La verdad detrás de las almendras que recibió Vicky Dávila

El Espectador reproduce el primer capítulo del libro “En honor a la verdad” de la exdirectora de La FM, quien relata los pormenores del escándalo de la Comunidad del Anillo que provocó su salida de la casa editorial RCN.

Óscar Pérez - El Espectador

Tres meses después de su salida de la casa editorial RCN, Vicky Dávila publicó su libro “En honor a la verdad”, en el que explica los pormenores de la investigación en la que reveló el escándalo de la Comunidad del Anillo, la supuesta red de prostitución al interior de la Policía y que salpicaba al general (r) Rodolfo Palomino. El Espectador reproduce el primer capítulo.


Almendras amargas

El 17 de febrero fue el día más triste de mi vida profesional. El poder me mostró sus dientes y realmente me mordió. A las 6:30 de la tarde supe que mi tiempo en RCN había terminado. Aunque en honor a la verdad, mi despedida comenzó en la oficina de mi jefe cinco días antes con el tarro de almendras que el Gobierno me envió a través de la superministra María Lorena Gutiérrez.

Con esas almendras amargas el gobierno pidió mi cabeza por la investigación sobre la “Comunidad del Anillo” en la Policía y las denuncias que hicimos sobre la intensa persecución contra los periodistas de La FM. Las denuncias no solo salpicaron al general Rodolfo Palomino y a su círculo de asesores, sino que además incomodaron al presidente Santos, al ministro de Defensa, a la superministra Gutiérrez y amenazaron la estabilidad de uno de los principales conglomerados económicos del país, la organización Ardila Lulle.

Mi salida se produjo en medio de la polémica nacional que se armó por la publicación sin editar del video sexual de dos funcionarios públicos, presuntamente involucrados con la “Comunidad del Anillo”, pero más allá de este incidente, nadie ha podido desvirtuar los graves hechos que denunciamos sobre lo que estaba ocurriendo en la Policía. Existió y probablemente sigue viva una red de prostitución en la institución dedicada a la venta de sexo, especialmente homosexual, a políticos y altos mandos de la institución, a cambio de favores y dinero, en donde presuntamente hay al menos una mujer muerta. Los seguimientos a periodistas siguen siendo motivo de investigación, al igual que el posible incremento injustificado del patrimonio del entonces director de la institución y las grabaciones que prueban cómo sus subalternos presionaron a un alto oficial para que cambiara sus denuncias de supuesto acoso sexual contra el general Palomino.

Esta historia tiene una génesis

El capitán Ányelo Palacios llegó por primera vez a mi oficina. Un hombre joven y simpático, alto, acuerpado, de ojos verdes y piel trigueña. Estaba angustiado, se le notaba en su rostro sombrío, porque al otro día le imputaban cargos en la justicia penal militar por haber denunciado lo que le pasó en la Policía desde que estaba en la Escuela de Cadetes.

Las palabras se le atropellaban, pero se aferraba a su versión. Empezó a relatar una vez más, con mucho detalle, lo que le había sucedido. Aseguró que el coronel Jerson Jair Castellanos lo había violado con otro hombre en una habitación del Club Militar en Bogotá, luego de haberlo drogado con una bebida. Mencionó al general Palomino, como uno de sus persecutores y llorando dijo que había hecho lo posible para encontrar las pruebas que dejaran al descubierto ante las autoridades a sus victimarios. Fue allí cuando me habló del comprometedor video entre él y el exsenador Carlos Ferro.

Aseguró que planeó la situación y grabó a Ferro porque el político, como congresista presuntamente se beneficiaba de la “Comunidad del Anillo”. Afirmó que había intentado grabar al parlamentario en otra oportunidad con un reloj con cámara que le prestaron, pero no le funcionó y tuvo que aceptarle un segundo encuentro.

