Habitante de una zona de invasión en el sur de Bogotá

Unas donaciones casi le cuestan cárcel

Una “vaca” realizada en el extranjero, para ayudar a María Reyes ante su difícil situación económica, estuvo a punto de acarrearle un lío judicial por fraude al Estado y lavado de activos.

A María Reyes le informaron que iba a ser investigada en el momento de querer abrir una cuenta bancaria. / Óscar Pérez

En una improvisada vivienda, hecha de retazos de lata y madera y ubicada en una zona de invasión de Ciudad Bolívar, en el sur de Bogotá, vive María Reyes*. Su casa se encuentra únicamente con indicaciones, pues en esa colina las nomenclaturas ya no existen. Hace poco recibió donaciones del extranjero por un reportaje en el que Univisión mostró su difícil situación. Sin embargo, en el momento de querer redimirlas en la sucursal Bancolombia de Dorado Plaza (sur de Bogotá), no pudo: le indicaron que iba a ser investigada por lavado de activos y enriquecimiento ilícito, pues no era normal tal actividad en su cuenta bancaria.

Ni ella ni su familia, compuesta por sus dos hijos, su hermano y su mamá, buscaron este tipo de ayuda. Las largas jornadas en las que María Reyes hace aseo en residencias son el único ingreso que les permite vivir. Sin embargo, en las cinco horas en las que estuvo en Bancolombia fue acusada por delitos que, dice ella, ni siquiera conocía: “Me dijeron que yo era sospechosa por mi insistencia en la plata. Yo les dije sobre mi situación económica y entonces me dijeron ‘eso está muy sospechoso y la vamos a poner con una alarma roja porque eso se llama fraude al Estado. Eso se presume que puede ser lavado de dinero’. Yo le dije que no sabía qué era eso”.

En ese momento, cuenta entre lágrimas, se llenó de angustia, pues al banco la acompañaron sus hijos y temió ser retenida dejándolos ahí. “Se pusieron a conversar y a decir que tocaba mandarme a que rindiera declaraciones a una oficina en la 31 con séptima (en Bogotá). Yo les pregunté si me iban a meter a la cárcel y me dijeron que dependía de las investigaciones”. María Reyes asegura, además, que después de advertirle que había quedado bloqueada de Bancolombia y que su proceso había empezado, le dijeron: “Esas personas que le consignaron pueden hacer parte de un cartel de delincuentes que por medio de usted quieren delinquir”.

Funcionarios de Bancolombia le confirmaron a El Espectador que efectivamente se recibieron donaciones y que frente al tema no existe ningún problema. Lo que sucedió, según el banco, fue que cuando María Reyes solicitó la creación de la cuenta para redimir el dinero y se le preguntó el motivo por el cual quería hacerlo, no hubo una respuesta clara en su criterio, sólo que era un regalo, lo que inmediatamente generó una alerta y la necesidad de realizar un procedimiento adicional de verificación. Este, según la entidad, es importante para evitar que efectivamente se cometa un delito.

El martes pasado, Bancolombia afirmó haber llamado a María Reyes para decirle que no había problema con su caso y que se podía acercar a una sucursal para arreglar la situación. Su respuesta fue: “Me siento muy denigrada, ustedes me humillaron y créanme que están cometiendo una injusticia conmigo”. Luego, le habrían dicho: "Señora, la verdad es que nosotros en el banco le queremos pedir una disculpa porque nosotros ya vimos el video suyo. Vamos a mirar cómo arreglamos la situación”. El banco confirmó a este diario estar en desacuerdo con que “no se haya dado la información adecuada, correcta y que el cajero haya generado incertidumbre y malestar en esta señora”.

María Reyes es una de tantas víctimas de la violencia que han tenido que llegar a Bogotá y rebuscar un lugar para vivir. Hace más de diez años salió del Tolima en estado de embarazo con su hijo, su mamá y sus tres hermanos. Trabajó como guardia de seguridad un tiempo e intentó hacer un curso en el Sena, pero por estar a cargo de sus hijos no pudo completarlo. Ese fue el momento en el que llegó, junto con otros desplazados, a la falda de esa colina de Ciudad Bolívar, pese a que el Estado ha tratado de impedirlo en diferentes ocasiones.

El proceso de ocupación “fue muy difícil, porque muchas veces ha venido acá el Esmad, nos ha violentado nuestros derechos, nos han golpeado. Aquí la mayoría somos mujeres que queremos sacar nuestros hijos adelante, que, con un trabajo de vendedoras ambulantes, haciendo oficio, es que nos ganamos la vida”, dice María Reyes. Sin servicios públicos, lo único que recibieron por parte de la Alcaldía fue una carta en la que les advirtió que no se hacía responsable por los daños que podría ocasionar una catástrofe natural.

Al duro camino de María Reyes se sumó la situación que vivió hace unos días. Lo que comenzó con la ilusión de pasar una Navidad tranquila y abundante, terminó siendo una experiencia que la dejó con el pánico de no volver a ver a su familia. Bancolombia aceptó haber dado la información de forma descontextualizada y “hará el respectivo llamado de atención para que no vuelva a ocurrir”. El único objetivo de María Reyes sigue en pie: “Quiero que un día mis hijos puedan decir ‘a punta de esfuerzo fue que mi mamá nos sacó adelante’”.

*El nombre de la mujer fue cambiado para proteger su identidad.

 

 

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