“Si queremos un cambio, todos tenemos que llegar al perdón”

En medio de las amenazas contra su vida y su familia por sus declaraciones en los procesos de falsos positivos, el uniformado le hace un llamado al Ejército para que reconozca sus errores.

Pie de foto: El cabo Carlos Eduardo Mora está vinculado al área administrativa en una unidad del Ejército. / Cortesía

¿Cómo inicia su vida militar?

Siempre sentí ganas de ser militar, de ponerme el uniforme. Cuando veía a un militar o a un policía, salía y lo saludaba. Me preguntaban en el colegio: “¿qué quiere ser?” y respondía: “militar”. Yo viví con mi padrastro y después de un tiempo me enteré de que mi papá biológico también era militar, fue sargento mayor del Ejército. De pronto “la sangre tira” y por eso quise ser militar. Ingresé a la Escuela de Suboficiales y cuando me gradué fui uno de los 50 seleccionados, entre mil hombres, para la especialidad de inteligencia.

Usted se graduó de cabo tercero en marzo del 2005. ¿A dónde lo enviaron?

Yo pensé que por ser un hombre de inteligencia me iban a mandar a trabajar en la calle, a infiltrarme. Pero no, me mandaron a la Escuela de Caballería, en Bogotá, donde duré seis meses. Luego me trasladaron como fundador de la Brigada Móvil XV. Todo el personal fue reunido en la Escuela de Soldados Profesionales, en Nilo (Cundinamarca).

¿En qué consistía su trabajo en inteligencia?

Cuando yo llego a la Brigada Móvil XV no me mandan a hacer inteligencia a pesar de que ya había hecho un curso de inteligencia. Yo estaba en la Trinidad (Norte de Santander) y después de siete meses es que me sacan a fundar una unidad de inteligencia que había creado la brigada con el batallón Santander, en Ocaña. ¿En qué consistía mi trabajo? usted lo que hace es pasar inadvertido en una comunidad, comenzar a buscar líneas de acción para operaciones e información que le sirva al Ejército. A veces se trabaja de la mano con el CTI, en ese momento todavía existía el DAS.

¿Cuándo empieza a notar que las cosas no eran como deberían ser?

Es complicado porque llevaba un tiempo en Ocaña y tenía algunas líneas de acción. Se le había decomisado armamento a paramilitares y la prioridad siempre fueron las Farc. Mi general Montoya era muy enfático en la guerra hacia las Farc. Pero la Brigada Móvil XV lamentablemente no estaba dando los resultados que se esperaban. La Brigada Móvil iba muy mal y al Batallón Santander le asesinan 17 soldados. Eso da la determinación al alto mando de relevar al comandante del Batallón Santander y al comandante de la Brigada Móvil XV, por el coronel Santiago Herrera, quien llega con su equipo de trabajo, gente de su confianza y ahí es cuando se comienzan a dar cosas extrañas en Ocaña. Trajo a un cabo de infantería para que trabajara con nosotros en inteligencia. A los pocos días comenzó a dar resultados. El cabo llevaba poquito tiempo y ya estaba dando bajas. Eso era raro.

¿Cómo era el nombre del cabo?

Urbano. Luego comenzaron los rumores de que el cabo trabajaba con paramilitares.

¿Y cómo termina usted involucrado en esto como testigo?

Como yo llevaba tiempo en Ocaña y había dado informaciones para dar golpes contra bandas delincuenciales, ya sabía junto con un compañero que éramos objetivo militar de los paramilitares. Estaban dando $30 millones para que nos mataran. Una noche recibo la llamada del tres de la unidad, que se encarga de las operaciones militares, y me dice que debo reunirme con el cabo Urbano para verificar una información.

Le avisé a un compañero que en caso de que yo no apareciera o me pasara algo dijera que yo estaba con el cabo Urbano, por órdenes del coronel Rincón. Nos encontramos en las afueras de Ocaña, subo a un taxi, al lado mío iba sentada otra persona y el cabo se sienta en la mitad. Lo primero que me dice el cabo es que si conocía a “Leo”, el comandante de ese momento de los paramilitares en la zona. Le digo: “No, pero sí sé quién es”. Me responde: “Se lo presento”. Llegamos al pie del aeropuerto de Ocaña y había paramilitares armados. Me amenazó con matar a mi familia si no llamaba a mis dos informantes (…). Los llamé y les dije que tenía una información que necesitaba que ellos la verificaran. Cuando cuelgo el teléfono, Urbano llama al coronel y le dice que ya vienen los “paquetes”.

¿El Coronel era consciente de lo que estaba pasando?