Ányelo me reveló que trató de obtener pruebas contra el general Palomino y no lo logró. Cuando le pedí detalles sobre eso, me dijo que simplemente no se presentó la oportunidad, pero me habló de un supuesto encuentro con el general en el que el alto oficial, según el policía, le habría hecho insinuaciones a cambio de trasladarlo a Bogotá para estar al lado de su hermana enferma que estaba a punto de morir. Según Ányelo, el director Palomino le puso una mano en el hombro y le preguntó qué habría a cambio del traslado. No hubo más detalles.

Vi el video. Más allá de lo escandaloso o grotesco, lo primero que tenía que resolver era si lo iba a publicar o no, para ello tenía que aclarar varios interrogantes: ¿Qué aportaba a nuestra investigación el material? Y fundamentalmente, ¿era de interés público? En mi equipo de trabajo, mirando el mapa completo de las denuncias que habíamos hecho encontré argumentos para la divulgación. Pero como la responsabilidad final de esta clase de noticias por lo grandes y complejas, recae en el director, consideré que sí debía publicarlo, que era una ficha relevante de la investigación periodística. Me la jugué sin dudarlo.

La información tiene un qué y un cómo. Aquí el video era el qué y el cómo la manera de divulgarlo. Decidí, después de una serie de consultas de carácter legal, que el video tenía que estar editado antes de ir al aire. Más allá de la imagen, el valor estaba en el diálogo entre el policía y el político, ambos funcionarios públicos y en un carro del Estado. Entendí que por lo explícito de la conversación había que sintetizarlo para dejar lo esencial. El 3 de febrero me reuní en el bunker de la Fiscalía con los coordinadores de las investigaciones de la “Comunidad del Anillo” y la corrupción en la Policía. Los funcionarios enfatizaron que para publicar el material debía estar judicializado y nos recomendaron que le hiciéramos la sugerencia al capitán Palacios para que él como víctima aportara el video a las investigaciones. Fuimos honestos y les revelamos a los fiscales cómo habíamos obtenido la grabación entre el exsenador y el policía.

En La FM no teníamos afán en publicar ese documento y menos después de las advertencias de los fiscales; durante casi un mes estuvimos consultando la viabilidad legal de su divulgación. Ese mismo tiempo lo usamos para investigar otros asuntos, como los antecedentes del entonces viceministro del Interior.

Comenzamos a trabajar en la edición del material para tener todo listo para el momento que decidiéramos que era oportuno publicar el video.

Recuerdo aquella mañana en la que junto con una de las periodistas del equipo escribimos el texto de la nota y señalamos los apartes del video que no debían salir al aire por lo explícitos y subidos de tono. Pero como no teníamos afán de publicar, nos dedicamos a otros pormenores de las investigaciones y la grabación nunca fue editada. La cinta fue un tema que ingresó a las tareas pendientes.

El martes 16 de febrero de 2016, parecía un día normal en la cabina de La FM. Como decimos los periodistas: “No había nada”, para referirnos a que en el panorama informativo no había nada fuerte o extraordinario. Dentro del escándalo que estábamos investigando, teníamos planeado publicar el llamado a interrogatorio de un mayor en retiro por los hechos de la “Comunidad del Anillo” y los testimonios de cinco capitanes que se habían ratificado en sus denuncias sobre la red de prostitución en la Policía.

La noticia la empezamos a anunciar desde muy temprano para crear expectativa. Minutos antes de su publicación una fuente nos advirtió sobre una “muy importante” declaración que daría en cualquier momento el Procurador General, Alejandro Ordóñez, sobre los escándalos en la Policía Nacional. Aplazamos entonces la exclusiva y esperamos los anuncios de la Procuraduría.

Cuando una fuente alerta así sobre una gran noticia, el estómago y el corazón del reportero se estremecen. Una especie de ansiedad y nerviosismo se activan para establecer de qué se trata. Desde el director, los editores y los reporteros echan teléfono intensamente para cazar la noticia lo antes posible. Es una carrera contra el reloj. La fuente estaba cerrada y los datos eran fragmentarios y algunos contradictorios.

