Sigue la controversia por el glifosato

En Colombia, hay casi 2 mil productos que, como el glifosato, contienen sustancias posiblemente cancerígenas, según el Invima.

La aspersión aérea es una técnica de fumigación de maleza que se usa también en cultivos de arroz y caña. /EFE
De acuerdo con un informe realizado por el INVIMA a solicitud de la Procuraduría General de la Nación, en Colombia hay cerca de 3 mil productos que contienen sustancias incluidas en las categorías 1 y 2a de la Agencia Internacional para la Investigación sobre Cáncer de la Organización Mundial de la Salud (IARC). La primera la componen aquellas sustancias sobre las que hay pruebas suficientes de que pueden causar cáncer; la segunda, por su parte, incluye a aquellas que son probablemente cancerígenas.
 
El pasado 20 de marzo, la IARC incluyó al glifosato, un herbicida usado para fumigar cultivos lícitos e ilícitos, en la categoría 2a, generando toda una controversia respecto a si su uso debía ser suspendido o no. El 24 de abril, en un informe enviado al Consejo Nacional de Estupefacientes, el Ministerio de Salud sostuvo que “a pesar de la existencia de evidencia científica divergente, la clasificación por parte de la IARC, representa una advertencia insoslayable de posibles efectos adversos a la salud y por ende configura un escenario en el que, como mínimo, existe incertidumbre científica sobre los efectos nocivos del glifosato, condición suficiente para dar cumplimiento al principio de precaución”. 
 
Y que, por ello, el Ministerio de Salud recomendaba “suspender de manera inmediata el uso del glifosato en las operaciones de aspersión aérea para la erradicación de cultivos ilícitos”. Entonces el Ministerio Público envió un derecho de petición al INVIMA preguntándole por todos los productos que, al igual que el glifosato, contenían sustancias incluidas en la categoría 2a o en la 1. En la respuesta, conocida por El Espectador, se mencionan 310 medicamentos, 50 suplementos dietarios, 599 alimentos, 315 bebidas alcohólicas, 1.860 dispositivos médicos y 39 equipos biomédicos que incluyen sustancias incluidas en estas dos categorías. Sin contar algunos productos de higiene doméstica, cosméticos y plaguicidas. 
 
Sin embargo, advierte el INVIMA, todas estas cumplen con la normatividad sanitaria vigente. Para el Ministerio Público esta es una evidencia de que la inclusión del glifosato en la categoría 2a no implica, necesariamente, que pueda darse cumplimiento al principio de precaución y suspender el uso del glifosato para combatir los cultivos ilícitos. Lo que ocurrió semanas después cuando el Consejo Nacional de Estupefacientes decidió suspender el uso del glifosato para este fin, generando toda una controversia al respecto. Algunos, como el procurador Alejandro Ordóñez, han dicho que con esta medida el país “se hundirá en un mar de coca”. 
 
Además, el jefe del Ministerio Público ha señalado al gobierno por, supuestamente, ocultar informes que demostrarían que no hay elementos concluyentes para señalar que el glifosato es malo para la salud. Igualmente ha habido cuestionamientos al hecho de que el uso del glifosato haya sido suspendido para combatir a los cultivos ilegales pero no como herbicida para los cultivos legales. La Procuraduría se ha mostrado preocupada, igualmente, por la ausencia de un sustituto para las aspersiones y la posibilidad de que esto lleve al crecimiento de los cultivos ilícitos y al fortalecimiento de los grupos armados ilegales que controlan estas plantaciones. 
 
El gobierno, sobre todo el ministro de Salud, Alejandro Gaviria, ha acusado a Ordóñez de “deshonestidad intelectual”. Por su parte, el ministro de Agricultura, Aurelio Iragorri, ha explicado que hay una gran diferencia entre el uso del glifosato para asperjar cultivos ilícitos y para cultivos legales. “A diferencia del uso en cultivos ilícitos, en los cultivos lícitos hay voluntad del agricultor. El productor decide qué producto usar”.  
 
El Ministerio de Agricultura y el instituto Colombiano Agropecuario (ICA) aclararon que el herbicida en la agricultura se aplica en condiciones diferentes a las de las aspersiones para cultivos ilegales. Por un lado, mientras la concentración en las aspersiones en los ilícitos llega a ser de 10 litros de glifosato por hectárea, en los lícitos el tope son 3 litros en la misma área. Además, para fines agrícolas, el herbicida solo se aplica por aspersión aérea en los cultivos de caña y arroz. El resto es manual o en tractores. 
 
En el proceso por vía aérea, se riega la sustancia a 10 metros sobre el suelo, a diferencia de la aspersión en cultivos ilícitos, que se hace a 50 metros de altura, lo que aumenta la probabilidad de que la operación sea imprecisa. Iragorri dijo que para la aplicación de glifosato en agricultura hay determinados protocolos, como ropa especial, guantes, tapabocas y botas. Explicó que en el rotulado de los envases del herbicida se incluyen esas y otras advertencias como que, tras la fumigación, en el terreno no debe estar ninguna persona ni animal hasta después de una hora de la aplicación.
 
Carlos Soto, subgerente de protección vegetal del ICA, aclaró que el uso de la sustancia no contamina las cosechas pues su aplicación se hace directamente sobre la maleza, no sobre las plantas. “Una vez toca el suelo, el glifosato se inactiva”, explicó Soto. Por lo tanto, tampoco se contaminan las raíces. El ICA recordó que en este momento hay 55 herbicidas que contienen glifosato, cuyas licencias fueron aprobadas por el Instituto Nacional de Salud y por la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales y que actualmente no hay ningún reporte de que se deba revisar alguna de esas licencias.
Por su parte, en entrevista con este diario, Daniel Mejía, sostuvo que, primero que todo, muchas de esas sustancias incluidas en las categorías 1 y 2a “el gobierno no se las fumiga por encima a los campesinos”, que, por ejemplo, según la IARC, los teléfonos celulares son cancerígeno. Pero que, de nuevo, “el gobierno no obliga a nadie a usar ninguna de estas sustancias”. Segundo, que “a pesar de que el Ministerio se basó en la OMS, pudo haberse basado en la evidencia que hay en Colombia y a nivel mundial sobre las afectaciones a la salud que hay por las aspersiones del glifosato”. 
 
Recordó que el año pasado la Corte Constitucional se refirió a que, si se contaba con algún indicio de posibles afectaciones a a la salud por el uso del glifosato, se pensara en suspender las aspersiones y que, en ese caso, lo dicho por la OMS es un indicio pero no el único. Se refirió, de hecho, a un estudio realizado por la Universidad de Los Andes que concluyó que “la exposición al glifosato utilizado en las campañas de aspersión aérea de cultivos de coca aumenta la probabilidad de sufrir trastornos en la piel (problemas dermatológicos) y los abortos”. Sostuvo, además, que si se tiene en cuenta la eficiencia del glifosato, este no ha cumplido su objetivo de erradicar los cultivos ilícitos y ha resultado muy costoso. La controversia, entre quienes consideran que la suspensión de las aspersiones de glifosato es una medida que va a favorecer el narcotráfico y a los grupos ilegales y entre quienes consideran que era una medida necesaria, continúa mientras el gobierno prepara una nueva política para la lucha contra las drogas.