Tras la pista del responsable del brutal ataque contra Dora Gálvez en Buga

Tres semanas después de ser drogada, golpeada, abusada sexualmente y empalada, murió ayer en Buga. Otro caso de brutalidad en contra de las mujeres en el país.

 Dora Gálvez tenía 44 años y un hijo de 23.  / Archivo particular
Dora Gálvez tenía 44 años y un hijo de 23. / Archivo particular

Luis Fernando Gálvez encontró a su mamá desnuda tirada en el suelo. Tenía moretones y quemaduras en sus labios, brazos, piernas y genitales. A sus 23 años alzó a su mamá inconsciente y corrió a llevarla al hospital Divino Niño, a pocas cuadras de la casa a donde ella había llegado la tarde anterior para hacer labores de limpieza. Fue el 6 de noviembre pasado. Veintitrés días y cinco cirugías después de que Luis Fernando Gálvez intentara salvarle la vida, su mamá, Dora Lilia Gálvez, falleció.

Aunque la presión y el sangrado en su cerebro ocasionaron su muerte, las heridas en el resto de su cuerpo daban cuenta de una historia macabra. A Dora Lilia Gálvez la drogaron, la golpearon, la quemaron, abusaron sexualmente de ella y la empalaron. Por lo menos eso es lo que el CTI de la Fiscalía y la Fundación Hospital San José de Buga han establecido. El crimen ya se encuentra en manos de las autoridades y de un grupo de la Unidad de Comportamiento Criminal y otro especializado en asuntos de género de la Fiscalía.

La sevicia con la que atacaron a Dora Lilia Gálvez revivió la historia que hace cuatro años vivió Rosa Elvira Cely en Bogotá. Según le contó a El Espectador, Francia Gálvez, hermana de Dora Lilia Gálvez, la atención que recibió su pariente no respondió a la emergencia que se vivía esa mañana de noviembre. Al igual que en el caso de Rosa Elvira Cely, la atención fue precaria. (Vea: Violencia de género, casos de mayor recordación en Colombia)

“Después de esperar 12 horas y media para que alguien autorizara su traslado a un hospital mejor, decidimos sacarla nosotros mismos. Es que sólo vomitaba y sólo le dieron unas pastas trituradas para prevenir enfermedades venéreas”, explicó Francia Gálvez.

Juan Carlos Herrera, gerente del hospital Divino Niño, le dijo a este diario que se cumplieron todos los protocolos de emergencia y no hubo errores en su atención. Sin embargo, la versión de la hermana de Dora Lilia Gálvez es distinta: “La doctora dijo que en algún momento iba a despertar y por eso no autorizó la realización de exámenes para diagnosticar la magnitud del problema médico. Dijo además que las quemaduras que tenía eran producidas por herpes”.

Cuando llegó al hospital San José su condición era crítica. Uno de los médicos que la recibió le preguntó a Francia Gálvez por qué se habían tardado tanto si la hemorragia en el cerebro de su hermana era casi mortal. La remitieron a cirugía de inmediato. Esa fue la primera de cuatro más para tratar de sanar sus pulmones, el tórax y su cerebro. Mientras su mamá entraba y salía del quirófano su hijo siempre estuvo esperándola y por los días que estuvo a su lado, Luis Fernando Gálvez tuvo que renunciar a su trabajo.

Dos semanas después del brutal ataque, la situación parecía mejorar. Dora Lilia Gálvez seguía dormida y no era claro qué facultades había perdido por los golpes en su cabeza, pero ya respiraba sola y la habían trasladado a una unidad de recuperación para esperar alguna señal de su condición neurológica. Mientras tanto, su familia esperaba y le pedía a la Policía que la protegiera aún en el hospital, pues sospechaban que quien la había atacado, volvería a hacerlo.

La Policía asignó dos agentes para cuidarla. La Fiscalía, por otra parte, comenzó a tejer sus hipótesis sobre el agresor de Dora Lilia Gálvez, pero aseguran estar recibiendo información falsa. Aunque no se han confirmado, hay dos. La primera habla sobre una supuesta deuda que no le pagó a un “gota a gota”. La segunda apunta a que se trató de un altercado que tuvo con un señor que le había prestado una escalera para hacer los arreglos en la casa.

La familia de Dora Lilia Gálvez pide a gritos que se aclare lo sucedido. Ellos la recuerdan como una mujer dedicada a su hijo y a los sobrinos que le ayudó a criar a su hermana Francia Gálvez mientras vivió por fuera del país. “Era una mujer que no tenía problemas con nadie. Era callada y muy trabajadora, pues desde pequeños, cuando nos quedamos huérfanos, nos tocó sacar adelante a nuestros hermanos. Se han llevado una parte de nosotros y de alguna manera nos han matado a nosotros también. No voy a descansar hasta que el culpable esté en la cárcel y le haya caído todo el peso de la ley”, confiesa Francia Gálvez a las afueras de Medicina Legal, conteniendo sin éxito sus lágrimas a la espera de la entrega del cuerpo de su hermana.

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