Entrevista

Tras un año de la trágica muerte del estudiante Dilan Cruz: Habla su madre

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El 23 de noviembre de 2019, mañana hará un año, estudiantes marchaban pacíficamente por la avenida 19, centro de Bogotá. Un comando del Esmad trató de evitar su paso. Un oficial disparó una escopeta calibre 12. La bala mató al chico de 18 años, desarmado e indefenso. Hablan la madre de la víctima y el abogado que preside el colectivo jurídico que representa a la familia.

Yenny Alejandra Medina, madre de Dilan: “Para Dilan solo ha habido impunidad, impunidad, impunidad”

¿Usted sabía que Dilan se encontraba en las marchas?

Pues no, no sabía. Estaba enterada, como todo el mundo, de que había marchas, un paro nacional y manifestaciones de estudiantes, pero no que él estaba ahí.

¿Cómo supo lo que sucedió?

Me llamaron. Me dijeron que mi hijo estaba marchando y que recibió un impacto por un disparo del Esmad. En medio de mi sorpresa, dije: “Pero, ¿cómo así?” Sentí lo que toda madre siente: angustia, desespero... Me trasladaron y llevaron al hospital. Allí lo pude ver. Me lo dejaron desfigurado.

La muerte de Dilan conmovió a los bogotanos y por eso hubo vigilia de un grupo numeroso de personas frente al hospital San Ignacio y otros grupos se concentraron en la avenida 19, en donde él cayó. ¿Sobre estas manifestaciones espontáneas sí se enteró?

Sí. Supe que estaban todas esas personas afuera, sobre la séptima, apoyando a mi hijo y a nosotros, su familia. También me contaron que estaban rezando por su vida. Hubiera querido agradecerles, pero me prohibieron tener contacto con los medios de comunicación y solo me autorizaron hablar con mi familia, con mis hijas.

¿Quién le prohibió hablar con periodistas?

El Inpec me lo prohibió (ver parte superior de la pág). Me dijeron “o hace las cosas como le decimos o no le permitimos ver a su hijo”. Y me repitían: “La vamos a llevar (al hospital); la dejamos ver a su hijo, pero no puede hablar con la prensa ni usar celulares, nada”. Yo, en las condiciones en que me encontraba, hice lo que me dijeron con tal de que me permitieran verlo. No tenía otra opción.

¿Tuvo compañía en el hospital?

Sí. Estuve con dos de mis tres hijas, porque una está en el exterior. Siempre vivimos en la misma casa, mis hijas, Dilan, mi papá y yo que he tenido que sacarlos adelante.

¿Cuántos hijos tuvo?

Cinco: las tres niñas, Dilan y mi hijo menor que vive en otra ciudad. El papá de mi último hijo nunca vivió conmigo. El padre de Dilan y de mis tres hijas convivió conmigo 9 años, hasta cuando falleció de cáncer. Él era mucho mayor que yo.

¿El abuelo de Dilan y de sus hijas todavía vive con ustedes?

Sí. Es maestro de construcción y baterista. Trabajó mucho tiempo con cantantes y orquestas conocidas. Por ejemplo, con Alci Acosta. Ahora mantiene esta actividad como su hobby.

La repentina desaparición de Dilan, por la mañana estaba en la casa y por la noche ya no, ¿cómo la ha afectado y a su familia?

Seguimos saliendo a trabajar porque si no, no comemos. Pero ha sido muy duro hacer la vida diaria como si nada hubiera pasado. Trabajo como vendedora ambulante distribuyendo mercancías puerta a puerta. Mi hija menor estudia y Denis trabaja, pues no tenemos cómo pagar sus clases. Emocionalmente estoy destruida. De pronto se vienen las lágrimas y, después, me contengo porque debo seguir adelante. En la casa ya no se siente la misma armonía que había antes. Todo esto nos ha producido un gran estrés. El dolor que siento es muy fuerte. Solo que lo escondo para buscar el sustento diario y sigo adelante por mis hijas.

Podría intentar conseguir becas de estudio para sus hijas. ¿Lo ha intentado?

No. Unas becas serían muy útiles, porque lo que gano sola no alcanza. Y por más que todas ponemos lo que conseguimos, hay para una cosa, pero no para la otra. Ellas son luchadoras. Me siento muy orgullosa de los hijos que tuve. Sufro mucho la ausencia de Dilan (llanto), pero tengo que reconocer que Dios me retribuyó con buenos hijos.

Difundieron muchas noticias falsas sobre Dilan, al comienzo...

Sí, eso aumentó mi dolor porque todo era falso. Dilan era un estudiante como cualquier otro. Iba al colegio, tenía amigos en su barrio, salía con ellos a veces. Y ese día le dio por salir a marchar porque, seguramente, otros muchachos iban a ir.

