"El machismo se incuba desde pequeñitos": víctima de violencia de género

Los relatos de dos mujeres víctimas de la violencia de género ejemplifican porque en Colombia, a pesar del avance normativo, las cifras por esta violencia siguen siendo escandalosas.

En Colombia, El año pasado se realizaron 18.876 exámenes médico legales por presunta agresión sexual. / Foto: AFP

–Ahora si se te acabó el reinado, ya no vas a hacer conmigo lo que se te da la gana–.

Mientras sonreía para la foto de matrimonio, Héctor* le soltó esas palabras a Stefania* entre dientes. Media hora antes de casarse, borracho, le había gritado lleno de cólera a quien sería su esposa por demorarse en la peluquería. Desde ese momento Stefania decidió que no quería casarse. Doce años después lo dejó.

No sabe por qué se tardó tanto. O sí: los hijos, la falta de trabajo, el miedo. Toda una sociedad diciéndole que ella ya sabía cómo era él antes de casarse. Un comisario de familia que le dijo que no destruyera su familia, que resolviera eso en la casa. Un fiscal que le dijo que era una loca por grabar las amenazas que le hizo su esposo cuando ella le anunció que se quería separar. Toda una sociedad que de tanto ver mujeres abusadas, lo ha normalizado. Pasa la página. No lee su relato.

En Colombia, una de cada cuatro mujeres asesinadas, mueren a manos de su pareja o expareja. La mejor amiga de Stefania, por ejemplo, fue asesinada por su marido, un exmilitar, cuando le dijo que se iba. Luego de dispararle, el hombre llamó a un hermano y le dijo: “yo por esa perra no voy a pagar ni un día de cárcel” y se suicidó. “No por arrepentimiento, ni amor, ni nada: porque no creía que valiera la pena pagar por ella. Así de poquita cosa creía que era”, recuerda Stefania.

Muchos dirán que esos son casos excepcionales, que son hombres enfermos. Pero los datos muestran otra cosa: según la Fiscalía, en el presente año 99.805 mujeres acudieron a esa entidad para denunciar violencia intrafamiliar – eso sin contar las denuncias que llegaron en noviembre– . Cada hora, segpun la Onu, nueve mujeres sufren violencia en sus hogares. Carlos Valdés, el director del Instituto Colombiano de Medicina Legal, señaló hace unas semanas que el mayor problema para acabar con la violencia contra la mujer es la indiferencia. Belén Sanz, representante de Onu Mujeres en Colombia, se manifiesta en el mismo sentido.

“Desde la Onu, en compañía de la alta consejería para mujer, hemos hecho dos estudios comparativos respecto a la tolerancia ante la violencia contra las mujeres. Hemos visto que se ve como algo normal: el estudio reporta que el 37% de los colombianos creen que las mujeres que se visten de manera provocativa pueden ser violadas, el 45% considera que quienes siguen con sus parejas después de ser golpeadas es porque les gusta, el 41% piensa que cuando un hombre está bravo es mejor no provocarlo y el 78% cree que ‘la ropa sucia se lava en casa”, señala Sanz.

Esa creencia de que la violencia intrafamiliar es un asunto privado, es tal vez una de las mayores dificultades para que las mujeres accedan a la justicia y la protección que el estado debería brindarles. Sanz explica que “Colombia está muy avanzado respecto a otros países en el ámbito de desarrollo legislativo y normativo que tipifica la violencia como un delito y crimen. No obstante, su implementación no es adecuada”.

Stefania cuenta que tras su separación en 2002, Héctor llegó hasta su casa y rompió la puerta a patadas. “Me iba a matar, y la policía se demoró más de una hora en llegar que porque era un problema familiar, y cuando por fin se lo llevaron, la Policía misma le dijo a él que mi hermano era quien había puesto el denuncio, como para que lo identificara y lo buscara”. 

“La guerra no se inventó la violencia sexual”

Si a un contexto social tolerante a la violencia contra la mujer se le agrega un conflicto armado, ocurre que una población ya vulnerable se vuelve doblemente víctima. La consecuencia: la mitad de los ocho millones de víctimas son mujeres, y para el 2015, había 5.000 que denunciaron haber sufrido violencia sexual en el marco del conflicto. “Y eso que en este aspecto, el subregistro es bárbaro”, señala Belén Sanz. En 2008, la Corte Constitucional reconoció mediante el auto 092 que el impacto del conflicto armado y del desplazamiento forzado sobre las mujeres era "desproporcionado".

A Maria Eugenia Cruz la secuestraron en Cartagena cuando tenía 17 años. Era 1987. Se la llevaron a una casa en Barraquilla, en donde durante un año, actores del conflicto –prefiere no decir quiénes– abusaron sexualmente de ella. Un día que su captor se descuidó, ella decidió salir corriendo. “Corí y corrí y corrí. Me recibieron en una casa donde no me conocían, me cuidaron hasta que me regresé a Cartagena”.

En 2004 tuvo que irse de Cartagena cuando los paramilitares comenzaron a buscarla porque hospedó en su casa a una pareja de desplazados de los Montes de María. Regresó, pero en 2007 tuvo que irse de forma definitiva, cuando los paramilitares empezaron a matar, uno a uno, a los miembros de la Coordinación Nacional Desplazados, de la que ella hacía parte. Dos años más tarde, las mujeres desplazadas y víctimas decidieron agruparse y poner la violencia de género en la agenda.

“Las amenazas aumentaron: No había garantías para que defendiéramos nuestros derechos. Comenzó la violencia sexual contra el liderazgo femenino, amenazas a nuestros hijos y a nosotros. Es muy grave es cuando abusan sexualmente a nuestras compañeras como castigo por hacer este trabajo, nos dicen que nos callemos, que no desestabilicemos. Pero en lugar de callarnos, lo que nos han hecho nos ha dado fuerza”, relata Cruz.

Solo hasta 2014, Maria Eugenia Cruz pudo contar su historia. “Es el único delito en el que las víctimas sentimos miedo y vergüenza, sentimos culpa”, explica. Por eso, creó la organización Mujer, sigue mis pasos, que acompaña a mujeres víctimas de la violencia sexual, no solo en el conflicto porque sabe que “la guerra no se inventó la violencia contra la mujer”. Desde la organización han apoyado a más de 800 mujeres para que denuncien en todas las entidades estatales con un modelo que ha sido reconocido a nivel internacional.

“Nosotros hacemos presencia en Bolívar, Antioquia, Nariño, Valle del Cauca, Buenaventura, Bogotá, Quibdó y Arauca. Allí, las mujeres víctimas se nos acercan y nos cuentan su caso, a través de la lideresa de la corporación en el territorio, quién además también es una víctima. La lideresa recibe la historia y cuando hay 60 mujeres que quieren denunciar, se hace colectivamente. Las llevamos y denuncian de manera simultánea ante Fiscalía y defensoría, y a quienes son víctimas del conflicto, se les toma la declaración y ase adelanta el proceso para ser incluidas en la Unidad de víctimas”, explica Cruz.

Para combatir la violencia contra las mujeres, dice Maria Eugenia Cruz, es necesario encontrar soluciones creativas. Belén Sanz, representante de Onu Mujeres en el país, señala que es fundamental cambiar los imaginarios sociales y que desde todos los niveles de gobierno se asuma una política de cero tolerancia ante actitudes y acciones que victimizan a las mujeres. Por su parte, Stefania cree que la educación es la respuesta. Que una cosa así, de este tamaño, “se incuba desde pequeñitos”.

*Identidad reservada a petición de la fuente.

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