Historia de un tiroteo en Guamal que dejó ver nexos de narcotráfico con Los Balcanes

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La Red de Periodismo Investigativo de Los Balcanes reconstruyó las últimas horas de un ciudadano serbio que estaba en la casa de un exparamilitar y supuesto narcotraficante colombiano, en Guamal (Meta). Se trata de un caso que ofrece un inédito vistazo a los nexos entre grupos narcotraficantes de Los Balcanes y Colombia.

Setenta y un días después de que Dejan Stanimirovic fuera hallado al lado de una vía en Guamal (Meta), con una herida sangrante en su cara provocada por un arma de fuego, el serbio de 45 años fue enterrado en el derruido Cementerio Central de Villavicencio. En ese lugar las lápidas se hunden en la tierra y la arquitectura de tipo colonial se deteriora con el clima tropical de la ciudad. Stanimirovic no murió en un juego de ruleta rusa, como reportaron los medios de comunicación inicialmente.

De hecho, una pelea de borrachos podría haber desencadenado una serie de eventos confusos en la capital de Meta en la noche del 31 de marzo de este año, en los cuales murieron dos integrantes de la Policía y un presunto narcotraficante. Investigadores dicen que ciertas preguntas claves permanecen sin respuesta, pero detalles que encontró la Red de Periodismo Investigativo de Los Balcanes (BIRN, en inglés) ofrecen una inédita mirada hacia las actividades del crimen organizado balcánico en Colombia, una tendencia que crece y que las autoridades luchan por comprender.

“No creo, dado lo que pasó y la forma en que murió, que él (Stanimirovic) fuera un turista”, dijo un alto oficial de la Policía que habló bajo la condición del anonimato. “Él no estaba haciendo ecoturismo”.

“Marcos”, el callado

Stanimirovic, quien creció en Belgrado y tenía una escuela de karate en España, entró a Colombia desde Ecuador, por el puente Rumichaca, hacia mediados de marzo pasado. En esa ocasión iba solo. Investigadores que hablaron con BIRN dicen que el ciudadano serbio ya había visitado el país antes, posiblemente en enero. Entre los locales, él era Marcos. Según el coronel Gustavo Berdugo Garavito, comandante de la Policía en Meta, Stanimirovic viajó mil kilómetros hasta el pueblo metense de Guamal, a la casa de José Vicente Rivera Mendoza, conocido como Soldado.

Rivera era un presunto narcotraficante en Meta, un departamento situado entre zonas de producción de cocaína en las montañas y las selvas del sureste colombiano, desde donde se exporta vía Venezuela. Los Llanos resultan una extensa autopista para el narcotráfico y otros contrabandos, y una gran área de actividad para los grupos armados ilegales.

Como antiguo miembro de rango alto del bloque Centauros que operó en Meta y departamentos vecinos, Rivera, el anfitrión de Stanimirovic, se rehusó a ser parte del proceso de desmovilización paramilitar que tuvo lugar en Colombia entre 2003 y 2006. Para la época en que Stanimirovic llegó al país, Colombia cerró sus fronteras para restringir la propagación del nuevo coronavirus y él no pudo irse. Rara vez salía de la casa de Rivera y difícilmente hablaba con alguien.

De acuerdo con investigadores, Stanimirovic dormía durante el día y permanecía despierto en las noches. Lo más frecuente es que pasara horas enteras en su cuarto viendo televisión. “Él solo hablaba con Soldado”, dijo un investigador, en referencia al nombre de guerra de Rivera. Otras personas de la casa de Rivera le dijeron a la Policía que Stanimirovic hablaba tan poco español, que su limitada comunicación fluía pobremente en un inglés accidentado. “Todos dicen que él fue un tipo callado y respetuoso hasta ese día (marzo 31)”, dijo otro de los tres investigadores que aceptaron hablar anónimamente.

Disputa mortal

Rivera y Stanimirovic pasaron su última tarde juntos en la casa de Rivera con al familia de él. Almorzaron y, después, ambos se fueron a visitar una hacienda. Quienes se quedaron comenzaron a tomar aguardiente. Cuando Rivera y Stanimirovic volvieron hacia las 8 p.m. se unieron a la noche de copas. Según los investigadores, Stanimirovic le dijo al grupo que él, usualmente, no bebía alcohol porque estaba bajo prescripción médica por una condición de salud mental. Y, con su vida amenazada por traficantes rivales, Rivera esa generalmente abstemio.

