Un traidor al servicio de los 'paras'

Mandó matar al hombre que con sus recursos lo ayudó a llegar a la Alcaldía para favorecer a los paramilitares del bloque Centauros.

Parece una telenovela de mal gusto. Detrás de la condena a 39 años y 6 meses de prisión contra el exalcalde de Villavicencio Germán Chaparro Carrillo hay traición, corrupción y la mano negra del paramilitarismo, que en los Llanos Orientales, como en otras regiones del país, movió los hilos de la política a su antojo. En resumidas cuentas, a Chaparro Carrillo lo sentenciaron por planear, junto con los hombres del bloque Centauros de las autodefensas, el homicidio de quien lo ayudó a llegar a la Alcaldía: su antecesor, Ómar López Robayo. Sin embargo, la historia es más enrevesada.

A finales de 2003 se acababa la alcaldía de López Robayo. No obstante, él no quería entregar el poder. Entonces se puso a la búsqueda de un sucesor, alguien que fuera su títere en la administración local. Fue así que, tras bambalinas, apoyó la candidatura de Germán Chaparro Carrillo. Con él pactó que lo apoyaría con publicidad y $4.000 millones a cambio de lo de siempre: si éste era elegido le daría el control de la contratación de la ciudad.

En su condena, el Tribunal Superior de Bogotá recalcó que varios testigos del proceso aseguraron que “Chaparro no era una persona adinerada que contara con los recursos para sostener una campaña política, (mientras que), Ómar López Robayo contaba con una maquinaria y un músculo financiero importante para soportar la contienda electoral”.

Carrillo fue elegido meses después. Sin embargo, justo llegó al poder, empezó a traicionar a López, hasta que un día se reunió con hombres del bloque Centauros y planeó con ellos el asesinato de su mentor. Los paramilitares querían quedarse con la contratación de la ciudad y conseguir recursos para su guerra contra las Autodefensas Campesinas de Casanare que comandaba Héctor Buitrago, alias Martín Llanos.

No obstante, López se había negado a darles su parte del ponqué y se aferraba a su carrusel de contratos. Por su parte, Chaparro quería romper a como diera lugar el pacto que lo llevó a la Alcaldía. “Ya soy el alcalde, hago lo que quiero y no tengo que responderle nada a nadie”, le dijo alguna vez a López. Todos estos factores confluyeron para que el homicidio se fuera gestando.

A pesar de saber que a López lo iban a asesinar por orden suya, el 13 de febrero de 2004, Chaparro Carrillo asistió al cumpleaños de su antecesor y platicó con él, al parecer, en términos respetuosos. Nueve días después, y mientras observaba un partido de fútbol en la capital de Meta, dos sicarios se acercaron a López y lo asesinaron a él y a tres personas que lo acompañaban. Dicen que el comandante del Bloque Centauros Miguel Arroyave celebró durante 15 días cuando supo que al exalcalde lo habían asesinado. Con su muerte se aseguró el control de las arcas de Villavicencio.

El Tribunal alertó que “Chaparro fue ficha clave de la incursión del paramilitarismo en la ciudad de Villavicencio, pues después de que logró la alcaldía y la muerte de Ómar López Robayo, se dio paso a nuevas negociaciones en el municipio, entre ellas, con la ARS Tayrona, que se presumía era propiedad de grupos armados ilegales”. El poder de la ARS Tayrona en la capital del Meta no creció gracias a que el mismo Gobierno denunció sus vínculos con el paramilitarismo y ordenó su cierre. El desangre, pues, pudo ser mayor.

Todo esto se lo confirmaron a la justicia el guardaespaldas de Arroyave, Juan Carlos Mira Vélez, alias Mira y otros testigos. Mira sería asesinado años después, sin embargo, su testimonio quedó y fue la clave para desenmarañar la trama de la parapolítica en los Llanos Orientales. Con la muerte de López sobrevino una crisis política en la que Villavicencio cambió de alcalde más de cinco veces en menos de nueve años. Esta historia es la muestra de que durante mucho tiempo los Llanos quedaron a merced de la corrupción y el paramilitarismo. Y que un traidor al servicio de la criminalidad tuvo en sus manos el poder de toda una ciudad.

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