Un año tras la lección de Sergio

Además de continuar luchando por limpiar la memoria de su hijo, Alba Reyes creará una fundación que se dedique a prevenir la discriminación en las aulas.

Este miércoles 5 de agosto se cumple un año del adiós de Sergio Urrego, el joven que a sus 16 años se quitó la vida tras lanzarse desde la terraza de un centro comercial de Bogotá, luego de ser víctima de supuesta persecución y discriminación homofóbica por parte de las directivas de su colegio. Con asistencia de sus amigos y su familia, se realizará un homenaje público en su memoria en la biblioteca Virgilio Barco, el jueves a las seis de la tarde.

Alba Reyes, la madre de Sergio Urrego, está convencida de que su hijo dejó un gran legado y parte del mismo es lo que quiere recordar. Las facetas poco conocidas del chico que estudiaba en el Gimnasio Castillo Campestre y amaba la literatura, pero quería estudiar ingeniería ambiental como una forma de darle algo al mundo. Aunque soñaba ser escritor, admitía que no había desarrollado suficiente potencial para serlo.

Uno de los primeros libros que leyó fue El Mago de Oz. Lo hizo a los tres años. Luego comenzó una colección de libros de Mafalda, pero después se enamoró de los cuentos de Édgar Allan Poe. Más adelante llegó a Karl Marx y empezó lecturas políticas que marcaron su posición anarquista. “Él decía que no poseía habilidades para desarrollar alguna cualidad artística pero que admiraba el arte desde lo más profundo de su ser”, recuerda Alba.

Lo sabe porque hace pocos días encontró entre sus archivos el trabajo sobre el proyecto de vida que Sergio Urrego realizó para una de sus clases de grado 11 en el Gimnasio Castillo Campestre. Lo realizó en julio de 2014 pero no lo alcanzó a presentar. En este texto dejó plena constancia de sus gustos, de sus inspiraciones y motivaciones, de los proyectos que lo inquietaban pero no alcanzó a concretar.

El proceso por la memoria

Después del suicidio de Sergio, Alba Reyes comenzó un proceso para enaltecer la memoria y buen nombre de su hijo. Justamente porque antes de quitarse la vida, él dejó por escrito los indicios que dejaron claro que su muerte estuvo relacionada con la discriminación que vivió en su colegio por ser gay. En una de sus cartas precisó su intención de esclarecer ciertos datos acerca de la denuncia de acoso sexual que pusieron los padres de su expareja, y aclaró que no quería que sus 16 años estuvieran manchados por la mentira.

Con estos y otros documentos recopilados, en septiembre de 2014 Alba Reyes dio el primer paso de su empresa personal e instauró una tutela, con la asesoría jurídica de Colombia Diversa. La idea era proteger la memoria de su hijo y sentar un precedente legal que impida que cualquier otro colegio, amparado en la autonomía educativa, discrimine a sus estudiantes por pensar o sentir distinto. El Tribunal Administrativo de Cundinamarca reconoció que las directivas del Gimnasio Castillo Campestre sí lo discriminaron por ser gay. Por eso se ampararon los derechos fundamentales al buen nombre, dignidad, intimidad y honra familiar de Sergio Urrego.

El Tribunal se basó en documentos como una carta que la rectora del Gimnasio Castillo, Amanda Azucena Castillo, envió a la Comisaría de Familia de Engativá señalando: “Nuestro estudiante Sergio Urrego no ha recibido adecuada orientación sexual de sus padres, tiene plena libertad de consultar internet, libros, videos, películas, todo tipo de material pornográfico, perjudicial, no apto para su edad, desviando su orientación sexual, declarándose bisexual públicamente”. Esta misiva terminó en un proceso por abandono contra la madre de Sergio, dos semanas antes de que el joven se suicidara.

En octubre de 2014, Amanda Azucena Castillo renunció a la rectoría del Gimnasio Castillo Campestre debido a las investigaciones penales y disciplinarias que desde ese momento se adelantan en su contra. Un mes después, en el auditorio Alberto Lleras Camargo, de la Universidad de los Andes, se realizó el grado póstumo de Sergio Urrego. Allí, los colegios Normandía y Agustín Nieto Caballero le otorgaron a los padres del joven sendos reconocimientos Honoris Causa.

En noviembre, el Consejo de Estado revocó el fallo del Tribunal de Cundinamarca que en primera instancia reconoció la discriminación por su orientación sexual que sufrió Sergio por parte del colegio Gimnasio Castillo Campestre. El argumento fue que el joven está muerto y no hay derechos que proteger. Sin embargo, el Ministerio del Interior y Alba Reyes solicitaron a la Corte Constitucional revisar el caso, para reparar la memoria y dignidad del joven y para que se modifiquen los manuales de convivencia de los colegios.

En cuanto al proceso penal, en mayo de 2015 se realizó la audiencia de imputación de cargos contra la exrectora Amanda Castillo, la psicóloga Ivón Cheque y la veedora Rosalía Ramírez, todos del Gimnasio Castillo Campestre, por la presunta discriminación homofóbica, y otras circunstancias, por las que el joven se habría quitado la vida. La Fiscalía explicó que imputó discriminación porque habrían restringido derechos de Sergio Urrego y su compañero sentimental: a la educación, al libre desarrollo de la personalidad y a la intimidad.

El pasado 28 de julio quedó en firme la medida de aseguramiento domiciliario contra la exrectora Castillo, al igual que la exveedora del Gimnasio Castillo, Rosalía Ramírez. Pero mientras la justicia aclara las responsabilidades de los educadores de Sergio Urrego que supuestamente llevaron al joven a quitarse la vida, sus amigos y su familia le rendirán el homenaje que la sociedad hoy le tributa por tener el valor de reivindicar su condición sexual, aun a costa de su vida.

***

El comienzo de las pruebas de Sergio

En septiembre de 2014 Alba Reyes, madre de Sergio Urrego, y su papá Robert Urrego autorizaron a El Espectador para revelar los detalles tras el suicidio de su hijo, quien se lanzó desde una terraza de un centro comercial de Bogotá.

Antes de suicidarse, Sergio dejó por escrito todos los indicios sobre la presunta relación de su muerte con la discriminación que vivió en su colegio por ser gay. El joven estaba en 11° grado, y su novio era un compañero del curso. A comienzos de mayo de 2014, un profesor le decomisó un celular que tenía una foto de Sergio Urrego y su pareja dándose un beso. El maestro llevó el caso a las directivas de la institución y los jóvenes fueron llamados a “Psicorientación”. Allí les dijeron que estaban cometiendo una falta grave, porque el manual de convivencia decía que estaban prohibidas “las manifestaciones de amor obscenas, grotescas o vulgares en las relaciones de pareja dentro y fuera de la institución” y que estas relaciones debían ser autorizadas por los padres.

La sanción al Gimnasio Castillo

En marzo de 2015 la Secretaría de Educación de Cundinamarca sancionó al colegio Gimnasio Castillo Campestre por el caso de Sergio Urrego, con una multa de $32 millones y la suspensión de la licencia de funcionamiento por seis meses. Tiempo que duraría la interventoría por parte de la entidad pública.

La decisión no reconoció la discriminación por orientación sexual que habría sufrido Urrego, pero sí que al joven se le negó el derecho a la educación, cuando no le permitieron entrar a clase al exigirle certificados psicológicos luego de que se enteraron de su orientación sexual.

La Secretaría ordenó al colegio un “plan correctivo” que deberá seguir si no quiere que le cancelen definitivamente la licencia de funcionamiento.

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Redacción Judicial

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