Soldado era muy consciente de su seguridad, él no salía mucho de su casa, era muy cuidadoso”, contó uno de los investigadores. Esa noche del 31 de marzo pasado, sin embargo, Rivera y Stanimirovic al parecer arrojaron sus precauciones a la basura y se unieron a la noche de copas para celebrar el cumpleaños del hijo de Rivera. El grupo, se dijo en su momento, jugaba algo llamado el “juego de la botella”, en el cual cada jugador giraba una botella para determinar quién bebía a continuación. (Lea también: El capo europeo y el exparamilitar de Los Llanos que murieron en confusos hechos)

Ese juego pudo haber sido la base para los reportes iniciales -y erróneos- de que Stanimirovic murió jugando a la ruleta rusa, en la que un jugador pone una única bala en un revólver, gira el cilindro, pone la boca del arma sobre su cabeza y jala el gatillo, con la esperanza de que el cilindro no esté justo en la recámara donde se aloja la bala. Videos de celulares tomados en la escena muestran a los participantes, aparentemente borrachos, burlándose de Stanimirovic y llamándolo “ruso”. En algún punto, después de mucho alcohol consumido, se formó una discusión entre Rivera y Stanimirovic.

Según investigadores, el hijo de Rivera, Ánderson Rivera Beltrán, declaró ante la Policía que él se fue un momento al baño y, al regresar, su padre y Stanimirovic estaban peleando por un teléfono. Todavía no es claro qué encendió la mecha, aunque algunos creen que pudo ser algo tan trivial como la selección de la música. Ánderson Rivera trató de apartarlos, dicen los investigadores, pero Stanimirovic sacó una pistola, se llevó a Rivera y a su hijo a una habitación, disparó tres veces mientras ellos entraban y mató a Rivera.

Los investigadores afirman que hubo una pelea entre Stanimirovic y el hijo de Rivera, pero no hay ninguna explicación oficial de cómo terminó Stanimirovic con un disparo en su cara. “El serbio tomó una toalla y corrió hacia la calle”, dijo un investigador. “Para el momento en que llegó la Policía, él había perdido mucha sangre y no podía hablar”.

Conexiones criminales

Tal como se lee en un reporte de Policía elaborado muy temprano el pasado 1° de abril, a Stanimirovic lo encontraron, aún vivo, al lado de una vía recién pasada la medianoche, dos policías que respondieron a las denuncias de tiroteos en la zona. Lo hallaron recostado sobre su lado izquierdo. Usaba un pantalón corto de color oscuro, una camiseta roja y zapatos crocs, con una toalla azul “ubicada en su cuello” para detener la sangre que emanaba de una herida en la mandíbula superior. “Lo encontraron consciente, pero no podía pronunciar palabra”, dice el reporte.

Los uniformados siguieron el rastro de sangre hasta la casa de Rivera, donde murieron entre disparos. Un par de horas más tarde, en un hospital de Villavicencio, se declaró que Stanimirovic había fallecido. Se informó ampliamente que era un miembro de alto rango del grupo balcánico Keka y requerido por cargos de narcotráfico en España, Alemania y Portugal. Autoridades españolas, no obstante, le dijeron a BIRN que no tenían registros de él. Las autoridades alemanas y portuguesas no atendieron las preguntas de BIRN.

En Colombia, aunque Stanimirovic era un desconocido para las autoridades, sus entradas previas al país encendieron las alarmas en la frontera. La Policía sostiene que las circunstancias de su muerte apuntan fuertemente a la criminalidad y a que estuviera involucrado en tráfico de estupefacientes. Según el comandante de la Policía de Meta, el coronel Berdugo, la investigación develó nexos entre Rivera y el Clan del Golfo, uno de los grupos criminales más poderosos en Colombia hoy. Un nexo que no lo habían reconocido antes las autoridades.

Así las cosas, la asociación de Rivera con Stanimirovic podría corroborar lo que se sospecha desde hace tiempo: que se han establecido lazos entre los carteles de Los Balcanes y el Clan del Golfo, lo que refleja la creciente presencia y poder de los grupos de narcotraficantes de los Balcanes en Colombia.

“Ciertos grupos de Los Balcanes Occidentales han ascendido en la cadena de valor en los últimos 20 años, de pequeños delincuentes y mensajeros a convertirse en importantes distribuidores de drogas en redes que se extienden desde América Latina hasta Europa Occidental y Sudáfrica”, escribió en un informe en julio la Iniciativa Global contra el Crimen Organizado Transnacional (GI-TOC).

