Ruth Stella Correa, apuesta de Santos para mejorar relaciones con las cortes

Esta mujer, que ya suma 28 años en la Rama Judicial, tiene la dura tarea de asumir el ministerio de Justicia en un momento crítco.

Luego de revisar una y otra vez el expediente tuvo claro que había sido una tragedia anunciada. Corría el año 2006, era consejera de Estado y, en calidad de ponente en el estudio de una demanda contra la Nación por la sucesión de masacres perpetradas por las autodefensas en 1999 en la región de La Gabarra (Norte de Santander), la abogada Ruth Stella Correa no tuvo duda alguna en considerar la responsabilidad de las Fuerzas Militares en la desprotección de los pobladores. La condena se convirtió en un fallo histórico.

Este reciente capítulo de su recorrido profesional es sólo uno de los retos que ha debido encarar durante los últimos 28 años de su vida la nueva ministra de Justicia, 18 de ellos alrededor de los debates sobre la responsabilidad del Estado frente a los derechos de los particulares. Años de trabajo en el ejercicio judicial, sin mucho contacto con los políticos, lejos de los reflectores de los medios de comunicación, concentrada en su labor de impartir justicia.

Sentada en la que hasta ahora era su oficina de magistrada y que pensaba abandonar en octubre, deja que su memoria reconstruya su vida. Desde el momento en que dejó su natal Pereira para estudiar en Bogotá; o la hora en la que se convirtió en la mejor jueza de Risaralda después de recibirse como abogada de la Universidad Libre, hasta su ingreso al Consejo de Estado, o el sorpresivo llamado del presidente Santos para que asumiera el Ministerio de Justicia.

“¿Por qué terminé siendo jueza?”, contrapregunta. Y luego responde recordando al exmagistrado Rodrigo Rivera Correa, padre del actual embajador de Colombia en Bélgica, el exministro Rodrigo Rivera. Con claro acento paisa a pesar de sus 22 años en Bogotá, dice que era estudiante de derecho, había llegado la hora de su judicatura y Rivera, quien había sido su profesor, le ayudó a ingresar al Juzgado Tercero Civil de Pereira. “El primer paso me lo ayudó a dar él, pero siempre he tenido vocación de juez”.

En algún momento quiso ser médica, pero a los 17 años, después de concluir estudios en el colegio de Las Franciscanas, donde tomó la afición de leer literatura, adoptó el camino de los códigos. Una época que recuerda bien su hermana Gloria: “Era tanto su interés por la lectura, que mi mamá vivía preocupada. No le gustaban las fiestas ni el licor. Tampoco era noviera. El único novio que tuvo fue el hombre con el que se casó y después se separó, con el que tuvo dos hijos que hoy son la razón principal de su vida”.

En la academia conoció a Rodrigo Rivera, el político. Se cruzaron varias veces por los pasillos, cuando la Universidad Libre de Pereira pasaba por un mal momento y estuvo a punto de cerrarse. Rivera lideró un movimiento para no permitirlo y Correa lo respaldó. Desde entonces, entre los dos ha existido una buena amistad. Ella era una estudiante sobresaliente. Uno de sus profesores la recuerda así: “Siempre supe que iba a lograr cosas grandes”.

Hoy, un poco más de tres décadas después, con pausas para hacer mercado los sábados en la tarde, caminar los domingos por la ciclovía con su perro weimaraner de nombre Queso, o escuchar la música de Joan Manuel Serrat o Edith Piaf, Ruth Stella Correa sigue siendo estudiosa. Lo ratifican su hermana y sus dos hijos Sebastián y Juan Fernando, quienes heredaron dos de sus pasiones: el primero estudia Derecho, el segundo ya es médico.

Fue juez en Santa Rosa de Cabal y a finales de los años 80 fue distinguida con la medalla al mérito José Ignacio de Márquez como la mejor de su departamento. Esta distinción la hizo merecedora de un año sabático donde eligiera. Escogió Bogotá. Terminó especializándose en derecho laboral y relaciones industriales en el Externado. Antes de volver a Pereira visitó a su amiga, la entonces magistrada auxiliar en el Consejo de Estado, Inés Hurtado, y ese saludo derivó meses después en una llamada telefónica del magistrado Carlos Betancur para ofrecerle la secretaría de la Sección Tercera.

No dudó en aceptar. “Siempre me han gustado los cambios”, agrega resuelta. Llegó al Consejo de Estado en 1991, pero pronto saltó como magistrada auxiliar y después como procuradora delegada hasta 2001. Tres años después fue elegida magistrada. Y estaba a pocas semanas de concluir su período legal de ocho años, cuando le llegó la noticia del Ministerio de Justicia. “Me iba a dedicar a terminar un libro que tengo muy avanzado, pero ahora tendrá que esperar. Acepté jugar al otro lado de la cancha”.

Esa es Ruth Stella Correa, una mujer cálida pero de palabras medidas; que carece de experiencia política pero que cuenta con una sólida formación jurídica que, según sus colegas y compañeros de trabajo, será una garantía para lograr la difícil tarea de armonizar las relaciones entre el Gobierno y el Poder Judicial, tras la fallida reforma a la justicia. Ahora es su turno para demostrar que podrá sacar adelante los propósitos del Ejecutivo en esta materia. Y otros desafíos que quiere asumir con el mismo ritmo paisa que heredó en su casa, y que ha mantenido hasta ahora.

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