Tapia tenía negocios en la Ruta del Sol

En una audiencia que se prolongó hasta horas de la madrugada del pasado miércoles, una fiscal de Lavado de Activos reveló evidencias contra el excontratista Emilio Tapia, quien al parecer, en desarrollo de negocios en un tramo de la Ruta del Sol, estaría ocultando dineros de su mano larga en el cartel de la contratación de Bogotá.

Emilio Tapia / Fiscalía

 Según el ente acusador, Carlos Augusto Joli Herrera ofició como su testaferro, pues manejaba las empresas Techmachi Group y Geos, desde las cuales, supuestamente, se compraron casas, fincas, carros, volquetas, ganado y caballos de paso fino —se habrían realizado negocios de hasta $800 millones por la adquisición de equinos—.

Asimismo, la fiscal del caso aseguró que Tapia hizo giros al exterior a cuentas en Suiza y a un país centroamericano para ocultar el dinero, aunque no dio más detalles de estas transacciones. Agregó que las empresas, que tenían una flota de volquetas para movilizar tierra, manejaban mucho dinero y que Tapia era el dueño a la sombra de los negocios. Para el ente investigador, la plata que se movía en esas empresas provenía del desangre de Bogotá, especialmente de obras viales realizadas por el carrusel o, en la actualidad, de los contratos de construcción de la vía Bosconia-Valledupar (Cesar), uno de los tres tramos de la Ruta del Sol.

En estos momentos el CTI está tras la pista del primo de Tapia, Jesús David Sierra Aldana, quien habría sido otro de los testaferros. Al margen de los señalamientos de la Fiscalía, Emilio Tapia manifestó durante la audiencia que esta situación era una especie de traición, ya que los “argumentos de la imputación son basados en las declaraciones que yo mismo di en el marco de mi colaboración”. Es decir, que sus testimonios, los mismos que destaparon la olla podrida de la contratación en Bogotá, terminaron sepultándolo.

Aunque el juez que le dictó medida de aseguramiento a Tapia no legalizó los allanamientos que hizo el CTI, la Fiscalía asegura que tiene en su poder una serie de interceptaciones hechas durante los últimos dos meses, en las que se demostraría que el excontratista continuó delinquiendo al intentar esconder dineros que recibió por el desfalco a Bogotá. La defensa de Tapia, el abogado Jesús Albeiro Yepes, dijo sin rodeos: “A Emilio le hicieron conejo. La Fiscalía no aportó ninguna prueba del supuesto lavado. Además, el principio de oportunidad que tenía por sus confesiones le daba inmunidad y eso se violó en este caso. Y él le había contado informalmente al fiscal de su caso sobre estos negocios”.