Tito Saúl Pinilla, un estratega en la FAC

Fue clave en la 'Operación Sodoma', que hace un año dio de baja al 'Mono Jojoy'.

El nuevo comandante de la Fuerza Aérea, general Tito Saúl Pinilla, se gastó casi tres décadas persiguiendo desde el aire a Víctor Julio Suárez, el Mono Jojoy, el extinto comandante guerrillero que durante 35 de los 47 años de las Farc encarnó el terrorismo y la violencia más salvaje de esa organización. Hace un año, en la milimétrica ‘Operación Sodoma’, fueron los pilotos a su cargo los que bombardearon la madriguera de Jojoy. Pero pasó algún tiempo antes de confirmar la noticia de su deceso. Horas angustiosas en las que el general Pinilla apenas podía controlar su ansiedad. Hoy recuerda para El Espectador aquella hazaña.

“Esos fueron días de mucha tensión. Hubo un momento en que no estábamos seguros de haber impactado al enemigo. Y aún recuerdo que esa noche crucial, en pleno operativo, se me acercó el entonces ministro Rodrigo Rivera y me dijo: ‘Tenga fe, general, tenga fe’. Me devolvió la calma”. El país celebró con júbilo cuando el presidente Santos, el 22 de septiembre de 2010, anunció que Jojoy había sido abatido. El general Pinilla respiró descansado. Y recordó que 30 años atrás, por cuenta de una operación en contra de Jojoy en inmediaciones del río Guayabero, en la retaguardia histórica de las Farc, recibió su primera condecoración oficial.

Por aquella época, en una ceremonia en la base de Apiay (Villavicencio), conoció a su esposa, María Victoria Latorre, hija de un general de la Fuerza Aérea. Pronto se casaron y vinieron los hijos: Jorge Andrés, Juan Carlos y María Alejandra. Los dos menores no quisieron seguir los pasos del general Pinilla. Juan Carlos es administrador de empresas y María Alejandra está terminando su carrera de Relaciones Internacionales. En cambio su hijo mayor, Jorge Andrés, es teniente de la FAC, piloto de combate, como su papá, y ya está haciendo fila para sucederlo como comandante algún día.

Pocos días después de que el presidente Santos renovara la cúpula de las Fuerzas Militares y lo designara como comandante de la FAC, el hijo mayor del general Pinilla le llegó de sorpresa a la casa muy entrada la noche. Entró a su habitación, lo despertó efusivamente y lo abrazó. “Teniente, ¿por qué me despierta a estas horas?”, fue lo primero que dijo el general Pinilla. Segundos después dejó la voz de autoridad y le habló como papá: “Hijo, qué alegría que estés aquí”.

Pinilla es un hombre sencillo, metódico, disciplinado. Ha sido piedra angular en las más importantes operaciones contraguerrilla. Fue clave en el desarrollo de la ‘Operación Jaque’, que el 2 de julio de 2008 les devolvió la libertad a Íngrid Betancourt y otros 14 secuestrados más. Fue él quien escogió las naves que iban a usarse y los pilotos que se encargarían de la tarea. En síntesis, un curtido oficial, con entrenamiento especial en Brasil, Estados Unidos e Israel, que tiene la responsabilidad de seguir golpeando estratégicamente a las guerrillas y a las llamadas bandas criminales.

Toda su vida ha estado muy cerca de los círculos de poder. Tres presidentes lo escogieron como su piloto de confianza —Ernesto Samper, César Gaviria y Andrés Pastrana— y fue así que se convirtió en “el conductor oficial” del avión presidencial. “Le decían la cafetera, pero era muy buena. Un avión confiable. Con los expresidentes tuve la oportunidad de conocer el país. Lo viví de una forma distinta, más cerca de la gente. Fue una gran experiencia”.

En febrero de 2002 los diálogos de paz con las Farc se rompieron y a Pinilla le encargaron el comando de la base de Palanquero (en Puerto Salgar). “Me tocó dirigir el operativo de retoma del Caguán. Ya sabíamos qué puntos atacar y neutralizar, pero no tuve tiempo ni de llegar”. Pinilla tiene las alas bien puestas. Lleva más de 35 años en la FAC. Se convirtió en piloto cuando era una auténtica rareza que un jovencito de Chiquinquirá (Boyacá) se alistara. Su padre se opuso, trató de persuadirlo para que desistiera, pero su madre lo apoyó. Hoy sus padres son los más orgullosos de verlo como comandante de la FAC.

El alto oficial tiene claro que la forma de encarar la guerra ha cambiado y que las Farc han modificado su estrategia de guerra. “Ellos siguen pensando en la toma del poder, pero ahora no la ven tan fácil ni tan inmediata. Hace unos 10 años estaban en las goteras de Bogotá y plantearon una confrontación distinta cuando atacaban en bloques muy numerosos. Hoy son dos o tres guerrilleros, grupos muy pequeños, que salen, atacan y se camuflan en la sociedad civil. Pero ya lo sabemos y les vamos a salir adelante”.

Sobre Alfonso Cano, máximo comandante de esa organización guerrillera, cuenta que está cerca de caer y que los guerrilleros en el monte o en la selva ya no pueden dormir tranquilos ni una sola noche. “No los dejamos en paz”, dice el general. Operativos como el de Raúl Reyes o el del Mono Jojoy dejaron expuestas las debilidades de la guerrilla y las fortalezas de la inteligencia estratégica de las Fuerzas Militares. Por las manos del general Pinilla pasaron las coordenadas de algunos de los criminales más buscados y perseguidos del país: el Negro Acacio, Martín caballero, Reyes, Jojoy, Domingo Biojó, Édgar Tovar, Oliver Solarte y otros. La lista es tan interminable como el número de operaciones de este piloto que hoy comanda la FAC.

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