Yo estuve cuando, por fin, se reconoció el matrimonio igualitario

Con la sentencia SU- 614 de 2016, la Corte reconoció el derecho al matrimonio a las parejas del mismo sexo en las mismas condiciones de las parejas heterosexuales. Mauricio Albarracín, activista LGBTI, cuenta cómo vivió esta decisión.

Desde abril de este año nadie en Colombia puede oponerse a realizar un matrimonio entre una pareja del mismo sexo. / EFE

El miércoles 7 de septiembre de este año fui al matrimonio de dos amigos gais. Justo antes de salir para la celebración, se supo la noticia de que la reelección del procurador Alejandro Ordóñez había sido anulada por el Consejo de Estado, porque  había nombrado familiares de magistrados de la Corte Suprema, que participaron en su designación, lo cual viola el artículo 126 de la Constitución

Ese día, mis amigos se habían casado en una notaría de Bogotá sin ningún contratiempo. El notario fue muy amable, me dijeron durante la comida. De hecho, otra pareja presente tomó nota para planear su matrimonio. El acto solemne ante el Estado y la celebración frente a las familias fueron muy alegres.

El contraste era evidente con hace algunos años, cuando las parejas del mismo sexo tenían que esconderse para celebrar sus matrimonios fuera del alcance del procurador, quien minuciosamente trataba de evitar cualquier matrimonio. Incluso, las parejas del mismo sexo tuvieron que ir a pueblos remotos a casarse sin ser perturbados por la persecución.

Adriana González describió bien esta situación durante la audiencia del 30 de julio de 2015: “Gracias por dejarnos estar aquí, por permitirnos sin máscaras y sin miedo venir a defender nuestro matrimonio. Nosotras estamos casadas… Casadas por amor, por convicción, somos una pareja del mismo sexo y estamos convencidas de que tenemos los mismos derechos de cualquier otra pareja en el país… Hemos sido sometidas al escarnio público y a la persecución… Nosotras llevamos diez años juntas, siete de los cuales hemos estado luchando por conseguir casarnos. Cuando por fin lo logramos, nos toca hacerlo sin la posibilidad de escoger la fecha y casi a escondidas… La preparación de nuestro matrimonio incluyó, además de nuestra celebración, el inicio de una lucha jurídica… Ser tratadas como delincuentes, cuando en este país la homosexualidad dejó de ser un delito hace 30 años Escuchamos en repetidas ocasiones “eso no se puede... eso no es legal”.

El 28 de abril de 2016, la Corte Constitucional decidió finalmente que las parejas del mismo sexo tenemos la posibilidad de contraer matrimonio. Esta controversia inició en 2011 por una sentencia de la Corte que determinó que estas parejas debían tener protección constitucional de sus familias, pero que su regulación estaba a cargo del Congreso. Sin embargo, dijo la Corte que en caso que el Congreso no estableciera una legislación después de dos años de la sentencia C-577 de 2011, es decir, el 20 de julio de 2013, las parejas del mismo sexo podrían acudir ante un juez o notario a solemnizar y formalizar su vínculo contractual.

Como la Corte no usó la palabra “matrimonio” , inició una controversia interpretativa entre jueces, notarios, activistas, ciudadanos y sobre todo con la Procuraduría. ¿Qué debían hacer los jueces después de esos dos años? ¿Casar a las parejas del mismo sexo? ¿Crear un nuevo contrato? ¿No hacer nada hasta que el Congreso expidiera una ley?

Este galimatías jurídico se resolvió en la sentencia SU- 614 de 2016, donde la Corte reconoció el derecho al matrimonio a las parejas del mismo sexo en las mismas condiciones de las parejas heterosexuales.Para llegar a esta conclusión, la Corte reafirmó el principio de la protección de las minorías y determinó que cualquier discriminación basada en la orientación sexual de una persona envía un mensaje de inferioridad y viola los derechos a la dignidad humana, la libertad y la igualdad. La Corte también tuvo en la omisión del Congreso en regular este asunto (18 proyectos de ley desde 1999) y “la paulatina conquista de derechos por parte de las parejas del mismo sexo”. Además, la Corte determinó que la Procuraduría no podía usar su poder para obstruir los derechos de las familias de parejas del mismo sexo porque esto va en contra de su función constitucional.

Recibimos esta decisión en las escaleras del Palacio de Justicia, junto con colegas y amigos. Nuestra felicidad significaba también el fin de la persecución y la afirmación de nuestra dignidad. También honraba a las parejas que dieron una lucha valerosa durante años para que todos pudiéramos acceder a este derecho.

Por ejemplo, muchas parejas literalmente hicieron una travesía hasta San Estanislao de Kostka en Bolívar para casarse. Allí el juez promiscuo municipal de este polvoriento pueblo a una hora de Cartagena, celebró varios matrimonios de parejas del mismo sexo, como el de Amanda y Amparo quienes querían casarse antes que la muerte las separara. Amparo tenía cáncer y murió meses después de su matrimonio. Cumplieron su sueño en un pueblo costeño con nombre de santo polaco. Cuando visité San Estanislao, había un funeral. Acompañé el funeral bajo un sol radiante, como la mayor parte del pueblo. La calle frente al cementerio del Mamón, que está detrás de la escuela, se llama la calle de la igualdad, porque según cuenta el libro “este es nuestro pueblo”: “sus vecinos determinaron ponerle ese nombre sonante ya que decían que blanco, negro, pobre o rico, al pasar por allí, todos somos iguales”. En San Estanislao de Kostka la igualdad se hizo presente en vida y no solamente en el camino a la muerte. (Lea aquí más sobre la historia de Amanda y Amparo)El 2016 será recordado como un año muy tumultuoso para la historia de los derechos de lesbianas, gais, bisexuales, trans e intersex en Colombia y en el mundo, desde la masacre en la discoteca Pulse en Orlando, hasta el triunfo de Donald Trump.

O, por ejemplo, en Colombia fuimos testigos del renacer de la homofobia más descarada que se tomó las calles el 10 de agosto contra la ministra de Educación y contra todos nosotros. Unos amigos que se casaron ese día me dijeron que se habían sentido como Liza Minnelli en Cabaret, donde el amor entre una bailarina y un estudiante se da en medio del ascenso de los nazis.

También vimos como el No ganó en el plebiscito con mentiras homofóbicas y, además, vemos cómo avanza en el Congreso un referendo discriminatorio que pretende que las parejas del mismo sexo y las personas solteras no puedan adoptar. Como por si fuera poco, despedimos con dolor a Juan Gabriel y a George Michael, dos grandes de nuestra cultura que nos inspiraron.

A pesar de lo duro del 2016, nos amamos intensamente. Porque el amor ocurre en las buenas y en las malas, en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad. Pero, sobre todo, el amor es el respeto por el otro, algo por lo que seguiremos trabajando todos los días de nuestras vidas.

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