Pasadas las 8 de la mañana se acabaron las especulaciones. El Procurador General dejó tambaleando al director de la Policía, que pese a las graves denuncias que nosotros habíamos hecho, hasta ese momento estaba sólido y con el respaldo del presidente Santos, el ministro de Defensa y algunos medios de comunicación.

El Procurador anunció la apertura formal de tres investigaciones contra el general Rodolfo Palomino: por las chuzadas a periodistas, concretamente al equipo de La FM; por presunto incremento injustificado de su patrimonio —enriquecimiento ilícito— y por los hechos de la “Comunidad del Anillo”.

Sobre este punto Ordóñez mencionó como posible prueba fundamental la existencia de un video entregado al Ministerio Público por el capitán Ányelo Palacios, en su calidad de denunciante y víctima, que probablemente involucraba en la red de prostitución a un excongresista, que ocupaba un alto cargo en el gobierno.

Las revelaciones del Procurador cambiaron la agenda informativa de los medios. Los extras y los “mucha atención”, sonaron por todas partes. Incluso colegas que hasta ese momento estaban en el coro del gobierno de calificar las denuncias de La FM como una serie de chismes y rumores, comenzaron a creer en las denuncias periodísticas e incluso empezaron a decir que el general Palomino debía renunciar, que su situación era insostenible.

Los medios nos monitoreamos unos a otros para saber qué noticias están emitiendo. En ese seguimiento, que es minuto a minuto, me reportaron que los demás colegas estaban hablando del video que había revelado el Procurador y en especial sobre quién sería el congresista mencionado por Ordóñez.

Como nosotros habíamos comenzado con estas investigaciones, teníamos mucha más información y sabíamos de qué trataba el explosivo video grabado por Ányelo Palacios, y quién era el excongresista mencionado por el Procurador. Las palabras del Procurador fueron precisas en otro aspecto. El video estaba judicializado, era una de las posibles pruebas importantes del Ministerio Público para descubrir, procesar disciplinaria y penalmente a los presuntos integrantes y ‘beneficiarios’ de la “Comunidad del Anillo”.

El documento de apertura de investigación de la Procuraduría General de la Nación es contundente:

“Adicionalmente y con el ánimo de probar la red de prostitución masculina y de la que posiblemente fue víctima, el señor capitán Ányelo Palacios Montero efectuó algunos señalamientos en contra del señor Carlos Roberto Ferro Solanilla, entonces senador de la República para el momento de los hechos que se denuncian. Al respecto el declarante adjuntó un registro audiovisual que en su criterio sería una de las pruebas que demostraría la conducta presuntamente irregular.
“En efecto, el anterior testigo no solo relató que oficiales de la Policía Nacional estarían involucrados en una red de prostitución masculina en esta institución, sino que ese modus operandi también se pudo haber presentado en el Congreso de la República a través de oficiales de la Policía, como el entonces coronel Jerson Jair Castellanos Soto, quien posiblemente era el enlace de dicha corporación. Pues bien, una de las finalidades de esa presunta irregularidad, sería el lograr apoyo político para ascender en la carrera policial. Esa práctica conforme a lo dicho por el declarante, pudo haber ocurrido entre los años 2004 y 2008. Período en el cual algunos policías serían obligados a llevar una bandera para que algunos congresistas pudieran escoger a aquellos uniformados que fueran de su agrado o de su gusto, con el fin de satisfacer sus deseos sexuales.

“Sin embargo, en lo que respecta al Congreso de la República, ya habrían pasado más de 5 años para iniciar la correspondiente acción disciplinaria. Ni siquiera podría aplicarse la norma contenida en la ley 1474 de 2011. Por cuanto esta fue proferida con posterioridad a la conducta que se denuncia.
“Así las cosas, este despacho se abstendrá de iniciar alguna actuación disciplinaria en contra del entonces senador Carlos Roberto Ferro Solanilla y demás miembros del Congreso de la República, sin prejuicio de que en lo sucesivo, se puedan recaudar otras pruebas que eventualmente acrediten que dichos hechos irregulares se hayan seguido presentando en lapsos respecto de los cuales la acción disciplinaria no esté prescrita.

