“Antes que cambio climático hay mucha ignorancia"

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Alejandro Martínez, director de la Maestría Transdisciplinaria en Sistemas de Vida Sostenible de la Universidad Externado, habla de la apuesta de la pedagogía de la ternura como método para frenar la crisis medio ambiental.

Son numerosos los organismos internacionales que han advertido sobre la aceleración del deterioro ambiental al nivel planetario. Miles de foros, congresos, conversatorios, se han organizado en torno a la cuestión ambiental. Para muchos el problema, desde una perspectiva técnica, está resuelto, ya que se sabe que se debe optar por energías renovables. Para otros, el cuidado del medio ambiente se ha convertido en un problema político y social. Por ello hablamos con el profesor Alejandro Martínez de la Universidad Externado de Colombia, para conocer de cerca diversas apuestas por el cuidado del medio ambiente.

¿Cómo afecta el cambio climático a la sociedad?

El cambio climático es una consecuencia de un algo que se ha ido configurando durante los dos últimos siglos, pero que inicia con la colonización de los pueblos no centroeuropeos y que he denominado “la edad de los labios secos” referenciando a José Martí. Este intelectual latinoamericano señaló que nos encontramos en una “edad” de la tierra donde una manera de ser de la humanidad se impone sobre otra y sobre lo otro, maltratando la vida hasta ahogarla y extinguirla; a ese tiempo lo llamo la edad de los “labios secos”. (Lea: Nuevos modelos predicen un escenario climático más caliente )

Claro, y las consecuencias son socioambientales…

El cambio climático es apenas una expresión de la que se reviste la sociedad en esta “edad de los labios secos”. Muchos aspectos de la biosfera sufren las consecuencias, como la destrucción de la biodiversidad, incendios, lluvias, aumento de niveles marinos, deshielo, desertificación, aumento de temperaturas, pérdida de suelo y fenómenos meteorológicos extremos entre otros aspectos. Esto, además de modificar el lugar donde habitamos, liquida nuestras condiciones de existencia como especie y sociedad, provocando dramáticos efectos en la salud, la alimentación, la hidratación, la movilidad, la respiración y, en general, lo que podemos llamar la habitabilidad del planeta. El cambio climático es una modificación negativa del clima terrestre, haciendo la tierra peligrosamente insalubre y riesgosa y calentando, peligrosamente, el entorno donde estamos siendo. Pero el cambio climático es apenas un síntoma.

¿A qué se refiere?

Esa alteración del clima es apenas un síntoma de un conjunto de afectaciones que se han producido en esta “edad” sobre la manera como habitamos este planeta; antes de cambio climático hay muchas acciones humanas u omisiones, entre las que podemos señalar  un profundo desconocimiento de nuestro planeta y de sus habitantes, así como de las formas relacionales. Por supuesto, también existe un ocultamiento de la historia y del presente como una responsabilidad  y una mercantilización desbordada de la existencia humana, todo esto sumado a un vacío existencial y espiritual que promueve y se atraganta de elementos de consumo.

Y específicamente en el campo de la pérdida de la solidaridad, ¿qué podemos identificar?

Una voracidad societal impuesta y dirigida de la que algunos se benefician y lucran, por supuesto, movida por sistemas de deseo exasperados por las formas afectivo-sexuales comercializables, drogas legales e ilegales, guerras y competencias fruto de la individuación, la estratificación y la apropiación violenta y fraudulenta de los dones planetarios: tierra, agua, aire, y energías que la naturaleza nos ofrece en abundancia, pero que son instrumentalizados apropiados y destruidos en un culto festivo y ebrio a los ídolos del consumo desenfrenado y el mercado omnímodo y prepotente. Antes que cambio climático hay mucha ignorancia,  injusticia, violencia, antidemocracia y adoración a la ambición. (Acá: Científicas colombianas de cambio climático )

¿Aún podemos frenar este proceso?

