Toma del Palacio de Justicia: buscando a su hermana descubrieron que era su madre

Rosa Milena y Édinson Cárdenas León enterraron a Rosalbina León convencidos de que era su madre. De ella heredaron la lucha por encontrar a Luz Mary Portela León, a quien creían su hermana mayor.

Rosa Milena Cárdenas y René Guarín (derecha), el día en que se anunció el hallazgo de los restos de Luz Mary Portela y Cristina Guarín. / Luis Ángel - El Espectador

En la noche del 6 de noviembre de 1985, Rosalbina León se sentó en una esquina de su cama, recostó su espalda contra la pared e hizo por primera vez lo que haría el resto de su vida: esperar a que los niños se durmieran para llorar. A su lado Édinson y Rosa Milena Cárdenas León, de 5 y 6 años, que no estaban dormidos en realidad, en silencio la oían. La oían tomando tinto. La oían fumando Pielroja, peche tras peche. La oían mientras ella oía Radio Recuerdos. Rosalbina León ajustó su cuerpo al lado de la ventana y, mimetizada entre la oscuridad, se quedó ahí hasta que el sueño en algún punto de la madrugada la venció.

En su casa, ubicada en una de las destartaladas calles del barrio San Francisco en Ciudad Bolívar, Rosalbina León había empezado a asomarse por la ventana de la sala a partir de las cinco de la tarde de ese 6 de noviembre. A esa hora su hija, Luz Mary Portela León, solía regresar del Palacio de Justicia, en la que la reemplazaba como auxiliar de cocina porque por esos días la salud de Rosalbina León flaqueaba un poco. Pero Luz Mary Portela León no llegó a las cinco. Ni a las seis. A las siete, las parrillas de programación de todos los noticieros ya estaban inundadas con la noticia del día, del año, de la década.

La guerrilla del M–19, notificaban los periodistas, se había tomado el Palacio de Justicia. Rosalbina León se abalanzó hacia la puerta. En ese momento ni ella, ni el país, ni siquiera el presidente de la República, entendían qué pasaba. José Esteban Cárdenas, el padre de los niños, estaba al otro lado de la puerta con su hermano Juan Manuel y se la toparon justo cuando salía a buscar a Luz Mary. “No vaya hasta allá”, le dijeron. “No la van a dejar pasar”. Los hermanos Édinson y Rosa Milena eran espectadores invisibles de un desespero que palpaban, pero que no comprendían.

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Rosa Milena Cárdenas León recuerda que hace 18 años, cuando estaba en el cuarto mes de embarazo de su hija mayor, soñó que alguien tocaba a la puerta y al abrir veía a Luz Mary Portela León con una niña en brazos. Luz Mary le dijo: “Milena, le voy a entregar a mi hija porque no la puedo tener. No me puedo quedar, pero quiero que usted me la cuide”. Rosa Milena cuenta que su hija, cuando tenía seis meses de edad, lucía igual, “gordita y calva”, a la bebé del sueño.

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El siguiente recuerdo que Édinson y Rosa Milena Cárdenas León tienen en referencia al drama del Palacio de Justicia es de casi siete años luego de la toma. Son dos momentos del mismo hecho: su descubrimiento de que Luz Mary Portela seguía desaparecida. Rosa Milena se enteró cuando ella, Rosalbina León y los familiares de otras 11 víctimas del holocausto (o sea, de los desaparecidos) fueron al Concejo de Bogotá en compañía de Eduardo Umaña Mendoza, el primer abogado que escuchó a las familias de los desaparecidos, que les creyó y que los acompañó hasta el último día de su vida: fue asesinado el 18 de abril de 1998.

“El doctor Eduardo nos llevó al Concejo –cuenta Rosa Milena Cárdenas León–. Allí nos sentaron en unas mesas, como donde se sientan los concejales, y él explicó por qué estábamos ahí. Habló del abandono de Estado que sufríamos. Yo pregunté qué era una desaparición. Luego seguí yendo a las reuniones, conociendo los informes que él nos daba sobre nuestras peticiones a la Fiscalía, a la Procuraduría, aprendiendo de términos jurídicos. Mi mamá asumió la búsqueda de Luz Mary sola, a pesar de que uno de sus hijos era sargento segundo del Ejército y otro estaba en la Policía. Mi papá tampoco hizo nada”.

Édinson Cárdenas León no se parece mucho a su hermana. Él es blanco, su hermana es trigueña. Él tiene los ojos claros y la cara afilada; ella tiene los ojos oscuros y achinados, y la cara redonda. Aunque él, como ella, entendió lo que había ocurrido con Luz Mary a través del trabajo de Eduardo Umaña. Comenzó a acompañar a Rosalbina León a las reuniones con el abogado Umaña luego de que un defensor de derechos humanos le pidiera hablar en la Plaza de Bolívar sobre la tragedia del Palacio de Justicia. Cuando le hicieron esa solicitud, la desaparición de su hermana se le hizo una realidad inocultable.

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“Con Rosalbina soñé un par de veces, como despidiéndose –relata Édinson Cárdenas León–. Con Luz Mary no recuerdo haber soñado, pero mi mamá sí nos contó que a los pocos días de su desaparición soñó que estábamos ella, mi hermana y yo en un río, debajo de una montaña, cuando de repente la veía bajar corriendo. Se cogía de las ramas de los árboles y no tocaba el piso. Entonces le decía: ‘Mamá, quédese tranquila porque a todos nos dieron libres. A todos nos dieron libres’. Mi mamá le fue a coger la cara y se dio cuenta de que estaba golpeada. En ese momento se despertó”.