“En ese orden de ideas, lo denunciado por el señor Ányelo Palacios Montero podría tener incidencia penal, pues habría elementos que permitirían inferir conductas punibles de proxenetismo, inducción a la prostitución y trata de personas de miembros de la Policía Nacional, comportamientos estos en los que presuntamente habrían participado el entonces senador Carlos Roberto Ferro Solanilla y algunos oficiales de la Policía Nacional. En este sentido este despacho en virtud de lo establecido en el numeral 24 del artículo 34 del código disciplinario único, estima necesario expedir copia de la declaración y del medio aportado por el declarante para que se remita a la Fiscalía General de la Nación para lo de su cargo y competencia”.

La Procuraduría le dio carácter probatorio al video en ese contexto; entonces fue el momento en que decidí publicarlo. El video estaba sin editar, aún así, sentí que tenía un alto valor periodístico.

Casi todos los que me cuestionan sin atenuantes esa decisión, señalan que lo debí editar. Acepto ese debate. Pero si lo edito, seguramente me hubieran acusado de alterar o haber manipulado una prueba. Por eso insisto en que había que publicar el video en todo caso. Sentí que era mi deber como periodista, así fuera inconveniente, incluso para mí.

A simple vista podía parecer una conversación privada entre una pareja homosexual, con una alta carga erótica. Pero vale la pena revisar el contexto: una víctima, en este caso el capitán Ányelo Palacios, quien grabó el video en busca de una prueba que dejara al descubierto a uno de sus supuestos victimarios. La conversación se da entre dos funcionarios, uno senador de la República en el momento de los hechos y el otro, un oficial de la Policía, en un carro del Estado y quizás en horas laborables.

En uno de los fragmentos más importantes hablan claramente de hacer favores a cambio de sexo.

Ferro: ¿Cuándo fue que tú comenzaste…?
Ányelo: ¡Pequeño no! Ya grande, después de la escuela más o menos… La primera vez que lo hice fue por un favor.
Ferro: ¿Un favor?
Ányelo: Que me hicieron, sí.
Ferro: ¿Quién, un policía?
Ányelo: No, un civil. Entonces, pues tocó contribuir.
Ferro: ¿Cuántos años tenías?
Ányelo: Como 21 o 22.
Ferro: ¿El tipo cuántos?
Ányelo: ¿Él? como 45 o 46.
Ferro: ¿…comiste rico?
Ányelo: Pues, la verdad, fue bastante duro no, porque uno nunca ha hecho eso. ¡Bastante duro!
Ferro: ¿Y después?
Ányelo: Y después, pues ya como dos o tres veces más, pero por favores han sido. No han sido así, que por qué uff!! Es que me encanta, que me guste, ¡no! Y usted, porque la vez pasada me propuso. Pues no sé, probar a ver.

Curiosamente dos días después, el exsenador Ferro, aseguró que conoció al denunciante en su labor de policía y que le hizo varios favores. Los periodistas que lo entrevistaron jamás le preguntaron cuáles fueron esos favores que él le hizo a Palacios y cómo terminó en una escena sexual con otro funcionario, al que reconocía haberle hecho favores, después de conocerlo en un municipio de Cundinamarca en cumplimiento de sus funciones, donde el capitán hacía parte de la Policía de tránsito.

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Entrevista BLU radio (18 de febrero de 2016, entrevista a Carlos Ferro y su señora Marcela Pineda, mesa de trabajo de Mañanas BLU, director Néstor Morales y Noticias Caracol director Juan Roberto Vargas)

Periodista: “¿Cómo conoce usted al capitán Palacios…?”.
Ferro: “No, simplemente para no dar mayor explicación, yo le he hecho muchos favores por la vida política a la gente, en todo sentido… Algún día se acercó y me dijo que tenía una serie de dificultades y que buscaba que le pudieran ayudar por unos temas que estaba enfrentando en su momento. Esa fue la primera vez. Después se acercó nuevamente para pedir que se le ayudara en unos temas, pero de resto yo nunca tuve una relación profunda en ningún sentido”.

