“Testigo contra Santiago Uribe no está loco”

El Espectador conoció un examen sicológico de Medicina Legal que concluyó que el campesino no es un esquizofrénico ni mucho menos.

Santiago Uribe Vélez, hermano del expresidente Álvaro Uribe. / Archivo

Ad portas de que la Fiscalía defina la situación jurídica del ganadero Santiago Uribe Vélez, hermano del expresidente y hoy senador Álvaro Uribe, por sus presuntos vínculos con el grupo paramilitar de los 12 Apóstoles, El Espectador conoció los pormenores de un documento esencial en el expediente. Se trata del examen sicológico que le realizó Medicina Legal a Eunicio Pineda Luján, uno de los principales testigos del caso y quien fue tildado de loco y falso testigo por la defensa de Uribe. Las dos grandes conclusiones del peritaje, sin embargo, son que “Pineda se encuentra en capacidad de testificar” y que “no existen hallazgos en el examen clínico que indiquen que exista un falso alegato sobre los hechos denunciados”.

Es decir, para los médicos forenses que realizaron el estudio no hay elementos en los señalamientos de Eunicio Pineda Luján “que permitan sospechar una falsa acusación”. En el diagnóstico de 25 páginas los peritos dejaron constancia de que “si bien la condición de salud mental de Pineda es crítica, es importante señalar que las funciones mentales superiores que permiten tener un adecuado contacto con la realidad, valga decir el pensamiento, la orientación, el cálculo, la inteligencia, el juicio y el raciocinio, se encuentran globalmente conservadas (…) Su capacidad de testificar está preservada. No invalida el testigo que hay en Pineda”.

Eunicio Pineda es un campesino refugiado en Europa que entre 1993 y 1994 trabajó en la finca El Buen Suceso, propiedad de Álvaro Vásquez, y que era colindante con la hacienda La Carolina en el municipio de Yarumal (Antioquia). Esta última pertenecía a Santiago Uribe, quien supuestamente junto a Vásquez conformó el clan de los 12 Apóstoles y convirtió esas propiedades en centro de operaciones del grupo paramilitar. Pineda se animó a aportar su testimonio luego de que viera al mayor (r) de la policía Juan Carlos Meneses denunciando los hechos en una entrevista publicada por el diario Washington Post el 24 de mayo de 2010.

Según Pineda, luego de años de persecución y de escapar de Santiago Uribe y sus hombres, decidió revelar su versión ante un fiscal de Justicia y Paz, quien le dio protección en Bogotá, luego en Ecuador y finalmente en Europa. En sus declaraciones, el campesino reveló que luego de empezar a trabajar para Vásquez ordeñando vacas, éste le ordenó colaborar con ciertas actividades en la hacienda La Carolina, donde supuestamente empezó a ver reuniones entre civiles armados y uniformados con camuflados, policías, Uribe y su patrón Vásquez, a quienes les decían el Abuelo y el Tío. Asimismo, declaró que escuchaba a paramilitares hablar sobre homicidios que cometían en la región.

Pero el episodio que cambió la vida del testigo ocurrió el día que supuestamente escuchó a alias Rodrigo decirles a Uribe y a Vásquez que lo debían matar porque “sabía mucho”. Según Pineda, esta situación se produjo días después de que rechazó una propuesta de Rodrigo, quien al parecer le entregó una pistola para que se “cuadrara el sueldo”. Es decir, que Pineda Luján recibiera los $200 mil que pagaban por asesinar a alguien.

Pineda le contó a la justicia que se negó y que por esa decisión comenzaron sus problemas. Agregó que el día en que se enteró de que lo iban a matar se voló, dejó tirada a su familia y regresó a Yarumal tiempo después, con el infortunio de que Rodrigo y uno de sus subalternos, alias Pelusa, lo retuvieron mientras iba en un bus. El testigo les dijo a las autoridades que tenía información según la cual Uribe y Vásquez querían matarlo. Asimismo, contó que luego de ser retenido por estos paramilitares fue torturado: le quitaron los dientes de arriba y de abajo y le dispararon por la espalda. Pero logró escapar. Desde ese tiempo, 1994, se escondió y trabajó en distintas fincas de Antioquia y Quindío.

Es más, en su testimonio aseguró que conoció a Juan Carlos, el Tuso Sierra, pues trabajó en una de sus fincas. Pineda relató que durante esos años tuvo delirios de persecución, que perdió a su primera esposa y su hija y que se volvió a casar y a tener dos niñas. Asimismo, indicó que la suerte no lo acompañó, ya que con un machete casi pierde la pierna derecha y esa situación fue el detonante para que entrara en crisis sicológica. Según explicaron los médicos forenses, la razón de ese sentimiento era que el testigo pensaba que ya no tendría la capacidad de huir de quienes lo acechaban.