¿Es cierto que Dilan estaba a punto de graduarse como bachiller?

Sí, en el colegio Ricaurte. Se hubiera graduado dos días después. Él estudiaba toda la semana, pero los sábados y domingos conseguía unos pesos haciendo domicilios en un restaurante. Mañana, día de su primer aniversario, el colegio tiene programadas varias actividades para recordarlo. Van a reunir videos exigiendo justicia y organizaron una conversación en vivo que se estará transmitiendo.

¿Ustedes han recibido apoyo del Estado o de entidades privadas para el proceso penal y para la familia?

Hemos recibido un gran apoyo del grupo de abogados (Fundación Comité de Solidaridad con los Presos Políticos). Ellos merecen nuestra gratitud. Pero de parte del Estado no hemos recibido nada. Ha sido muy frustrante. Estos procesos pueden demorarse eternidades y siento que nunca la justicia va a hacer lo que corresponde. Es muy desalentador. Dilan solo ha recibido del Estado impunidad, impunidad, impunidad. Ha pasado un año y no hay una respuesta clara. Cada vez ponen más trabas y dilatan cada paso de una manera impresionante. Lo cierto es que, en lugar de tomar fuerza, uno cae en el desaliento.

¿Ningún funcionario público se ha acercado a ustedes a ofrecer cualquier tipo de ayuda o, por lo menos, a pedir perdón por la muerte de Dilan?

Cuando la alcaldesa Claudia López ofreció excusas por los atropellos cometidos por policías durante las manifestaciones de septiembre me tocó pelear para que me dejaran hablar, para decir que la familia de Dilan también merece justicia. Le tocó a la Corte Suprema exigirle al ministro de Defensa que se disculpara a nombre del Estado y ese señor se rehusó. Si la Corte no le hubiera insistido, no lo hace. Y lo que dijo fue contra su voluntad, a regañadientes pronunció unas palabras que sonaron falsas.

Entonces, ¿no cree que vaya a haber una decisión justa en el caso de su hijo?

Mis esperanzas están en Dios. Sobre la justicia humana, prefiero no decir más.

¿Les han ofrecido o han buscado ayuda psicológica?

Sí, pero no tenemos tiempo: como le dije, o trabajamos o no podemos pagar. Pero nada me motiva ahora. Me levanto cada día porque sé que tengo que seguir viviendo por mis dos hijas, sobre todo por la más joven. Si no fuera por ellas, no estaría hablando con usted.

Mañana se cumple el primer aniversario de Dilan. ¿Qué van a hacer?

Vamos a realizar varias actividades a partir del mediodía. Recordaremos su memoria, pediremos justicia y, de manera pacífica, se harán actos artísticos y culturales. También habrá una velatón. Y volveremos a poner la placa con el nombre de mi hijo, porque la primera fue violentada: rayaron la imagen con su cara. No compartimos la violencia, ni los disturbios, ni nada conflictivo. Hay que dejar todo en las manos de Dios. Puede que la justicia humana no nos tenga en cuenta, pero la justicia divina llegará.

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Franklin Castañeda, del Comité de Solidaridad que apodera a familia Cruz Medina: “Presentaremos el caso ante un tribunal internacional”

La familia de Dilan, cuyo caso se ha convertido en un símbolo en las manifestaciones, no tiene recursos económicos ni sociales para enfrentar a quien, en el momento de los hechos, representaba al Estado. Con toda objetividad, ¿ha habido desnivel judicial en lo que va corrido del proceso?

Debo señalar tres elementos: 1. El proceso está, aún, ante la Justicia Penal Militar, un modelo que no está diseñado para este tipo de casos pero que, además, tiene una larga trayectoria de impunidad en favor de militares y policías vinculados a crímenes graves. En consecuencia, por más garantías aparentes que brinde, lo cierto es que un proceso de este tipo en esa jurisdicción, suele carecer de la principal garantía de la justicia: la imparcialidad. 2. Hasta ahora, se nos ha citado y permitido, sin dificultad, la participación en el proceso pero no tenemos mayores esperanzas de que esas garantías se reflejen en una decisión imparcial. Y, 3. En la Sala Disciplinaria del Consejo Superior de la Judicatura - que falló una tutela de competencia a favor de la Justicia Penal Militar -, hubo una determinación, a nuestro juicio irregular y parcializada, tomada, además, por una mayoría conformada con dos magistrados que tienen su periodo vencido desde hace 4 años.