El modus operandi básico de la “Comunidad del Anillo” es recibir favores a cambio de dar sexo. Ascensos a cambio de sexo, traslados y bienestar laboral a cambio de sexo y sexo a cambio de dinero.

En noviembre de 2015, tres meses antes de todo esto, Ferro había asegurado que no conocía al capitán Palacios. Pero el video prueba que sí se conocían y de por medio estaba la denuncia del oficial que desde 2014 señalaba al exviceministro como uno de los supuestos “usuarios” de la red de prostitución.

Tras la publicación del contenido del video en La FM varias cadenas radiales y otros medios de comunicación nos pidieron el material para divulgarlo y solo unos minutos después, el viceministro Carlos Ferro renunció a su cargo, aunque en la Casa de Nariño intentaron vender la idea de que su salida estaba lista desde hacía algunos días y que no era por los anuncios del Procurador General. Al viceministro le aparecieron importantes defensores: Juan Fernando Cristo, su exjefe y algunos congresistas de la Unidad Nacional.

En un comunicado el general Palomino anunció que, pese a los graves señalamientos de la Procuraduría, seguiría en el cargo de director de la Policía Nacional. Lo triste es que la publicación del video desvió el debate de fondo; el director de la Policía estaba siendo investigado por las chuzadas a periodistas, por presunto incremento injustificado de su patrimonio y porque presumiblemente hacía parte fundamental del escabroso episodio de la “Comunidad del Anillo”. Todos se olvidaron de eso y se dedicaron a cuestionar duramente la divulgación de la cinta.

La polémica se encendió como hoguera en las redes sociales. Los cuestionamientos dejaron de ser para el director de la Policía y se enfilaron contra la directora de La FM, por una decisión periodística.

Esa tarde estuve con mi equipo organizando lo que haríamos al día siguiente. Para mí era extraño que el debate se hubiera centrado en la conversación sexual entre Ferro y Palacios, y no en lo que podía haber detrás, pues muchos querían calificarla como una simple conversación “privada”.

¿Si la víctima estaba diciendo la verdad? Y si Ferro había hecho parte de la red de prostitución que servía desde la Policía a altos mandos y a congresistas? Nada de eso parecía importarles a los enardecidos .A ellos se sumaron los que se sintieron ofendidos o preocupados o que, por una razón u otra, vieron amenazados sus intereses ¡en fin! Algunos colegas también a gritos clamaron aquel día como el más oscuro para el periodismo nacional: Nunca los vimos así de iracundos con la corrupción en la Policía. Otros como mi excompañera Claudia Gurissatti, curiosamente me felicitaron por el video, pero luego me lanzaron piedras y ella en especial, enfiló sus baterías para que la organización entrara en un ataque de nervios con las presiones del gobierno Santos.

No pretendía que todos estuvieran de acuerdo conmigo. El debate es valioso cuando no hay odio de por medio, ni intereses mezquinos. Muchos pedían mi cabeza. Entre otros, el presidente Santos, que al día siguiente de la publicación se “quitó” la banda presidencial para criticar mi trabajo y mostrarlo como un mal ejemplo del oficio, en una conversación con la periodista Ángela Patricia Janiot. (17 de febrero de 2016, conversación entre la periodista Ángela Patricia Janiot de la cadena CNN en español y el presidente Juan Manuel Santos, durante el evento ‘Colombia hacia un país de altos ingresos con movilidad social’ organizado por Foros Semana en el club El Nogal)

Janiot: “¿Qué le parece, si lo vio, las consecuencias y bueno su reacción a la renuncia del general Palomino, del viceministro Ferro y de estas denuncias que están investigando la Procuraduría y la Fiscalía sobre esta posible “Comunidad del Anillo” entre los oficiales de la Policía?”.
Santos: “Ángela Patricia, sobre la renuncia del general Palomino yo ya me pronuncié esta mañana, di una declaración y creo que quedó claro. Yo espero que rápidamente las entidades que están investigando den su resultado. No se puede señalar a un general y acusarlo de ciertas cosas que, él sostiene con mucha convicción, que nada tuvo que ver con lo que lo están acusando. Lo del video, yo le devuelvo a usted la pregunta: ¿Usted es periodista, yo soy periodista, a usted le parece divulgar ese video buen periodismo?”.
Janiot: La verdad es que no lo he visto. Pero no, no, no, pero bueno, ya venía para el evento y no lo pude ver. Pero sí sé que ha sido muy criticado y muy cuestionado por los colegas”.

