Acuerdo climático, vuelve y juega

Hace cinco años se desmoronó el esfuerzo diplomático global para frenar el cambio climático. En la capital peruana revive la esperanza de lograr un borrador de un pacto que se firmaría en París en 2015. Intento número 20.

Entre los temas que serán tratados en la COP20 de Lima están la reducción de emisiones y el fortalecimiento del Fondo Verde para el Clima. / Reuters

Hace cinco años en Copenhague, Dinamarca, la mayoría de delegados de las 196 naciones que hacen parte de la Convención Marco de las Naciones sobre el Cambio Climático creyeron que la receta política para evitar un aumento de temperatura de la Tierra por encima de los 2 °C estaba lista. Presidentes de casi todos los países, desde Barack Obama hasta Álvaro Uribe, viajaron a última hora para no perderse la foto histórica con nieve de fondo en Dinamarca. Pero las cosas no salieron como se esperaba. En menos de 24 horas el esfuerzo diplomático de varios años se desmoronó como un castillo de naipes.

A Copenhague le siguieron reuniones en México, Sudáfrica, Catar, Polonia, para revivir el plan global. Poco a poco se fue reconstruyendo la confianza y la fe en que es posible un acuerdo entre países desarrollados y países en vías de desarrollo, entre países que emiten CO2 en cantidades monstruosas y los que ven como el mar milímetro a milímetro les va robando tierra, entre los dueños de tecnologías limpias y los que no las conocen, entre ricos y pobres.

Ese optimismo es el que ha traído esta semana hasta Lima, Perú, a 10.300 delegados de 196 países. La tarea sigue siendo la misma: un acuerdo que apunte a reducir emisiones de CO2, que establezca el método para hacer seguimiento a esos compromisos, un fondo para financiar la adaptación y mitigación para los más afectados por el cambio climático y las condiciones para transferir tecnología limpia de un lado para otro.

Nadie espera que se firme algo en Lima. La capital peruana es considerada la estación previa a un acuerdo que se firmaría en París el próximo año si es que no vuelve el fantasma de Copenhague. Por ahora, delegados, ONG, representantes de la sociedad civil, comparten una misma expectativa y es que se logre un borrador de acuerdo que reemplace el Protocolo de Kioto, único acuerdo vinculante al que sin embargo no están adscritos todos los países industrializados, como es el caso de Estados Unidos.

Así lo ha dicho Christiana Figueres, secretaria ejecutiva de la Convención de Cambio Climático. “Nunca antes los riesgos del cambio climático han sido tan evidentes y los impactos tan visibles. Nunca antes habíamos visto tal deseo en todos los niveles de la sociedad de tomar acciones climáticas. Nunca antes ha tenido la sociedad todos los recursos de la política y la tecnología para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Todo esto significa que podemos estar seguros de que tendremos una reunión productiva en Lima, lo que conducirá a un resultado eficaz en París el próximo año”.

La reunión en Lima tiene un ingrediente nuevo que facilitaría las cosas sin ser garantía de nada. Los dos principales emisores de gases de efecto invernadero, China y Estados Unidos, llegan a la capital peruana tras firmar un pacto que los analistas coincidieron en llamar “histórico” pero “insuficiente”. En ese pacto, Estados Unidos declaró que para 2025 recortará sus emisiones entre 26% y 28% con respecto a los niveles de 2005. China, por su parte, se comprometió a llegar a un tope máximo en 2030, a la par que aumentará en 20% sus fuentes de energía limpia.

Serán dos semanas de trabajo diplomático intenso. Perú como anfitrión y los países latinoamericanos han demostrado que tienen voluntad política. Perú ha prometido alcanzar una tasa de cero deforestación para 2015. Brasil, en la última década, evitó que entre 0,4 y 0,8 Gt de CO2 fueran a dar a la atmósfera, al reducir considerablemente su deforestación. México, por su parte, ha implementado una de las leyes climáticas más agresivas, que incluye una fuerte apuesta por energías renovables. Y en cuanto a Costa Rica, país natal de la actual presidenta de la convención climática, planea convertirse para 2021 en un país carbono neutro.

 

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