Los grupos criminales de Los Balcanes que hacen presencia en Colombia actúan con cuidado, escribió GI-TOC, viajan sin contrabando o cantidades sospechosas de efectivo, mantienen un perfil bajo y rara vez se quedan más de un mes. A menudo viajan en grupos multinacionales para evitar sospechas y, cuando es necesario, utilizan documentos de identidad falsos de alta calidad.

Felipe Tascón, un experto en la economía de la cocaína en Colombia que ha trabajado con el Estado colombiano y la Unión Europea en el tema, asegura que la falta de evidencia concreta sobre la actividad criminal de Los Balcanes en el país probablemente solo refleja cuán efectivos y disciplinados han sido los criminales balcánicos en mantener un perfil bajo, así como el número relativamente bajo de visitantes de Los Balcanes en comparación con otros operativos criminales extranjeros.

“Oímos mucho sobre una ‘invasión’ de traficantes mexicanos que están activos aquí en Colombia, aparentemente un número mucho mayor que cualquier grupo europeo y, sin embargo, durante mi trabajo de campo en Tumaco nunca he conocido a un mexicano, ni siquiera escuché a un mexicano hablar”, dijo Tascón. “Así que no es descabellado pensar que otras nacionalidades podrían estar aquí, en cantidades menores, sin ser detectadas”.

Incautaciones en Los Balcanes

Antes de que Stanimirovic muriera, en Colombia ya se había hablado de una persona de raíces balcánicas involucrada en el tráfico de drogas de alto nivel: Miro Niemeier Rizvanovic, alias el Ruso. Rizvanovic, ciudadano alemán nacido en Bosnia, fue arrestado por cargos de tráfico de drogas en 2016, pero, según los informes, hizo algún acuerdo con las autoridades que lo dejaran en casa por cárcel. Esa medida, supuestamente, le permitió continuar con sus operaciones de narcotráfico, incluido viajar al extranjero con documentos ecuatorianos falsos y fomentar contactos de tráfico en España e Italia.

Aunque, según los informes oficiales, todavía estaba bajo detención domiciliaria, Rizvanovic fue arrestado en Italia en 2017 y enviado de regreso a Colombia. Un año después, sin que hubiera ninguna explicación por su infracción a la detención domiciliaria, Rizvanovic fue asesinado a tiros en su automóvil después de salir de una fiesta en el Eje Cafetero. Medios locales han especulado que fue asesinado porque ofreció información sobre el Clan del Golfo a las autoridades italianas.

Varias detenciones y redadas de drogas en los últimos años sugieren que mucho está sucediendo entre Colombia y Los Balcanes. En 2014, en Montenegro fueron capturados tres traficantes de armas internacionales sospechosos de conspirar para vender grandes armas a los guerrilleros de las Farc en Colombia, previamente designados por Estados Unidos y la Unión Europea como “terroristas”. En 2018, la policía albanesa anunció la incautación récord de 613 kg de cocaína pura colombiana en un contenedor de banano que provenía de América Latina.

Ese mismo año, cinco personas fueron detenidas, una en Colombia y cuatro en España, luego del descubrimiento de más de una tonelada de cocaína en un jet privado que volaba entre los dos países. Entre los detenidos en España había dos pasajeros albaneses, entre ellos la cabeza de la operación, Julián Deblini, y Dritan Gradica. Mientras tanto, Lelio Nevardo Ávila Santana fue capturado en Colombia por sus conexiones con el grupo, y los medios locales informaron que trabajaba como parte del grupo de Deblini, no para una organización criminal colombiana. (Le puede interesar: Cinco capturados por asesinato múltiple en el Meta fueron enviados a prisión domiciliaria)

Luego, en febrero de este año, como parte de un operativo internacional, la Policía incautó en el norte de Macedonia un kilo de cocaína colombiana en un pueblo cercano a la capital, describiéndolo como “solo una parte” de un cargamento que ingresó desde la vecina Albania.

Mientras tanto, la familia de Stanimirovic en Serbia aún no tiene confirmación de si él está vivo o muerto, dijo su abogado, Aleksandar Šcekic. “Nada ha llegado oficialmente. Esperan que esté vivo ”, dijo Šcekic a BIRN. “La embajada (de Serbia) en Washington está tratando de obtener información de Colombia”. Šcekic también dijo que la Policía serbia y la Interpol estaban involucradas en el caso. Refutó la versión de que Stanimirovic estuviera involucrado en un crimen, diciendo que era “inexacta” y que la familia no tiene idea de lo que estaba haciendo en Colombia.

*Javier Ruiz Afanador desde Bogotá e Ivana Nikolic desde Belgrado contribuyeron a esta investigación.

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