Totalmente. Esperamos en silencio y llegó un camión militar, donde venía el grupo especial de la Brigada Móvil XV, se baja el comandante y se saludó con “Leo” como si fueran hermanos. Luego llegaron mis informantes en una moto, al que iba de parrillero lo suben al camión con la tropa y el camión arranca. Al otro, Urbano me da la orden de que lo mate, me pasa la pistola que él tenía, yo la cargo y me dirijo hacia donde está el informante y le digo “viejo, si no arranca le disparo”. El muchacho arranca rápido en la moto, Urbano reacciona, me quita la pistola, comienza a hacerle disparos, él tira la moto por un barranco y logra escapar.

¿Qué pasó después?

El coronel Rincón llama al grupo especial para que cancele la operación para matar a mi informante y hacerlo pasar como un muerto en combate. Urbano se viene hacia a mí con las ganas de dispararme y le digo: “Si me mata, hay gente que sabe que yo estoy con usted por órdenes del coronel Rincón”. Eso me salvó. Le informé a un mayor lo que estaba sucediendo y esa persona me dijo: “Comience a recolectar información, vamos a hacer un trabajo de contrainteligencia y vamos a meterlos presos a estos hijue tantas”, pero no pasó nada y ese mayor sale trasladado, llega otro mayor que asume el mando de la unidad de inteligencia de la brigada Santander, y tampoco pasa nada. Después me encuentro con un mayor de inteligencia que venía de Bucaramanga a recibirme un informante y cuando terminamos la conversación él me dice: “Oiga Cabo, ¿qué más ha pasado acá en Ocaña?, ¿qué más sabe?”.

Yo le digo que hay oficiales de alto grado involucrados con paramilitares. asesinatos y drogas. Le di mi nombre y lo anotó completo. Me dijo: “Voy a sacarlo de acá antes de que lo maten”. Él se fue esa noche y al otro día me llama el coronel Herrera, ya directamente el Comandante de la Brigada Móvil XV, y me dice que soy un “sapo, un desleal, un tal por cual, que me le tenía que presentar en la brigada”. Entonces yo le dije: “Mi Coronel, yo sé por un informante que tengo dónde están los paramilitares reunidos en este momento para que usted haga una operación”. Entonces él me dice: “A usted lo van a matar por sapo. Se me sube ya en ese helicóptero (…) y a la fuerza me subió en un helicóptero que iba para el caserío San Calixto (…), ahí la mayoría de gente es afecta al EPL, ahí nació Megateo”.
Después salí de San Calixto, pero antes de hacerlo un informante que yo tenía de los paramilitares me dice que está aburrido y que se quiere desmovilizar. Lo contacto con un capitán que era también de inteligencia, él le dice que lo va ayudar, que por favor no se lo lleve ni a Herrera ni a Rincón, sino que haga por aparte la desmovilización de él. Pero el capitán se lo entrega a los coroneles, casi matan al informante.

¿Por qué sale de San Calixto?

Un día que sabía que el helicóptero iba a abastecer la tropa cerca me fui con unos policías que me acompañaron y a la fuerza me subieron en un helicóptero. Llego a Ocaña y le digo al Coronel: “Bueno, yo ya cumplí mi tiempo acá, ya sé que yo salgo trasladado”. Él me responde: “listo. Está bien, se va trasladado pero aparte…si llega a contar algo de lo que pasó acá ya sabe”. Ellos habían comenzado a planear traer gente de otros sitios, matarlos en Ocaña y seguir haciendo como si se estuvieran dando resultados. Me tocó salir de Ocaña escondido, llego a Bogotá y duré un tiempo en silencio, meditando. Conozco en la revista Semana un informe especial que hicieron de la brigada móvil, del batallón 98. En la revista también salen las mamás de las víctimas en Soacha pero hasta el momento no se sabía qué había pasado con ellos, después encontraron los NN en Ocaña. Entonces es cuando yo decido hablar con un mayor con el que ya llevaba tiempo trabajando. A los dos días me manda a llamar el director de inteligencia del Ejército y le cuento esta historia con más detalles, rutas, cuánta plata recibían, qué dejaban pasar, qué no dejaban pasar, quienes eran los enlaces, etc. Yo me acuerdo que habían muchos oficiales, coroneles y un mayor que había sido comandante mío en Ocaña.

¿El mismo Ejército asume?

