“Tuve que sacar fuerzas de donde no tenía para leer la necropsia”: hermano de Javier Ordóñez

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Alejandro Ordóñez cuenta que su madre y sus sobrinos aún están en shock. El abogado de la familia, Vadith Gómez, detalla cómo fue que murió Javier.

“Por favor, ya, ya, por favor, ya no más”. Para la memoria de la familia de Javier Ordóñez, y la de todo un país, en un video quedó consignado cuando dos patrulleros de la Policía, Juan Camilo Lloreda y Harby Rodríguez, se abalanzaron contra él, taser en mano, para inmovilizarlo. El resultado de las múltiples descargas eléctricas y de una posible golpiza, el 9 de septiembre pasado, fue su muerte. Su cuerpo colapsó, su riñón derecho se estalló.Los policías hoy enfrentan una investigación penal, otra disciplinaria y fueron suspendidos, mientras la familia de Ordóñez apenas comienza a sentir todo el peso de la tragedia. Alejandro Ordóñez, visiblemente afectado por esta irreparable pérdida, viajó desde Argentina para poder decir algunas palabras en el sepelio que honraran a su hermano. Habló también en la audiencia de imputación de cargos y, ahora, aceptó por primera vez dialogar con un medio de comunicación.

¿Cómo han sido para usted y su familia estos últimos días?

Han sido complicados. Primero, porque desde el asesinato de mi hermano no hemos podido realizar un duelo como debe ser, luego de su entierro vino todo lo de las audiencias (de imputación de cargos y medida de aseguramiento). Y ahora estamos con mi mamá, que está aún en un shock emocional.

¿Quién era Javier Ordóñez?

Él tenía una relación con Maura Dotti y estudió ingeniería aeronáutica. Ya había finalizado el pénsum académico de derecho, estaba próximo a graduarse, le faltaba algo de la materia de inglés. Nos comunicábamos constantemente, yo en Argentina con mis estudios y él acá con los suyos. Cuando venía a Colombia la pasábamos bien, divertidos, mi hermano era muy alegre. Con mi mamá nos reuníamos los tres y para mí era maravilloso.

¿Cómo fue vivir la infancia con él?

Como toda infancia, llena de juegos, de picardías. La infancia de nosotros fue muy bonita. Por temas de estudio nos vinimos para Bogotá, él terminó su bachillerato acá y yo también. Mi mamá siempre fue una luchadora, desafortunadamente tuvo que salir del país para poder darnos una buena educación. Así fue como estudiamos, mi hermano se volvió ingeniero y casi abogado y yo médico.

Si Javier ya era ingeniero, ¿por qué le dio por estudiar derecho?

Por un tema más laboral, las oportunidades para los ingenieros aeronáuticos son muy reducidas. Se presentó con una universidad que ofrecía como un enlace de carreras y eso fue lo que hizo. Homologó materias e inició derecho.

¿Cómo era su relación de hermanos?

Lastimosamente, por mis estudios vivo desde hace muchísimos años en el exterior. Nos comunicamos por Whatsapp o videollamadas, y cuando venía tratábamos de pasar el tiempo que más pudiéramos. No era tanto la cantidad, sino la calidad. Charlábamos mucho.

¿En qué situación quedan los dos hijos de Javier?

Los niños aún están en un shock emocional. Mi sobrino menor pregunta si su papá sufrió, eso es lo que él quiere saber. Angélica (madre de los niños) ha manejado todo esto, ella es psicóloga y sabe bien cómo abordar a mis sobrinos. El mayor, aunque puede sobrellevar más esto, no deja de ser un niño. Trataremos de solucionarlo, de brindarles la solidez que tenían, pero la verdad no hemos llegado a pensarlo. No sé cómo vamos a hacer.

¿En qué trabajaba Javier?

Él tenía un taxi, pero no lo manejaba. De ese sustento vivía, él estaba dedicado a terminar sus estudios.

Alejandro, ¿cómo se enteró usted de lo que le pasó a su hermano?

Por una llamada de mi esposa. Estaba de guardia y ella me llamó a las cinco de la mañana. Fue un momento impactante, qué puedo decir. Es un momento que no quisiera volver a vivir.

Claro, y no quisiera llevarlo a él de nuevo. Hablemos, mejor, de su venida a Colombia.

Mi hermano falleció el miércoles 9 de septiembre. Había perdido toda esperanza de poder viajar a despedirlo, pero el Consulado y la Embajada de Colombia en Argentina se comunicaron conmigo y me ofrecieron un cupo en un vuelo humanitario. Así fue que logré venir el martes siguiente a despedirme de mi hermano.

Justo antes de la imputación de cargos a los policías...

