Secretos de un alfil de Mancuso

Juez de Montería decretó la nulidad de su expediente. Se teme la suerte de procesos en los que colaboraba.

Benito Osorio Villadiego, exgobernador de Córdoba, recuperó su libertad este jueves.  / El Heraldo
Benito Osorio Villadiego, exgobernador de Córdoba, recuperó su libertad este jueves. / El Heraldo

El depositario de buena parte de los secretos del paramilitarismo en Córdoba, el efímero exgobernador de ese departamento en 2008, Benito Osorio Villadiego, recuperó su libertad luego de que un juez decretara la nulidad de su caso por cuenta de un formalismo jurídico. Hacía apenas dos días había ratificado en una audiencia ante un tribunal de Justicia y Paz varios cabos sueltos insuficientemente indagados por la justicia, como el supuesto aporte de $5.000 millones de las autodefensas y un grupo de narcotraficantes de la Oficina de Envigado para elegir como fiscal a Mario Iguarán, en el año 2005.

Procesado por los delitos de concierto para delinquir y lavado de activos, Osorio Villadiego ha venido contándoles a investigadores de la Fiscalía cuáles fueron algunos de los empresarios que patrocinaron el despojo en Córdoba durante los años de la casa Castaño y cómo durante su gestión en el Fondo Ganadero de esa región colaboró con los intereses de Salvatore Mancuso. En ese cruce de relaciones aparecieron la política y cercanos enlaces del extraditado jefe paramilitar que hoy purgan condenas, como Juan Manuel López, Miguel de la Espriella o Eleonora Pineda.

Osorio Villadiego salpicó con su ventilador al director de Fedegán, José Félix Lafaurie, al asegurar que tuvo encuentros con Mancuso con el fin de ‘empujar’ la elección de Mario Iguarán a la Fiscalía. De acuerdo con su versión, la participación de Iguarán en la confección de la Ley de Justicia y Paz les daba a los paramilitares confianza. Por ese motivo, según Osorio, José Félix Lafaurie ofició como emisario del gobierno y del entonces ministro del Interior, Sabas Pretelt. Una versión desmentida por el exministro —próximo a enfrentar un juicio por la yidispolítica—, quién calificó esa versión de “repugnante”.

No obstante, el exgobernador Osorio declaró ante la justicia que Lafaurie le mandó unos documentos con los nombres, correos electrónicos y hasta padrinos políticos de los magistrados de la Corte Suprema de Justicia, encargados de elegir al fiscal general. Esta semana el propio Salvatore Mancuso reiteró esas denuncias desde una cárcel federal de los Estados Unidos, al tiempo que aseguró que le escuchó decir al excomandante paramilitar Carlos Mario Jiménez, alias Macaco, que éste había entregado $5.000 millones para la elección del fiscal Iguarán.

Otros narcotraficantes de la Oficina de Envigado, como Daniel Mejía y Carlos Mario Aguilar, alias Rogelio, también habrían aportado a esa ‘vaca’ para elegir a Iguarán. Un hecho que ya había sido reportado en un cable diplomático de la Embajada de Estados Unidos en Colombia, en el año 2008. Al margen de la controversia, lo cierto es que Osorio Villadiego tiene mucho que contarle a la justicia, que el jueves lo dejó libre por cuenta de la decisión de un juez en Montería que ordenó que se vuelva a tomar su indagatoria y se reinicien las pesquisas para aclarar su caso.

Con todo, existen múltiples evidencias del maridaje de los paramilitares con Osorio. Pero sólo en 2010 la Fiscalía por fin afinó un expediente en su contra. Un año duró huyendo de la justicia, hasta que en marzo de 2011 se entregó a las autoridades. Oriundo del municipio de Cereté, médico veterinario y zootecnista, Osorio Villadiego siempre fue un hombre conocido por la clase política del departamento. Aunque pasó de agache en la reconstrucción del rompecabezas del paramilitarismo en Córdoba, en 2005 trascendió su iniciativa, que lo sacó de la sombra.

Ese año promovió un movimiento ciudadano en la región que le diera a Salvatore Mancuso una especie de título nobiliario como el “salvador” del departamento. Un absurdo que fue desenmascarando su cercanía con él y otros históricos de las autodefensas como Fidel Castaño Gil. Las autoridades documentaron también que una de las fincas que compró Osorio Villadiego en Córdoba, conocida como El Cairo, era utilizada como lugar de encuentro de los jefes de las autodefensas. Eran los tiempos en que los fusiles paramilitares sembraban el terror con centenares de masacres en el norte del país.

Sólo fue en 2008, cuando se posesionó como gobernador encargado de Córdoba, que sus pasos con el paramilitarismo comenzaron a salir a flote. Una grabación revelada por la desaparecida revista Cambio develó sus nexos con Salvatore Mancuso, pero además trascendió que era uno de sus visitantes en la cárcel de Itagüí, donde estaba recluido Mancuso. Apenas duró 17 días como gobernador. El escándalo parapolítico siguió cobrando cabezas en los años siguientes, mientras el DAS espiaba a la Corte Suprema de Justicia. Osorio volvió a bajar su perfil, pero ya estaba en el radar de las autoridades. Hoy se sabe que él y Mancuso eran algo así como “uña y mugre”.

Sin embargo, como pez en el agua sorteó todo tipo de controversias mientras el paramilitarismo en Córdoba afianzaba su proyecto expansivo. Hoy de nuevo está libre y su proceso deberá ser reiniciado por cuenta de un formalismo procesal que pone en riesgo muchos casos en los que Osorio Villadiego ha encendido su ventilador. En la otra orilla, José Félix Lafaurie lo ha desmentido categóricamente en lo que tiene que ver con su denuncia del supuesto pago de $5.000 millones para elegir a Mario Iguarán en la Fiscalía y en sus presuntos encuentros con Mancuso.