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“La vida es injusta”. Ese es el único pensamiento que Édinson Cárdenas León recuerda haber tenido el jueves 15 de octubre de 2015 cuando, frente a él, había una bandeja con el 75 % del esqueleto de Luz Mary Portela León. Unos meses atrás él había enterrado a su esposa, quien murió por una infección en el cerebro después de 22 días hospitalizada. Seis años y nueve meses atrás había enterrado a la mujer que lo crió como si fuera su propio hijo. Una hora antes había confirmado, con análisis genéticos en mano, que la revelación de su padre en una taberna de Ciudad Bolívar era verdadera: Luz Mary era su madre.

La Fiscalía halló los restos de Luz Mary Portela León tras exhumar la tumba de otra víctima del Palacio de Justicia, Libia Rincón Mora, en mayo de 2015. Cotejaron los restos con la muestra genética de Rosalbina León y coincidió. Hicieron lo mismo con la de Édinson Cárdenas, la cual Rosalbina le había pedido dejar en el banco genético de la Fiscalía. “Yo pienso que ella hizo eso porque quería dejar la cascarita. Ella quizá no sabía de muchas cosas legales, pero tenía claro que si Luz Mary aparecía, la prueba genética debía confirmar que ella era nuestra madre”, asegura Rosa Milena Cárdenas.

Excepto que Rosalbina León nunca les dijo a Édinson y Rosa Milena Cárdenas León que Luz Mary era su madre. Hasta el día en que un agresivo cáncer de útero acabó con su vida, en enero de 2009, no dijo una palabra al respecto. El 15 de octubre de 2015, médicos forenses y genetistas les explicaron en términos de ciencia cómo habían verificado la identidad de esos huesos calcinados. Los huesos demostraban los cruces genéticos, la madre de Édinson Cárdenas León, que pronto estarán en manos de estos dos hermanos para recibir lo que ellos han exigido desde hace tanto: un entierro digno. Y si fuera posible, de paso, la verdad de cómo murió. O si es cierto, como sospechan, que Luz Mary salió con vida del Palacio.

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“Cuando enterramos a Rosalbina, Luz May se presentó –dice Rosa Milena Cárdenas León–. Entraron el féretro de mi mamá y lo pusieron en el altar, donde estaban las fotos de los desaparecidos del Palacio, y ahí la vi. Estaba con un vestido rosado claro, el mismo que mi mamá describía del sueño donde ella la vio con la cara golpeada. Yo la vi”.

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Una semana después del entierro de Rosalbina León, Juan Manuel Cárdenas, el tío de Rosa Milena y Édinson Cárdenas León que ejerció en sus vidas el rol de padre, los invitó a ellos dos y a su hermano José Esteban a una taberna. Unas horas atrás habían celebrado la última misa del novenario por el alma de Rosalbina, en la iglesia Santo Domingo de Guzmán, y habían almorzado sancocho. La invitación para irse a tomar un trago, sin embargo, fue algo extraña: “O les dice usted o les digo yo”, le recalcó Juan Manuel Cárdenas a su hermano José Esteban.

En la taberna, el tío Juan Manuel pidió media botella de aguardiente y su hermano José Esteban Cárdenas, una cerveza. Éste, resignado, por fin tomó la vocería: “A mí no me pidan explicaciones porque no les voy a decir nada. El único que puede juzgarme es Dios”. Su hija y su hijo se miraron el uno al otro con cara de interrogante. “La que murió no era su mamá –continuó José Esteban Cárdenas–. Era su abuela. Su mamá es Luz Mary”. Édinson Cárdenas León, notoriamente enojado, se marchó de inmediato. Su hermana se quedó estupefacta y muda.

“Yo le resuelvo todas las dudas que tenga –le dijo el tío Juan Manuel a su sobrina–. Cuando se sienta capaz de preguntármelas, se las contesto todas”. Pero antes que Rosa Milena Cárdenas León llegara a donde su tío con las palabras acertadas que enunciaran su consternación, un cáncer de pulmón lo alcanzó a él y se lo llevó tres meses después de la revelación que alteró para siempre esta historia familiar. “En ese momento enterramos ese secreto, tampoco teníamos cómo comprobarlo y nos costaba creerlo. Ahora, luego de la exhumación, lo sabemos: esos restos son los de Luz Mary Portela. Los de nuestra madre”.

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La toma y recuperación del Palacio de Justicia, el 6 y 7 de noviembre de 1985, dejó un resultado de casi 100 civiles muertos, incluidos 11 magistrados de la Corte Suprema, y, al menos, 12 desaparecidos. En el año 2000, la primera de esa lista de víctimas fue hallada: Ana Rosa Castiblanco. En octubre del año pasado, la Fiscalía y el Instituto de Medicina Legal anunciaron el hallazgo de tres víctimas más: Lucy Amparo Oviedo, Cristina Guarín y Luz Mary Portela León. Hasta ahora sólo se ha conocido la necropsia que se hizo de Cristina Guarín, en la cual se estableció que ella probablemente murió por una herida que le habría causado un “mecanismo de alta energía”: eso incluye desde una caída hasta un disparo.