Sepúlveda, a saldar sus cuentas

El “hacker” Andrés Sepúlveda presentó excusas públicas y arremetió contra el Centro Democrático. Ahora solo queda que cumpla con el preacuerdo que firmó con la Fiscalía.

El “hacker” Andrés Fernando Sepúlveda llegó escoltado a la audiencia por un fuerte dispositivo del CTI de la Fiscalía. /Cristian Garavito - El Espectador

“Hace once meses y cinco días fui capturado por la Fiscalía en mi oficina, donde funcionaba el mayor centro de espionaje contra el proceso de paz y la central de propaganda negra de la campaña presidencial del candidato opositor”, fueron las primeras palabras del hacker Andrés Fernando Sepúlveda en su intervención para ofrecer excusas públicas por sus actos durante la audiencia en la que lo condenaron a 10 años de prisión. Así lo había pactado en un preacuerdo con la Fiscalía. El hacker agregó que a los 21 años tuvo la oportunidad de trabajar por primera vez en política y lo hizo junto a la persona que “tanto admiraba y respetaba”.

En su corto discurso, Sepúlveda aseguró que se convirtió en lo que tanto odiaba, un hombre radical por sus posturas ideológicas. Añadió que su conocimiento lo llevó a trabajar, por un corto tiempo y de manera informal, con agencias de inteligencia. Situación que, según él, fue el peor error de su vida, porque combinó su afinidad política con la profesión: “Debo decir tristemente que tuve mis argumentos para hacer lo que hice. Fueron exactamente iguales a los que han cometido crímenes atroces: el fin justifica los medios (…) Todas las acciones en las que participé contra el terrorismo fueron heridas de muerte cuando me involucré en la campaña presidencial en 2014”.

Sepúlveda también ofreció disculpas por sus actos a su familia y a sus hijos, a los miembros de la Fuerza Pública porque con sus acciones afectó su buen nombre, y a la Fiscalía, entidad que supuestamente en un principio fue su enemiga pero que hoy velan por su seguridad. Manifestó que desde su recaptura se negó a salir del país, situación que, según él, provocó que se incrementaran las amenazas en su contra, le hicieran cuatro atentados en la cárcel La Picota y le pusieran alimentación restringida. A pesar de que no dio nombres propios, Sepúlveda arremetió contra las personas que han resultado salpicadas en sus declaraciones.

“A las personas que en declaraciones de prensa dicen que estoy loco, que tengo problemas mentales, me resta decirles que asuman las consecuencias de sus actos (…) Están haciendo lo posible por callarme y asesinarme. Pero ya es demasiado tarde. Soy un hombre, no tengo necesidad de declararme inocente e irme del país, así como lo están haciendo algunos que yo admiraba. Los mismos que me dijeron que no había lugar en el mundo donde me pudiera esconder, porque me encontrarían y acabarían con mi vida. Ahora este enfermo mental les dice que digan la verdad y afronten todo. La verdad es una sola y la estoy contando”, concluyó Andrés Sepúlveda.

Para la jueza que condenó a Sepúlveda, se logró establecer que el hacker le ordenó a su socio Daniel Bajaña —el ecuatoriano que también es testigo clave en el proceso— que filtrara el correo del exvicepresidente Francisco Santos, el de la secretaria de este y el de alias Boris, el guerrillero que manejaba las comunicaciones de las Farc desde La Habana. Asimismo, que estas acciones pusieron en riesgo la seguridad nacional, ya que se obtuvo material de inteligencia.

Asimismo, se hizo referencia a las relaciones que Sepúlveda sostuvo con distintos miembros de la Dirección de inteligencia de la Policía (Dipol) y de la Dirección Nacional de Inteligencia (DNI), a quienes les compró información. Por estos hechos fueron capturados un policía, dos cabos del Ejército, un agente de la DNI y un mayor de la Policía identificado como Humberto Gaitán González, quien se entregó el pasado 21 de marzo.

Para la jueza, esta información fue utilizada para torpedear el proceso de paz. Tanto así, que se evidenció que el hacker le compró a la Dipol un software denominado Darkomet, una herramienta que le permitió atacar las comunicaciones estatales y oficiales. Finalmente, también fue procesado por crear un virus informático que consistió en reproducir mensajes a través de redes sociales para desprestigiar la campaña presidencial de Juan Manuel Santos y las negociaciones de paz con las Farc.

Desde mayo de 2014, cuando estalló el escándalo en plena contienda electoral, Sepúlveda se convirtió en el protagonista de la más enconada pelea que han librado los miembros del Centro Democrático con la Fiscalía y el Gobierno. Los acusan de persecución política. Entre las obligaciones que adquirió el hacker en su preacuerdo está convertirse en testigo de los procesos que se adelantan contra Óscar Iván Zuluaga, su hijo David Zuluaga y Luis Alfonso Hoyos, quien está viviendo en Estados Unidos.

Zuluaga y su hijo, quien fue el director de la campaña presidencial, ya rindieron interrogatorio y explicaron cuáles fueron sus relaciones con Sepúlveda. Mientras que Óscar Iván puntualizó que el polémico video en el que aparece junto al hacker fue editado y que nunca le dio instrucciones de infiltrar el proceso de paz, David Zuluaga precisó que sus vínculos con Sepúlveda fueron totalmente laborales, ya que lo contrataron, junto a miembros de su familia, para temas relacionados con el manejo de imagen, publicidad, redes sociales y seguridad informática.

Aún queda mucha tela por cortar en un caso que ha llegado a ser relacionado con otros escándalos que han salpicado a las agencias de inteligencia de las Fuerzas Armadas del país: Andrómeda y la Sala Gris. Para muchos, las declaraciones de Sepúlveda pueden parecer ficción, pero tienen ciertos destellos de realidad, ya que la Fiscalía se mantiene en la hipótesis de que las acciones ilegales del hacker tenían un fin político.