Así es vivir bajo una espesa nube contaminante en Ciudad de México

El martes 14 de mayo se declaró una alerta máxima por contaminación del aire en la capital de México, donde habitan poco más de 20 millones de personas. Las autoridades sanitarias han dicho que respirar el aire de esta ciudad es el equivalente a fumar entre cinco y diez cigarrillos diarios.

Un grupo de estudiantes durante un acto cívico en El Zócalo, centro de Ciudad de México, el pasado 17 de mayo. Alfredo Estrella para AFP

Según los científicos, respirar por estos días el aire de Ciudad de México, ahogada en problemas crónicos de contaminación y asfixiada por el humo de varios incendios, equivalía a fumar entre cinco y diez cigarrillos diarios.

El viernes sumaron cuatro días de que se declaró una alerta por contaminación, aunque por la noche la calidad del aire mejoró notoriamente y las autoridades levantaron las medidas extraordinarias que incluyeron principalmente suspensión de clases y sacar de circulación a entre 7% y 10% de los más de cinco millones de vehículos que transitan diariamente en la capital.

Los capitalinos vieron pasar la semana en medio de una nube grisácea, un inédito olor a quemado en el ambiente y escuchando recomendaciones de las autoridades, como permanecer en lugares cerrados y evitar ejercitarse al aire libre.

La espesa capa de contaminantes, que daban un aire fantasmal a los enormes y modernos edificios cercanos, condujeron a las autoridades a cerrar momentáneamente el Bosque de Chapultepec, que alberga un zoológico, juegos infantiles, pistas para correr o andar en bicicleta, lagos para remar y amplias áreas verdes de esparcimiento.

Según las autoridades, se trató de una contaminación atípica resultado de decenas de incendios que se registraron en el centro y sur de México. También otras ciudades cercanas a la capital, como Puebla o Pachuca, declararon una alerta ambiental, algo inédito en el país.

El principal contaminante fueron las microparticulas (PM2.5) derivadas de los incendios, que se combinaron con condiciones climáticas adversas, como altas temperaturas, viento débil y escasas lluvias.

Pero los expertos también señalan como responsables a contaminantes crónicos, como el ozono, emitido principalmente por automóviles y que cuando alcanza los 150 microgramos por metro cuadrado obliga por ley a las autoridades a declarar medidas de emergencia contra la contaminación.

Desde el pasado fin de semana las micropartículas por los incendios ahogan a los capitalinos, pero éstas no son contempladas en la medición ambiental para declarar la alerta. Fue el martes, cuando se acumuló el ozono hasta llegar a los 158 microgramos, que se implementaron las medidas de emergencia.

Tal nivel de contaminación equivale a fumar más de siete cigarrillos diarios, según un estudio de los médicos estadounidenses Richard y Elizabeth Muller. 

"El objetivo de este cálculo es ayudar a la gente a dimensionar los efectos de la contaminación en la salud", señala el estudio. "A diferencia de fumar, la contaminación alcanza a todos los grupos de edad", añade.

"Se siente horrible"

La alerta y la gruesa capa de contaminantes trastornó la vida de la agitada ciudad a tal grado que se tuvo que trasladar a la ciudad de Querétaro (centro) el partido semifinal de la liga de fútbol y se canceló otro de béisbol.

Muchos no tuvieron otra opción que salir a la calle y vérselas con la nube negra, que tiene irritada la garganta y los ojos de muchos.

"Hemos tratado de no salir mucho. Se nota mucho olor a quemado", dice Nicte Muñoz, de 39 años, debajo de una mascarilla de uso quirúrgico mientras se dirige a su trabajo.

"Se siente horrible cuando vas subiendo las escaleras y ya no puedes caminar ni respirar", comenta Diana Mariscal, de 21 años y estudiante de comunicaciones originaria de la ciudad de Pachuca (centro) y que estuvo de visita en la capital.

Opositores y ambientalistas han acusado a la nueva alcaldesa capitalina, Claudia Sheinbaum, y al presidente Andrés Manuel López Obrador -aliados en el partido izquierdista Morena- de reaccionar tardíamente ante la emergencia.

En medio del estira y afloja político, el expresidente conservador Felipe Calderón (2006-2012) denunció que el gobierno "canceló el empleo temporal que permitía pagarle a brigadistas que prevenían y combatían incendios".