Claro, llegué el 15 de septiembre a Bogotá y las audiencias, creo, empezaron desde el viernes 18. Estuve en todo lo que refiere a la audiencia y pude estar en el sepelio de mi hermano. No es lo mismo ver un sepelio transmitido por Zoom. Pude decir unas palabras, que era lo que más quería.

¿Su mamá también estaba por fuera del país cuando mataron a su hermano?

Sí, ella estaba por fuera. Fue muy afortunada de encontrar el único vuelo humanitario que salía al siguiente día y así viajó. Quiere regresarse del todo, pero no sé qué decisión va a tomar.

¿Cuál es la información que tienen ustedes desde que los policías se encuentran con Javier hasta que se lo llevan al CAI, donde al parecer murió?

Vadith Gómez (abogado de la familia Ordóñez): estos hechos empiezan a una cuadra y media de donde vivía Javier Ordóñez. Se da una especie de conflicto entre unas personas y ahí llega la patrulla de la Policía, que identifica a Javier y lo llama por su nombre.

¿Por qué los policías conocían a Javier?

V.G.: Lo estamos investigando. Al parecer había conflictos. El caso es que Javier y dos personas más habían salido a comprar una botella de licor, que no es delito, y deciden irse hacia el apartamento de Javier, que queda en la calle 55 con 77, pero esos dos policías se fueron detrás de estos tres muchachos y empieza una discusión: los policías montados en su motocicleta con estos tres muchachos, que ya iban entrando a la casa. En el cruce de palabras se calientan los ánimos y ahí es cuando se da un primer enfrentamiento entre Javier y uno de los policías. Javier se da la vuelta para entrarse a su conjunto residencial, pero antes de ingresar los uniformados lo cogen y ahí comienza la tortura. Los policías le decían: ‘De esta no se salva’ y ‘esta vez no va a haber comparendo’.

¿Qué querrían decir?

V.G.: Es muestra del castigo que querían inflingir sobre la víctima. Luego, como ya es conocido por la opinión pública, Javier, reducido, suplica por su vida. Los policías, de forma infame, continúan con su ejercicio violento, proporcionándole varias descargas de taser en distintas partes del cuerpo. Este es un primer momento, hay videos y hay testimonios de varias personas, incluidas personas del sector que se despiertan por la algarabía y comienzan a filmar. Los testigos les dicen a los policías que paren, que los están grabando, y a pesar de eso los policías continúan en su ejercicio ilícito, no les importa. Llegan otros policías y esposan a Javier y a uno de los testigos (un amigo de Javier), que no pone resistencia porque su personalidad no es agresiva. Se llevan a los dos y de camino al CAI le dan otra muenda a Javier.

Luego, ¿qué pasa?

V.G.: Dentro de la patrulla lo siguen golpeando, lo tratan de manera degradante e inhumana. Cuando llega a la estación de Policía, llega disminuido en su salud y en la estación lo tiraron al suelo esposado, lo siguen golpeando y ahí empieza a tener dificultades respiratorias producto de los golpes. Hubo otras descargas de taser en el interior del CAI, incluso una en la frente. ¿A qué uniformado se le ocurre proporcionar una descarga en la frente? Es que esto se sale de toda lógica. Hablan de un uso desbordado de la fuerza, yo hablo de un uso irracional de la fuerza. Al final, en el CAI fallece Javier. En ese momento, uno de los testigos advierte que hay que llamar una ambulancia con urgencia, pero la ambulancia nunca llega. Una de las cosas que más me llama la atención es que uno de los testigos alcanza a llamar a una persona, quien se dirige al CAI, y allí uno de los uniformados se niega a reconocer que estas personas estaban allí. Eso está en el límite de la desaparición forzada.

¿Por qué?

V.G.: Porque, ¿cómo se niega a reconocer la presencia de esas personas en el interior del CAI? El testigo suplica por su amigo, que le quiten las esposas, y finalmente un policía le quita una esposa. Otro amigo de Javier llega al CAI y se mete a la fuerza, cogen a Javier junto con un uniformado y lo suben a una patrulla, porque nunca llegó la ambulancia.

Es decir, según la persona que estuvo en el CAI con Javier, los policías en ningún momento hicieron algo para que él recibiera atención médica, ni siquiera al detectar que había muerto? esa es la versión?

V.G.: Sí. Él muere dentro del CAI y lo sabemos por varias razones: primero, porque los testigos afirman que cuando lo iban a llevar a la clínica, él ya no estaba respirando. Se encontraba amarillo y eso tiene una explicación médica. Hay un video que ya conoce la opinión pública, en el que se muestra que Javier ya presentaba dificultades respiratorias, se sentía incómodo, le decía al testigo que todo le dolía. Él finalmente fallece en el CAI de Villa Luz y lo trasladan a la clínica Santa María del Lago. Salen hacia la 1:30 de la mañana del 9 de septiembre y llegan entre la 1:35 y la 1:37 a la clínica.