Santos: “Y los colegas, los periodistas deberían hacer un cuestionamiento ellos mismos, de aquí se está saliendo de madre ese tipo de ataques, información, que eso no es un buen periodismo. Yo se lo digo como periodista, no como presidente”.
Janiot: “Gracias, gracias por su respuesta”.

Lástima que esa sangre de periodista no le haya aflorado al presidente el día en que me citó a la Casa de Nariño y me escuchó durante dos horas contándole que los periodistas del equipo de La FM estábamos siendo víctimas de chuzadas y seguimientos. ¡No! Ese día el presidente Santos olvidó qué era ser periodista y decidió proteger a los victimarios, descalificando nuestras denuncias, ridiculizándonos y ayudando a tapar burdamente lo que probablemente hicieron subalternos suyos. El presidente Santos nos puso en un peligro mayor.

Después de las opiniones del presidente hablé con mi jefe por teléfono. Estaba muy angustiado. Yo lo había mantenido al tanto de los pormenores de la investigación y pensé que él entendería las razones periodísticas. Él sabía que yo tenía el video en mis manos desde hacía casi un mes y yo le había hablado detalladamente de su explosivo contenido. Al otro lado del teléfono solo escuché a un empresario asustado. La conversación fue corta y me aseguró que las “retaliaciones que se vendrían para la organización por parte del Gobierno serían muy graves”. Nos despedimos y me eché a llorar.

Recordé lo ocurrido cinco días antes para entender lo que estaba sucediendo. El 9 de febrero, Día del Periodista, el equipo de investigación de La FM fue premiado por el Círculo de Periodistas de Bogotá (CPB) por el trabajo: “La mala hora de la Policía”, un compendio de las denuncias que involucraban al director de la institución y a algunos de sus subalternos.

Esa noche sentimos que el gremio nos estaba acompañando en la dura batalla periodística que habíamos emprendido sin medir las consecuencias, ni los riesgos, incluso para nuestra integridad y la de nuestras familias. Muchos nos advirtieron que la Policía, sobre todo a ese nivel al que llegamos, al nivel del director, era intocable y que toda denuncia iba a tener un precio muy alto.

Fue emocionante recibir de la periodista María Isabel Rueda la estatuilla con la que nos hacían el reconocimiento a la mejor investigación. Me acerqué al micrófono, saludé a los asistentes y aproveché la oportunidad:

“Quiero decirle al señor presidente que la crisis en la Policía no es un chisme y que las pruebas de las chuzadas contra los periodistas sí existen”.

Hubo aplausos en el auditorio, pero eso aumentó la inconformidad en la Casa de Nariño, que a propósito había cancelado la visita del presidente Juan Manuel Santos al CPB porque nosotros, los periodistas de La FM, estábamos entre los ganadores por haber denunciado la corrupción en la Policía. El general Palomino, tan afín a estos eventos, tampoco asistió.

Al día siguiente del premio, revelamos el contenido de otra investigación: el contrato de la Presidencia de la República por 15 millones de pesos en almendras. El tema causó una gran indignación en la opinión pública. No por la cuantía, 15 millones de pesos no son nada en los gastos de un Gobierno, sino por el significado que tenía una compra innecesaria, en un país con serios problemas económicos y donde se venía pidiendo austeridad. Las almendras no eran precisamente un símbolo de ahorro gubernamental.