El mismo mando del Ejército asume, me dijeron: “se va para la Fiscalía, para la Procuraduría y vamos a poner la denuncia de lo que pasó en Ocaña y que creemos saber qué le pasó a los muchachos de Soacha que aparecieron en Ocaña”. Me voy a la Fiscalía y a la Procuraduría y cuento todo, doy detalles, y ahí es cuando un procurador da el término de falsos positivos. De ahí en adelante los medios de comunicación se enteraron, viene la rueda de prensa de Uribe y la destitución de militares. Me dije a mí mismo: “hice lo correcto, esta es la institución en la que yo tengo que estar”. Pero al mes ya comenzó la gente a tratarme mal, a decirme sapo, traidor, guerrillero. Así pasó 2008 y 2009 y yo seguía yendo a declarar, el Ejército ya no me ayudaba, se entraron a mi casa y me robaron.

¿Pensó en pedir la baja?

Me reuní con Uribe en Naciones Unidas. Le dije: “para mí es un honor pero quiero que me deje ir de la institución, quiero que usted me dé la baja del Ejército, no me siento donde debería estar al principio”. Él me respondió: “No. Cómo le voy a dar la baja a usted si es el que está haciendo lo correcto. Más bien déjeme que lo vamos a mandar de secretario agregado a algún sitio de otro país y cuando la Fiscalía requiera de sus servicios lo traemos para que siga declarando”.

¿Se sintió respaldado por el Presidente de la República?

Sí y estoy esperando el respaldo (risas). No pasó absolutamente nada.

¿Qué pasó después?

El inspector general de las Fuerzas Militares me ofrece cambiarme a la Armada Nacional. El último examen que me faltaba era el psicológico, voy a hacérmelo y la doctora me dice: “usted tiene una depresión”. Yo le dije: “claro, soy humano y con todos estos problemas alguna depresión es lógica”. Me remitieron al Hospital Militar, me llevaron en ambulancia y me recibió otra doctora, quien me afirmó: “La orden es que quede internado. Si quiere vaya y hable con el médico de la Clínica La Inmaculada, que es donde lo van internar y dígale a ver qué decide, de pronto le hace un tratamiento porque su depresión es leve”. Estaba a ocho días de volver a ir a declarar por los casos de falsos positivos, me voy a la Clínica La Inmaculada y lo primero que me dice el médico es: “entrégueme su celular y todos sus objetos personales que usted se va a quedar interno” (…) Entonces le dije: “déjeme resolver el problema de seguridad con mi esposa y con mi hija y yo el lunes a primera hora estoy acá para que me internen en la Clínica”. Tuve que escaparme como un delincuente.

¿Y se la ha pasado como un testigo indeseable en los últimos años?

Sí. Es difícil y hay mucha gente que quisiera decir las cosas pero se dan cuenta del trato al interior de la fuerza.

¿Qué pasó con los involucrados en la investigación?, ¿dónde están Urbano y los coroneles?

Hay unos que ya están condenados, al que condenaron recientemente fue al coronel Rincón, me parece que 30 y algo de años. El sargento está condenado y hay otra persona que está condenada. Faltan el coronel Herrera y otros señores oficiales que todavía están en etapa de juicio.

¿Y se ha vuelto a ver con ellos frente a frente?, ¿qué le dicen?

Con la mirada me dicen absolutamente todo. El año pasado fui a reclamar prendas militares y me encontré a un mayor, que era el comandante del grupo especial, me dijo: “usted viajó a tal lado (…) si yo fuera un asesino ya lo hubiera matado. Espere a ver qué pasa después de los juicios porque mi Coronel sí está muy sentido con usted”.

¿Es decir que usted tiene una sentencia de muerte?

Sí. Hay mucha gente que está sentida conmigo. Yo no declaré en contra de ningún soldado sino de oficiales de alto grado, que para mí son los que tienen una responsabilidad. Con los muchachos que yo entré a la Brigada Móvil VX no sabían qué era eso.

¿Cómo ha sido su carrera militar en este tiempo?

Desde que me reclutan en el Ejército he sido Cabo Tercero. Ya estoy a unos días de ascender a sargento. Han sido diez años en los que no he conocido otro Ejército, que no sea pelear con mis superiores, ir a declarar, estar a la expectativa de que no le vaya a pasar nada a mi familia y pelear para que me den protección.

¿Cómo es un día suyo?

Me movilizo en un vehículo que me facilitó la Fiscalía con un esquema de seguridad de dos personas. Mi día a día es estar trabajando, estar pendiente de mi hija y mi esposa.

¿Qué mensaje le deja al país de todo esto que ha vivido?

Si queremos un cambio, todos tenemos que llegar al perdón. Como Ejército tenemos que reconocer que cometimos errores.