¿Así de cerca quedaba la clínica al CAI?

V.G.: Muy, muy cerca, y a esa hora es aún mucho más rápido. Minutos más tarde sale un médico manifestando que no había nada que hacer, que él había llegado muerto. Lo que le llama la atención a esta representación de víctimas es que en la historia clínica aparecen livideces. Eso lo explica mejor Alejandro, que es médico. Y eso para decir que Javier no llegó con signos vitales a la clínica. También lo confirma la historia clínica: no se muere en el transcurso, no se muere en el hospital, él se muere en el interior del CAI producto de las golpizas que le propinaron estos uniformados. Fue una golpiza brutal, lo apalearon. Ese es el resumen de los hechos.

¿Qué prueban las livideces en este caso?

A.O.: Las livideces son un signo directo post mórtem. Es un depósito de sangre que se va hacia las zonas declives por efecto de la gravedad. Mi hermano presentaba livideces en la región dorsolumbar. Él estuvo acostado de espalda y las livideces no son un signo inmediato, por lo general empiezan a aparecer a los 30 o 45 minutos (del fallecimiento). Los patrulleros aseguraron que mi hermano estaba vivo cuando lo llevaron a la clínica.

¿Y las livideces demostrarían todo lo contrario?

A.O.: Claro. Hay un video donde mi hermano está esposado y botado en el piso, y la defensa (de los policías) declara que ahí estaba mi hermano sin ninguna lesión, hablando con su amigo. Los hematomas y las equimosis, al igual que las livideces, no son signos inmediatos. Si uno se pega, el moretón no es inmediato y eso lo sabe todo el mundo. Fue lo que le dije en la audiencia, que no era que él estuviera bien y sin lesiones. En ese momento que mi hermano hablaba, ya estaba agonizando, y cuando los policías dicen que él se estaba golpeando, era porque él intentaba sentarse, yo lo veo así, y ya su capacidad no le daba, se iba hacia atrás. Como todo su contenido sanguíneo lo tenía en el abdomen, pues ya el cuerpo no respondía tan óptimo. Además, los golpes en la cabeza no fueron la causa de su muerte, según su informe pericial.

Los policías dijeron que Javier se pegó a sí mismo. ¿Qué elementos de la necropsia pueden desmentir esa versión?

A.O.: El reporte de la necropsia de Medicina Legal dice que la causa de muerte fue un trauma abdominal cerrado contundente de alta energía. Eso lo explica todo. Mi hermano, al estar esposado, reducido y en el piso no podía presentar ese tipo de lesiones. No es aceptable decir que mi hermano se autolesionó. Es totalmente desbordado decir que mi hermano se dejó a sí mismo en ese estado. La causa de muerte no refleja lo que los patrulleros afirman. El cuerpo en una necropsia no miente: el cuerpo habla.

¿En su carrera como médico se había topado alguna vez con una muerte así de violenta?

No, la verdad no. Con tanta sevicia no lo había visto. En mis 15 años de médico, en las necropsias que practiqué no vi cosas tan brutales como en esta. El informe (de Medicina Legal) me ha costado un montón leerlo, he tenido que sacar fuerzas de donde no tengo, porque lo que más quiero es explicarle a la gente la causa directa de muerte de mi hermano. Los patrulleros dicen que Javier murió a causa de los golpes que el mismo se causó y hay gente, yo lo he visto en redes, que se creen ese cuento tan absurdo. Lo que trato justamente es leer todo el informe y transmitirlo, yo no estoy inventando nada, eso es lo que está escrito en el informe de la necropsia. Por eso me ha tocado leerlo y tratar de ser lo menos técnico posible para hacerme entender.

Dice que no había visto una muerte con “tanta sevicia”. ¿Tienen información de que Javier hubiera tenido algún desencuentro antes con estos dos policías?

A.O.: Yo, no.V.G.: Al parecer, sí hay datos indicadores de tal asunto, pero lo estamos investigando, entonces preferimos no precisar sobre ese tema.

¿Qué piensan de los actos de perdón que han ofrecido el ministro de Defensa y la Policía?

