Yo estuve en el auge y la caída de Maza Márquez

Hace 30 años, el oficial más influyente de las Fuerzas Armadas en Colombia era el general de la Policía Miguel Maza Márquez.

Maza Márquez llegó a la jefatura del DAS en 1985. / Archivo.

Entre 1985 y 1991 ocupó la jefatura del DAS y había regentado por tres años la dirección de Policía Judicial (Dijín). Por su recorrido, era el más significativo hombre de inteligencia en el país. Sin embargo, en el pasado noviembre fue condenado a 30 años de prisión por el crimen de Luis Carlos Galán. Un fallo que obliga a reescribir la historia reciente. Cuando Miguel Maza Márquez asumió la dirección de la Dijín en 1982, llegaba al poder presidencial Belisario Betancur y con él la idea de concertar la paz con las guerrillas. No obstante, en ese momento ya había irrumpido en el horizonte el movimiento Muerte a Secuestradores (MAS) y, de la misma línea, las diversas facciones del paramilitarismo. Las autoridades habían detectado que uno de los epicentros de formación de esos grupos era la región del Magdalena Medio, entre Santander y Antioquia.

Ante esa ola de violencia, las Fuerzas Armadas habían adoptado dos decisiones claves en esa región. En 1979 fue reactivado el Batallón Bárbula en Puerto Boyacá, inactivo desde tiempos de Rojas Pinilla; y en 1983 se consolidó la Brigada 14 del Ejército, con sede en Puerto Berrío. Ante la mirada omisiva de estos avances militares, en 1983, en Puerto Boyacá, también se creó la Asociación de Campesinos y Ganaderos del Magdalena Medio (Acdegam), una empresa fachada del paramilitarismo.

En tales circunstancias, cuando Maza Márquez asumió la dirección del DAS en 1985, las autodefensas del Magdalena Medio eran una amenaza conocida. La violencia se había extendido por la región y era muy notable la participación de los dineros del narcotráfico y los capos de la droga. A partir de 1986, ya en el gobierno de Virgilio Barco, se agudizó la arremetida narcoparamilitar y el personaje que representó al Estado en la lucha contra este coctel explosivo de violencia, fue Maza Márquez.

A pesar de que los hechos de violencia en el Magdalena Medio eran notorios, el Estado no reaccionó como lo exigían las circunstancias. Mientras la justicia demostró los nexos entre Pablo Escobar, Gonzalo Rodríguez Gacha, Fidel Castaño y varios militares y funcionarios en la región, las autoridades políticas permitieron que las autodefensas hasta proclamaran su partido, Movimiento de Restauración Nacional (Morena), que lideraba Iván Roberto Duque, directivo de Acdegam.

En 1989, la sociedad colombiana tocó fondo. En enero, la comisión judicial creada para enfrentar por fin al paramilitarismo fue masacrada en La Rochela. Murieron 12 miembros del poder judicial. Fue el bautizo de un año en el que el narcoterrorismo se ensañó con la sociedad y los carros bomba protagonizaron. Dos de esos atentados tuvieron como blanco al general Maza Márquez. Primero, en mayo de 1989, con saldo de siete personas muertas, y luego en diciembre con medio centenar de víctimas.

El 18 de agosto de ese año, asesinaron a Galán. Desde ese día se dijo que el crimen había ocurrido por desprotección del Estado al virtual presidente de Colombia. Sin embargo, el prestigio de Maza Márquez y su condición de víctima eran inobjetables. Además, por la misma época, él fue quien denunció a los mercenarios israelíes que ingresaron al país para entrenar al paramilitarismo, y el oficial que destapó el dosier de las autodefensas y su figura oculta: Fidel Castaño.

Maza era un héroe nacional, pero sus enemigos lo acusaban. Pablo Escobar, de aliarse con las autodefensas del Magdalena Medio para combatirlo; otros, de nexos con el Cartel de Cali. El máximo líder de Morena, Iván Roberto Duque, pescaba en el río revuelto. Después de una escabrosa campaña política en la que fueron también asesinados los candidatos presidenciales Bernardo Jaramillo y Carlos Pizarro en 1990, tras la constituyente de 1991 el presidente César Gaviria lo relevó de la jefatura del DAS.

Entonces Maza quiso moverse a la política y en 1994, a nombre del Movimiento de Concertación Cívica, fue candidato presidencial. Pocos votos le dejaron claro que sus éxitos en la Policía no se iban a revalidar en la disputa electoral. De ahí en adelante, su vida se movió entre las asesorías en seguridad y los negocios privados. Hasta que súbitamente, en 2005, apareció el confeso lugarteniente de Escobar apodado Popeye, acusándolo de vueltas indebidas.

Popeye se hizo testigo estelar contra el exministro Alberto Santofimio, condenado por el asesinato de Galán, y en 2009, cuando el expediente se extendió al general Maza Márquez, a su testimonio se sumaron Iván Roberto Duque, ahora llamado Ernesto Báez y convertido en exjefe de las autodefensas, y Alonso de Jesús Vaquero, alias Vladimir, autor de la masacre de La Rochela en 1989. Después de seis años de brega judicial, Maza fue condenado a 30 años de prisión el 24 de noviembre de 2016.

Nadie que haya asistido al protagonismo de Maza Márquez en los años 80 imaginó lo que sucede tres décadas después. El exoficial niega cualquier responsabilidad en el crimen de Luis Carlos Galán y dice que lo condenaron a una cadena perpetua sin pruebas. En cuanto al organismo que dirigió, acosado por los escándalos, fue liquidado en 2014. Hoy, la Fiscalía indaga en otros expedientes si el DAS fue penetrado por las autodefensas, lo que podría explicar otros magnicidios de los años 80.