Tal es la importancia del relato de Pineda, que la Fiscalía lo considera el testigo estelar junto al mayor (r) Meneses. No solo porque al parecer son los únicos que conocen con precisión los hechos que sucedieron en la hacienda La Carolina, sino que son los únicos que han señalado a Santiago Uribe, quien los ha denunciado por falso testimonio. Por esa razón, el fiscal del caso, Carlos Iván Mejía, ordenó realizar esta valoración con el fin de legitimar o deslegitimar el testimonio de Pineda Luján, catalogado por el abogado de Uribe, Jaime Granados, como un mentiroso con graves problemas sicológicos.

Consultado por este diario, Granados manifestó su molestia por la filtración de documentos reservados del proceso. Precisó que este examen aún no está en firme, por lo que jurídicamente no representa nada. Es decir, no constituye prueba todavía. “Esa experticia de Medicina Legal no está en firme. Enviaremos un cuestionario de 38 preguntas para aclarar el dictamen, que tiene múltiples y graves errores. No discutiremos su contenido en medios porque quien lo filtró, malintencionadamente y para afectar la buena fe de la opinión pública, sabe que no está en firme. No queremos violar la reserva y ya después de un largo tiempo se sabrá si queda en firme, cuando nos aclaren las dudas. Si eso no ocurre, lo objetaremos”.

El abogado Granados añadió que al conocer que el documento había sido filtrado a El Espectador, dirigió una comunicación al fiscal Mejía, porque el resultado de Medicina Legal acababa de producirse: “O fue la parte civil o la Fiscalía la que filtró el documento y se ha cometido un ilícito. Esas continuas violaciones a la reserva del proceso son intencionadas y buscan afectar el proceso”.

Por su parte, el abogado de la parte civil, Daniel Prado, manifestó que si bien el peritaje no estaba en firme, sí constituía una clara muestra de lo que han venido argumentando los defensores de las víctimas sobre lo que sucedía en la hacienda La Carolina. “Eso demuestra que no es ningún montaje de los apoderados ni del padre Javier Giraldo, sino que esta persona (Eunicio Pineda) fue víctima directa del grupo paramilitar y lo que él plantea es verdad. Quedamos a la espera de la objeción que se pueda hacer sobre el dictamen, porque para nosotros es serio y no amerita ningún tipo de reparos”, señaló Prado.

El estudio, entre otras cosas, concluyó que Eunicio Pineda no es esquizofrénico como decía su historia clínica –en menos de cinco años tuvo 17 citas médicas y fue tratado por diez siquiatras que lo medicaron y, según Medicina Legal, no tuvieron en cuenta su pasado como víctima–. El diagnóstico determinó que Pineda sufre de un trastorno de estrés postraumático según los criterios del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, que fue actualizado en 2014.

Asimismo, los médicos forenses precisaron que el testigo recibió un servicio de salud fragmentado e inadecuado. Agregaron que el estrés extremo de Pineda Luján se debe a la persistencia de amenazas y persecución por los hechos que denunció. Tanto así, que se convirtió en un ser aislado, improductivo, ajeno a los entornos familiares, laborales, sociales y culturales.

Los dos médicos sostuvieron que Pineda es un testigo torturado, amenazado y perseguido. Además, que el impacto por lo sucedido con los paramilitares alias Rodrigo y Pelusa, quienes le quitaron los dientes con un alicate e intentaron asesinarlo de un disparo en la espalda hace más de dos décadas en Yarumal, hizo que tuviera delirios de persecución y que en todo momento se sintiera en peligro.

Mientras se define si el examen sicológico realizado a Eunicio Pineda es válido o no como prueba, este hombre seguirá escondido y tomando más de 17 pastillas para evitar crisis emocionales. A sus 48 años, alejado de su familia, les dijo a los doctores: “El daño (que me hicieron) es que no me río, desconfío de todos; la enfermedad de la cabeza; la sacada de los dientes (...) La vida sexual mía era bien, las relaciones las disfrutaba. Ya no. hace mucho no tengo relaciones. Me volví frío”. Falta ver qué pasa con su testimonio en un expediente polémico en el que Santiago Uribe ha reiterado su inocencia con toda vehemencia.

El cuestionado mayor (r) Juan C. Meneses

El mayor (r) Juan Carlos Meneses fue el comandante de la Policía de Yarumal (Antioquia) durante los años en los que un grupo paramilitar, mejor conocido como los 12 Apóstoles, hacía de las suyas en ese municipio antioqueño. Por ello, se le considera pieza clave en el proceso por los asesinatos perpetrados por este grupo. De hecho, Meneses, quien se encuentra detenido desde 2014, también es investigado por el asesinato del conductor de bus Camilo Barrientos Durán, perpetrado el 25 de febrero de 1994, en Yarumal. De acuerdo con la Fiscalía, Meneses y el entonces agente Alexánder de Jesús Amaya recibieron a Barrientos y a otros ciudadanos en el comando de la Policía y les aseguraron que los protegerían. No obstante, después Barrientos fue asesinado.

Meneses fue el primero en declarar contra Santiago Uribe en 2010 a través de un video en el que le narró su versión de los hechos del grupo de Los 12 Apóstoles al Nobel de Paz argentino Adolfo Pérez Esquivel. Luego se entregó a las autoridades.