V. G.: Ya el ministro ha reconocido que esto es un homicidio. Ya la justicia penal militar, el pasado 14 de septiembre, por medio de un auto, trasladó todas las actuaciones a la justicia ordinaria, porque reconoció que se tratan de delitos que son competencia de la justicia ordinaria. El director de la Policía, el general Óscar Atehortúa, ha manifestado que lamenta lo sucedido con Javier Ordóñez, a la vez que pidió que la gente se ponga del lado de las familias de estos policías. Y es que aquí quiero manifestar algo: nosotros no estamos en contra de la Policía. Admitimos que es una institución esencial, pero también evidenciamos que hay algunos miembros que le han fallado a la institución, al país y a la familia de Javier Ordóñez. Aunque no tengamos una sentencia condenatoria en estos momentos, los hechos apuntan hacia allá. Con lo que viene sucediendo, por ejemplo, con el caso de Juliana Giraldo (quien murió esta semana en Cauca por el disparo de un soldado), uno se pregunta, ¿qué es lo que está pasando con la educación de los uniformados? ¿Psicológicamente están estables? ¿Por qué están fallando y de manera tan repetida? Y mucha gente sale a protestar pacíficamente producto de un sentimiento de insatisfacción. Se deben revisar los protocolos para que el día de mañana no vuelva a existir ningún Javier Ordóñez, ningún Dilan Cruz.

Alejandro, su familia cómo recibió el perdón que ofrecieron el ministro de Defensa y las cabezas de la Policía?

A.O.: El perdón no fue inmediato, lo vi como efecto de la presión que ejerció todo el pueblo colombiano para que se pronunciaran. Pero sí, en últimas lo hicieron y lo aceptamos. De todas formas, lo que decimos nosotros: no es toda la Policía, son algunos. Y toca mirar de fondo qué es lo que pasa en la Policía.

¿Cómo ven las protestas que desencadenó la muerte de su hermano?

A.O.: Nosotros desde un comienzo fuimos enfáticos en el apoyo en redes sociales. Nunca nos imaginamos que llegaran a esa magnitud las protestas. Siempre quisimos que fueran pacíficas. O sea, creo que cualquier persona quiere que las manifestaciones sean pacíficas. No pensamos que fueran a ser de esta magnitud. Luego hubo 13 víctimas más, 13 familias que deben pasar por un momento similar al que estamos pasando nosotros. Es algo horrible.

¿Han recibido algún tipo de amenazas?

A.O.: No, en lo absoluto.

La familia de Javier no ha sido amenazada, pero al menos uno de los testigos sí, ¿verdad?

V.G.: Sí, tenemos un testigo amenazado y hay miedo porque estamos hablando de dos delitos que son graves y que al parecer vienen pasando desde hace años en los CAI. El sentimiento que tiene la sociedad es que se cometen actos irregulares en el interior de estos centros.

¿Aspiraban a que los policías aceptaran cargos durante la imputación?

V.G: Ellos enfrentan unos delitos de tortura agravada y homicidio agravado, cuya pena está entre los 33 a los 40 años. Si ellos aceptaban cargos tendrían una rebaja sustancial de hasta el 50 %, era una rebaja realmente importante, pero de manera unilateral perdieron esa oportunidad. Su defensa le apunta a dos cosas: trasladar el caso a la Justicia Penal Militar y ofrecer la teoría de que el estallido de riñón de Javier no fue consecuencias de los múltiples golpes que le dieron de manera brutal. Pero ya Medicina Legal dictaminó que fue un homicidio, una muerte violenta. Esto no es que Javier se suicidó, no.

Anderson Arboleda era un joven negro que vivía en Puerto Tejada y murió en un episodio con la Policía. ¿Qué elementos creen que tiene el caso de Javier para que haya generado la conmoción que causó, mientras el de Anderson no?

V.G: El caso de Javier llega un momento en el que la sociedad llega a su límite, estamos pasando por unos momentos muy complejos para todos. Aquí no se trata de quién tiene la culpa, sino de revisar las cosas mal hechas y arreglarlas. Todos unidos podemos sacar esto adelante. Ahora, ¿por qué un caso es más visible que otros? Hay que revisar el momento histórico. Hay varias denuncias de lo que pasa en los CAI, también hay un sentimiento de la gente de insatisfacción, de intranquilidad, y reventó en las manifestaciones en la semana que mataron a Javier. Los medios de comunicación estuvieron muy pendientes, la difusión de lo que estaba pasando también ayudó a que el caso se visibilizara. La manera brutal como mataron a Javier también llama mucho la atención, estamos hablando de un caso de tortura dentro de un CAI y en plena calle pública, lo vieron los ciudadanos. Es un caso que pone en riesgo a toda la sociedad y lo hace más lamentable que hayan participado miembros de la Policía.

¿Quiénes están apoyando a la familia Ordóñez desde lo legal?

V.G.: En este momento contamos con varios abogados expertos en derecho penal e investigadores de la firma Franco & Baquero, centro de investigaciones estratégicas. Hemos reforzado este equipo con la participación del doctor Carlos Valdés, exdirector de Medicina Legal. Todos unidos para este caso específico.

Alejandro, ¿algún mensaje final?

A.O.: Mi familia y yo queremos que se haga justicia. Es lo único. Sé que no va a quedar impune el caso, pero lo que solicitamos es que haya una condena, la máxima que se pueda dar.

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