Ese mismo día, la superministra y mayor consejera, María Lorena Gutiérrez, se reunió con mi jefe. Le expresó la gran molestia en la Casa de Nariño por la historia de las almendras y decidió enviarme un mensaje claro. Le dio a mi jefe un tarro de los dulces para que me lo entregara. La doctora Gutiérrez también le habló de la gran “preocupación del presidente Santos con nuestras denuncias”. Era claro que en Palacio querían que yo supiera que estaban hablando sobre mi trabajo con mis superiores. Veinticuatro horas después de la visita de la superministra, mi jefe recibió otra visita del gobierno. Esta vez el ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas, llegó con un mensaje claro sobre la “inocencia” del general Palomino, aun sin haber culminado las investigaciones. Esa tarde hablaron por largo rato.

Mi jefe me citó inmediatamente; lo esperé dos horas en la sala de juntas, cuando llegó se veía cansado y muy preocupado. Me contó sobre las dos visitas que le llegaron desde la Casa de Nariño y la molestia del presidente Santos. Se paró y sacó una bolsa de plástico con un tarro de las finas almendras que habíamos denunciado. Lo abrí, era dorado y marfil, estaba amarrado con una cinta del color de la bandera nacional y marcado con un letrero grande debajo del escudo del país que decía “Presidencia de la República de Colombia”; las almendras eran grandes, de color amarillo, azul y rojo. Le dije que me parecían muy cínicos en el gobierno al mandarme ese “regalito”. Me pidió que llamara a la doctora María Lorena y le diera las gracias, le respondí que “ni muerta”. Él siempre me permitió hablarle francamente, aún hoy se lo agradezco.

Yo sabía además que María Lorena estaba prevenida porque en La FM publicamos los contratos que tenía con la Policía y otras entidades del Estado, Jorge Hernán Cárdenas, hermano del ministro de Hacienda, uno de los miembros de la comisión del gobierno que supuestamente iba a investigar la corrupción en la institución. La empresa que recibió los millonarios contratos se llama “Oportunidad Estratégica”; días después de salir de RCN confirmé un dato importante: uno de sus socios fundadores fue la doctora Gutiérrez. Ella vendió por 20 millones de pesos sus acciones el martes 10 de agosto de 2010 y fue nombrada por decreto del presidente Santos al otro día, el miércoles 11 de agosto. Por eso nada en este caso resultaba casual.

En el momento del encuentro con mi jefe y el regalo de las almendras no me di cuenta que ya estaba sentenciada mi salida de RCN.

“Mire, el presidente quiere que nos reunamos con él, quiere arreglar este problema”, me dijo mi jefe. Yo, llevada de mi parecer y mi carácter, le contesté: “Yo no tengo nada que arreglar con el presidente, aquí no se trata de arreglos, aquí hay delitos de por medio. Yo no necesito al presidente, pero sé que usted sí doctor y como yo trabajo para usted, yo lo acompaño, pero no me pida que haga lo que no voy a hacer. No voy a dejar de investigar las andanzas del general Palomino, tampoco voy a cambiar mi opinión sobre él y menos sobre el manejo equívoco que el presidente Santos le ha dado a este caso”.

Él se frunció y fue insistente en que venían retaliaciones muy graves para la Organización Ardila Lulle (el impuesto a las gaseosas, la renovación de la licencia del canal RCN, el tercer canal, la sanción por el alquiler de un grupo de emisoras, etcétera).

Esa noche me dijo que la familia del general estaba destrozada y que no “veía” ninguna prueba contra el oficial. Excúseme doctor, le pregunté: ¿Estoy sentada frente a otra persona? Yo a usted le he explicado todo, nunca me expresó dudas sobre las investigaciones que hemos hecho, en cambio siempre me apoyó y ahora me dice que no hay pruebas. ¡Se notaba que la señora Gutiérrez y el ministro Villegas habían hecho bien su trabajo! Aproveché y de nuevo le expliqué de manera detallada en qué consistía el trabajo que habíamos publicado.