Se refiere a Pedro Sanabria y a Julia Emma Garzón. Sobre estos dos señores, ya la Corte Suprema expresó un concepto acerca de su imposibilidad legal de fallar en derecho debido a que no son magistrados ¿Ustedes van a interponer alguna acción contra ellos?

En efecto, uno de los argumentos que presentaremos, esta semana, se relaciona con esa situación. La decisión de la Sala Disciplinaria no fue unánime y los señores Sanabria y Garzón conformaron el grupo mayoritario. Sin ellos dos, la Sala no hubiera logrado la mayoría.

Pero ¿esa decisión puede apelarse? Segundo, ¿es cierto que existe otra acción de tutela interpuesta por ustedes ante la Corte Suprema, a nombre de la familia de Dilan, y con cuáles pretensiones?

La tutela fallada es cosa juzgada. Sin embargo, existen nuevas causales que nos dan la posibilidad de acceder, también, a una nueva acción de tutela. Con esta, buscamos que la justicia conozca el material probatorio disponible, que da cuenta de que no estamos ante un acto del servicio sino ante una grave violación a un derecho. En consecuencia, esperamos que la Corte Suprema pueda tomar una decisión que traslade, de una vez por todas, este proceso a la justicia ordinaria. De no prosperar, nos veremos en la obligación de presentar el caso ante el Sistema Interamericano de Derechos Humanos.

Aún presentando el caso ante el Sistema Interamericano, el proceso penal seguirá en Colombia su curso lento o rápido ¿Qué ventaja les da el escenario internacional?

El Estado colombiano tiene unas obligaciones internacionales y está sujeto, entre otras, a lo dispuesto en la Convención Americana de Derechos Humanos, y a las decisiones de la Corte Interamericana. Hasta el momento, podemos señalar que, en este caso, las disposiciones de carácter internacional y constitucional han sido violentadas. Si esta situación no se soluciona por los medios jurídicos que la familia de Dilan tiene a la mano, aún cuando nos encontremos dentro de un proceso judicial ante la Justicia Penal Militar, consideramos que no debemos esperar para avanzar en la presentación del caso ante un tribunal internacional.

La muerte de Dilan, en las circunstancias en que ocurrió, fue muy impactante para toda la sociedad. De esto no hay duda pero, en sus análisis de los hechos, ¿no cabe la posibilidad de que haya sido un caso desafortunado pero no criminal?

Somos respetuosos de la justicia y creemos que le corresponde al juez de la jurisdicción ordinaria, valorar los hechos y las pruebas que hay en el proceso. Por tanto, él tomará la decisión sobre la responsabilidad del capitán (implicado). Ahora bien, en representación de la familia de Dilan, hemos hecho un análisis de las evidencias que coincide con el de expertos internacionales, evidencias que allegaremos al proceso en el momento indicado. Desde nuestros análisis, el capitán del Esmad tomó una decisión de manera clara y voluntaria; y contrarió los protocolos relativos a la distancia mínima establecida para el uso de la escopeta calibre 12, sabiendo, previamente, que de no respetar determinados parámetros y disparar a la altura y en la forma como lo estaba realizando, podía obtener como resultado un homicidio. Con toda esa información, ejecutó una acción en la que apuntó a un blanco concreto que dejó, como resultado, el asesinato de Dilan Cruz.

La directora del Instituto de Medicina Legal de ese momento, Claudia García, dictaminó que la muerte de Dilan, fue un “homicidio”. Los abogados del capitán del Esmad que disparó, protestaron. Dos meses después, ella fue relevada del cargo por el entrante Fiscal General, Francisco Barbosa. ¿Es posible que ella haya sido despedida por ese dictamen?

Eso es muy posible pero no tengo información que me permita confirmarlo. Lo que sí puedo señalar es que, en el caso de Dilan, hemos extrañado la forma como la Fiscalía defendió su competencia en esta investigación. Cuando la Justicia Penal Militar solicitó la competencia y el Consejo de la Judicatura estudió el conflicto, la Fiscalía, lejos de argumentar que la justicia ordinaria debía asumirla, se limitó a enviar una comunicación lacónica, poco argumentada y sin mayores sustentos probatorios. Un estudiante de segundo año de derecho hubiese presentado un oficio mejor elaborado.

Entonces, ¿la conducta de la Fiscalía, fue, a su juicio, de complicidad con la contraparte policial del caso Dilan Cruz para enviar el proceso a la Penal Militar?

Sí. En efecto, la Fiscalía, que en otros casos, ha defendido su competencia, lastimosamente, en este proceso se limitó a presentar un escrito que parece haber sido hecho con el objetivo de aparentar que estaba disputando la competencia pero con pobre sustento. En ese momento, nosotros todavía no teníamos poder de la familia. Y fue cuando la Sala Disciplinaria tomó la decisión de enviarlo a la Justicia Penal Militar.

