Un ejemplo de bioeconomía

Achiote, el éxito de un negocio natural

Joaquín Gamboa aprovechó los árboles de achiote para hacer su idea de negocio. Hoy, la mayoría de los productos de Alpina y Noel están pintados con sus colorantes naturales.

Achiote, planta milenaria. / Flickr - Forest and Kim Starr

Joaquín Gamboa se graduó de tecnólogo en negocios internacionales del Sena, en Medellín, sin una práctica empresarial. Era paradójico, no había. Nadie le daba la oportunidad a pesar de que fueran los años 2000 y él tuviera 25 y el Gobierno colombiano hubiera decidido abrir las fronteras al comercio. Así que lo hizo con las uñas, a punta de un emprendimiento.

La idea la encontró entre los recuerdos. En el árbol de achiote, que tenían sus abuelos sembrado en una finca en Santa Fe de Antioquia, donde transcurrieron sus vacaciones de infancia. Ese fruto, tan comentado por su abuela, era el color que les echaban en casa a los tamales, a los sancochos, a las sopas que comió de pequeño. Ahí estaba el producto nacional que sus profesores del Sena le sugerían identificar para que compitiera en el mercado exterior.

Esa planta se convirtió en su obsesión. Salía en la mañana bien desayunado con los $2.000 en el bolsillo que le daba su mamá. Se metía en un café internet, porque en esa época el wifi ni se consideraba, y leía por horas sobre los beneficios milenarios del achiote.

Aprendió que las comunidades se aplicaban la pulpa como crema para aliviar el dolor de cabeza. Que por tradición la utilizaban en la Amazonia cuando se envenenaban con yuca brava o que los indígenas de esa misma región se lo untaban en la cara para evitar picaduras y protegerse de los rayos del sol. Y la clave para su idea: que el achiote era un colorante y un condimento natural americano usado desde épocas prehispánicas.

Al mismo tiempo Gamboa se topó con un estudio de mercado sobre colorantes naturales hecho en Europa en los años noventa. Un informe de la Agencia de Cooperación de Holanda (CBI) para abandonar los químicos que solían pintar cosméticos y alimentos del mercado continental. Esas sustancias artificiales les estaban acarreando problemas de salud en los niños, como hiperactividad.

Ese fue el impulso. Gamboa se inscribió en todas las convocatorias de emprendimiento que existían para empezar a producir.

En las del Ministerio de Comercio, de Colciencias, de la incubadora de empresas de Antioquia, con la suerte de ganar asesoría técnica y capital para arrancar con su idea, bautizada Colorganics.

Con esos recursos se armó de expertos y tecnología. Estudió el achiote y su ingrediente activo que sirve de colorante, conocido como bixina.

Se alió con la aceleradora Biointropic, en Medellín, para impulsarlos desde el uso sostenible que les dan a las plantas, en las que extraen el colorante que ha hecho exitoso el negocio. Tanto que Noel no tardó en cambiar los colores artificiales que utilizaba por los nuevos productos de Colorganics.

Los tintes con los que pintaba las Saltín Noel queso mantequilla o los que coloreaban los rellenos de las galletas Festival. Y pasó lo mismo con Alpina y sus yogures, con los dulces de Colombina y con los cárnicos de Pietrán, que se volvieron fieles clientes de Gamboa.

Al mismo tiempo, Biointropic se dedicó a ampliar el mercado de Colorganics a otros países. A promocionar en el exterior un colorante natural que abunda en regiones como Chocó, Antioquia y Amazonas, ubicadas en el segundo país más biodiverso del mundo y el primero por kilómetro cuadrado.

Ese modelo justamente es el nuevo norte de la economía mundial, bajo el concepto de bioeconomía.

En palabras del director de Colombia Bio-Colciencias, Felipe García, la bioeconomía “es una transición donde se utilizan todos los productos con base en recursos renovables y organismos vivos”. Para ello se necesita conocer la biodiversidad, la oferta natural que habita en el territorio y sus potencialidades, como la planta de achiote, en el caso de Colorganics.

Pero explorar la riqueza natural de Colombia implica dividir el territorio en seis regiones distintas. Una región Andina distante a la del Caribe o la del Pacífico, y que la región amazónica y la insular son polos con sus particularidades. Ahí está el reto nacional por transformar el modelo hacia la bioeconomía.

Para hacerlo hay una estrategia clara desde el Gobierno a través de la ciencia, la tecnología y la innovación, en cabeza de Colciencias, llamada Colombia Bio.

Este plan son 20 expediciones científicas que se harán hasta 2018, experiencias que serán registradas en documentales para poner sobre la mesa la biodiversidad del país. Además de convocatorias a grupos de investigación, financiación de proyectos en empresas y en regiones para que adelanten sus estrategias de desarrollo en miras de los recursos naturales que hay.

Otra, de igual importancia, está enfocada en los sectores privado y público. Porque “una de las principales cosas que hemos visto como ejemplo de la Unión Europea y sus países alineados a la bioeconomía es la importancia de la decisión política, que te comas el cuento de que este modelo es parte del desarrollo”, de acuerdo con García.

Para ello el Departamento de Planeación Nacional está trabajando con la Misión de Crecimiento Verde. Una iniciativa para el crecimiento económico y la protección de los ecosistemas.

Ambas estrategias apuntan a lo que, para el presidente Juan Manuel Santos, será la próxima gran revolución. Una tendencia que, en casos como Colorganics, hacen de un árbol la base de una empresa exitosa.