A pesar de estas imágenes prefiero pensar y sentir que aún no vamos para el despeñadero o estamos ya indefectiblemente encallados, sino que nos acercamos al borde y es hora de un timonazo por la vida, y de una transición que nos permita redirigir la nave y reconocernos en deriva y por lo tanto en oportunidad y posibilidad.

En ese sentido, ¿se preocupa lo suficiente la academia por el medio ambiente?

La academia se preocupa y se ocupa mucho sobre lo que llamamos medio ambiente. Algunas personas a quienes no deberían llamárseles científicos, lo hacen de una forma muy preocupante ya que ven en el simplemente una fuente de recursos. Es decir, la preocupación académica ha sido en gran medida principalmente “fagobiotica”, porque se acerca a la vida como un fungible y, entonces, aún en las emergentes consideraciones de tipo ambiental donde se habla de sostenibilidad y medio ambiente, se parte de esa idea de la administración de un recurso consumible; entonces la naturaleza es para este tipo de academia sobre todo una cosa administrable, y la sostenibilidad eficacia y eficiencia en el manejo del recurso-cosa apropiable. Se cuida para poder extender el tiempo del consumo y la depredación. Por supuesto, no podemos generalizar.

Claro, la academia tiene un lugar fundamental en el cuidado del medio ambiente…

La universidad tiene un papel protagónico haciendo un llamado a la cordura, a la inteligencia, a la humanización de nuestra habitabilidad en la tierra y lo está iniciando. La academia no es sorda, ciega y tartamuda frente al momento, y logra crear espacios y lugares para la comprensión y entendimiento de la realidad-contexto, alcanzando pasos generosos e importantes de cara a asumir el pedazo de desafío en el largo trecho que nos queda para virar la dirección de la extinción de especies y la afectación irremediable del clima. Otra parte de la academia apenas puede levantar la mirada obcecada y vetusta buscando “productos” para la comercialización-acreditación y se entienden como mercaderes de datos y oferentes de técnicas, tecnologías y servicios de punta, entendiendo “de punta” como “lo que más se vende”.(Le sugerimos: Greta Thunberg, premiada por luchar contra el cambio climático)

Somos más que consientes que en el plano técnico debemos cambiar el uso de los combustibles fósiles por energías renovables. Pero, en el plano social y cultural, ¿qué pedagogía nos puede ayudar a frenar este tren descarrilado?

Necesitamos mediadores para el entendimiento y el direccionamiento como especie y sociedades. Requerimos con premura aprender a ser personas humanas y humanitarias y ahí, en ese requerimiento y demanda, se inscriben varias posibilidades pedagógicas, aprendizajes para el hoy en cambio y transición. Entre estas, una de las más importantes es la pedagogía de la ternura que Alejandro Cussianovich nominó y delineó así desde hace más de 40 años. Cussianovich la describe como un ensayo de aprendizaje de la condición humana. Es necesario reconocer que esa condición humana es un hacerse, un espacio en construcción entre lo determinado y lo determinable como decía Hugo Zemelman, pero sobre todo una posibilidad compleja y abierta en el sentido de Edgar Morin, y parafraseando a Humberto Maturana, “un arte que permite educar no solo la cognición sino el emocionar profundo y desarrollar esa biología del amor que se distancia de lo humano aprendido a manera de competencia y la evolución en tanto violencia; para llevarnos a una comprensión de lo humano como fragilidad, intimidad, necesidad de cuidado y comunicabilidad”.

Entonces, ¿cómo puede ser útil la pedagogía de la ternura?

Como una búsqueda, como una pregunta más que como una afirmación o como solución. Esa búsqueda se dirige hacia la humanización y democratización profunda de nuestras personas, cuerpos, relaciones, territorialidades dimensiones, dinámicas, temporalidades y otros aspectos,  a partir del entendimiento mutuo y de la comprensión compartida de nuestra propia condición y capacidad de actuar el momento, no solo con crítica o indignación sino con creatividad, y propositiva afectividad regenerativa y curativa entre nosotros y entre nosotros y los otros y lo otro que estamos dañado con la quema constante de combustibles fósiles y vivos.

 

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