Pregunta de contexto: ¿por qué ustedes se siguen llamando “Comité de Solidaridad con Presos Políticos” aunque, por ejemplo, asumen el caso Dilan?

La historia de las organizaciones defensoras de derechos humanos en Colombia nace hace 47 años con el surgimiento del Comité de Solidaridad con los Presos Políticos, de la mano de Gabriel García Márquez, intelectuales, periodistas y organizaciones sociales y sindicales. Si bien nuestra institución nació con un propósito ligado a la solidaridad con los presos políticos, también es cierto que muy pronto empezó a desarrollar un trabajo mucho más amplio y diverso en sus objetivos: en materia de representación a víctimas de ejecuciones extrajudiciales, torturas, violaciones a los derechos humanos, acompañamiento a la protesta social y otros espacios. Llevamos a cabo muchas acciones en defensa de los derechos humanos en áreas totalmente diferentes a la defensa de presos políticos. Pero no por ello renunciamos a una historia que se adelantó, como dije, por una iniciativa de García Márquez, el colombiano más grande de todos los tiempos.

Por esa historia que, sin duda, es respetable, el Comité de Solidaridad ha sido tachado de subversivo. Incluso, recientemente, su organización ha estado en boca del expresidente Uribe por el proceso penal que se adelanta contra él.

Ese tipo de señalamientos que se le hace a nuestra institución, al margen del nombre, es el mismo con que se trata de descalificar el trabajo de otras organizaciones de derechos humanos como el Colectivo de Abogados José Alvear Restrepo o la Comisión Colombiana de Juristas entre muchos otros, a pesar del respeto que despierta nuestro trabajo, en ámbitos internacionales y de las propias Naciones Unidas. Lo cierto es que somos un obstáculo para ciertos sectores que violentan las garantías democráticas y para otros que se benefician de la impunidad e inacción de la justicia. Venden, así, la idea de un enemigo interno, idea que lastimosamente ha ocasionado que miembros de nuestras organizaciones hayan sido víctimas de persecución, desaparición forzada y homicidio.

El Comité de Solidaridad que usted preside, asumió la representación de la familia de Dilan Cruz ¿Por qué les interesó este caso?

Desde 2012, nuestra institución hace parte de una red de organizaciones de derechos humanos que monitorea que el derecho a la protesta social se desarrolle con plenas garantías. Estamos en las movilizaciones, registramos las violaciones a los derechos, buscamos interlocución con las autoridades, asesoramos a las víctimas, interponemos denuncias etc. El día en que Dilan Cruz cayó herido de muerte por el disparo del Esmad, tres de nuestras defensoras de derechos humanos, acompañaban ese lado de las marchas. Presenciaron los hechos y una de ellas alcanzó a grabar los disparos previos del Esmad y el asesinato de Dilan. Ellas estuvieron presentes en todo el operativo policial. Yo mismo informé a las autoridades y pedimos que cesara la agresión. No fuimos escuchados. Cuando Dilan fue evacuado del lugar, estas defensoras protegieron la escena: trazaron una cinta para evitar que fuera contaminada y estuvieron hasta las casi 11 de la noche mientras insistíamos a la Fiscalía para que el CTI hiciera presencia. Es decir, desde el primer momento, hemos estado brindando atención a este caso.

Una vida trágica

En su corta vida, Dilan Cruz no conoció la abundancia. Su familia, compuesta, además de él, por su mamá, Yenny Alejandra Medina, sus tres hermanas y su abuelo materno, ha sufrido las limitaciones de los que solo tienen para pagar las necesidades diarias. La muerte natural temprana del padre, empujó a la madre a salir a enfrentar el rebusque por sus hijos apenas niños. Cuando encontró su propia muerte, Dilan era solo un chico de colegio que recibiría el grado de bachillerato a los dos días, el lunes 25 de noviembre de 2019. El sábado 23 de ese mes y año, él salió con otros compañeros de estudios y amigos de barrio, a marchar para manifestar sus exigencias de acceso a la educación universitaria. Pero Dilan llevaba, guardadas en su memoria, más carencias. Una de ellas, la falta de los cuidados y cariño de Yenny por las ausencias obligadas de esta. Ella estaba recluida en una cárcel por sus recurrentes líos penales. Tuvo diez expedientes abiertos y tres condenas menores, siempre por la misma falta: hurto. Yenny recibió la fatal noticia en la cárcel de mujeres de Jamundí. Por razones humanitarias, la trasladaron a Bogotá y la llevaron al hospital San Ignacio en donde yacía su hijo. Ahí le dio el último adiós. Hoy intenta seguir adelante.

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