Me habló de las palabras que le dije al presidente en la entrega de los premios CPB, se veía mortificado porque habíamos hecho una promoción al aire con eso. Hasta esa noche sonó la promoción del premio. Después me reclamó porque en diciembre en un editorial yo le había dicho al presidente Santos que él se iría en tres años y yo seguiría siendo periodista toda mi vida. Pero si la Organización me había aplaudido el editorial ¿Qué ocurría ahora? Sin duda, le habían reclamado personalmente a mi jefe por ese tema. Yo en tono de burla le dije que si el presidente se iba a quedar más tiempo tenía que decirnos por si iban a reformar otra vez el articulito. Con los hechos quedó demostrado que en todo caso Santos se irá al finalizar su mandato y yo, aunque me quedé sin trabajo, seguiré siendo periodista hasta que me muera, a un reportero no lo hace reportero el medio, sino sus historias y esas las seguiré contando desde donde esté, ¡si Dios quiere!

Lo último que me pidió el jefe esa noche fue que no hiciera este libro. Él me había dado su visto bueno y sabía que en 15 días debía entregarlo a la editorial. Yo accedí a su petición porque no me sentía capaz de contrariarlo en medio de tantas presiones del Gobierno.

Ya habían tenido que pagar la multa de 300 mil millones de pesos por los líos del azúcar. La Organización sabía que este Gobierno era capaz de actuar contra ellos sin consideraciones.

En la despedida le dije que yo no podía confiar en la Policía, que el Gobierno estaba muy agresivo conmigo y que solo me quedaban él y RCN, que si me quitaba el respaldo quedaría en el asfalto. Él solo sonrió. Hoy sigo pensando que es un señor bueno, pero mi cabeza en bandeja servía para salvar los intereses de la empresa, sus intereses.

Ya mi jefe había recibido en días pasados una llamada del general Rodolfo Palomino, quien trató de explicarle las raras, sorpresivas e intimidantes visitas de la Policía a mi casa. En esa llamada aprovechó para decirle que recordara todo lo que él y la institución habían hecho por la Organización en el Cauca, a propósito de las invasiones en sus terrenos azucareros. ¿Si eso no es una especie de chantaje y presión, qué es entonces?

Cinco días después de las visitas de los funcionarios de Palacio, ante la polémica por la publicación del video de Ferro y las críticas del presidente Santos, salí del aire. Todo ocurrió tan rápido que ni siquiera hubo tiempo para despedirme de mis oyentes y del equipo.

Llegué a mi casa en la noche del 17 de febrero, miré a mi esposo y a mis hijos y me desplomé, no sabía cómo explicarles que no estaría más en RCN, entré en estado de shock, entre sollozos les relaté lo ocurrido y a las 10 de la noche el noticiero CM& confirmó como noticia de última hora mi salida de La FM.

De inmediato algunos colegas me contaron que el propio pre-sidente habló telefónicamente con Yamid Amat y le confirmó mi salida. De hecho fue la periodista que cubre Palacio para CM& la que hizo la nota al aire. Más claro, imposible.

El mismo día que terminó mi contrato con la Organización Ardila Lulle, el general Rodolfo Palomino le pidió al presidente su retiro como director de la Policía. Las investigaciones lo tumbaron, no aguantó más. Acompañado de todos los generales y de su familia, dejó su cargo, a pesar del apoyo incondicional del presidente Santos.

El Procurador Alejandro Ordóñez le dejó la puerta abierta al alto oficial para que renunciara. Supe que si no lo hubiera hecho, esa misma semana habría sido suspendido del cargo. El general Palomino se enteró, lo habló con el presidente y se fue.

Como una paradoja de la vida, el mismo día Palomino, el denunciado y yo, la denunciante, estábamos fuera de combate y apenas unas horas antes el viceministro Ferro también había tenido que dejar su cargo en el Gobierno.

El mundo se me vino encima. Las redes sociales y los medios hablaban sobre el video y sobre mí. Palomino, Ferro, el capitán Palacios, la “Comunidad del Anillo”, los asesinatos, las víctimas y las grabaciones denunciadas por el equipo de La FM, pasaron a un segundo plano.

Destapamos una olla podrida, cuya presión explotó en mí.