minería. Eso, por lo menos, es lo que afirman los organismos de inteligencia.

En las cuentas de la paz, la participación de las Farc en la explotación minera también tiene que quedar clara. Mientras en Cuba empiezan a sentirse los coletazos de la roncha que provocó en Colombia la llegada de esos dos jefes guerrilleros a la isla, para muchos su presencia da un mensaje de cohesión frente a los diálogos y garantiza un impulso a las negociaciones, pues implica que en la mesa estarán sentados un ideólogo radical como Lozada y el responsable de los secuestros masivos en Colombia y de convertir el plagio en botín de guerra y la minería en su fuente de financiación.

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2014-10-24T21:28:24-05:00

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Juan David Laverde Palma, Hugo García Segura

Judicial

'Romaña', en el ajedrez de la paz

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