Björk contra la industria del aluminio

La cantante lidera la creación de un parque natural en el centro de Islandia para evitar que multinacionales metalúrgicas transformen el último pedazo de naturaleza salvaje en Europa.

Björk lanzó en 2010 el Biophilia Project, en el que mezcla iniciativas educativas y de protección de la naturaleza. / Universal Music

El biólogo estadounidense Edward Wilson acuñó en 1984 el término “biofilia”, que se refiere a la programación natural de los seres vivos para asociarse entre sí, y la cantante islandesa Björk se encargó de que el mundo conociera la existencia de la palabra.

Hace cuatro años Björk, junto con un grupo de científicos, desarrolladores de tecnología, creadores de instrumentos y un coro de mujeres, lanzó el Biophilia Project, que ha definido como una “exploración multimedia del universo”. En términos más concretos, primero produjo un trabajo musical bajo este concepto, luego lanzó una aplicación digital y recientemente ha dedicado parte de sus esfuerzos a llevar sus ideas a las escuelas de Islandia y otros países.

“La educación es una de las cosas en las que somos buenos”, dijo Björk a la periodista Lucy Siegler, del periódico The Guardian, en un reciente reportaje en el que la cantante explicó su interés por incentivar la creatividad en los niños a través de una mezcla de pedagogía musical, tecnología y ciencia. El programa educativo Biophilia ya tiene seguidores en varias partes del mundo.

Pero esa es apenas una parte de su activismo social. Quizás la gran batalla que ha emprendido Björk es contra la industria metalúrgica que quiere instalarse en Islandia. Como lo recuerda The Guardian, en 2008 Islandia sufrió una calamitosa crisis financiera por culpa de los especuladores. Si desde entonces la isla ha sido capaz de sobreponerse, eso se ha debido en gran parte al turismo que atraen sus paisajes monumentales y salvajes. Unos 825.000 turistas llegaron a la isla en el último año. Esto es 2,5 visitantes por cada residente.

Sin embargo, no sólo los turistas tienen puestos los ojos en esas enormes montañas con volcanes. Las multinacionales metalúrgicas saben que la energía geotérmica escondida en el corazón de Islandia haría mucho más fácil el trabajo de convertir la bauxita que se extrae de Australia y Estados Unidos en aluminio. Y ahí entra en escena Björk, que se ha unido a los grupos islandeses que se oponen a esos proyectos.

“Quiero que esta campaña despierte el interés en otros lugares”, dijo a The Guardian, “esto no puede interesarnos sólo a nosotros. Debe interesar a todos para poder detenerlo”. Y la pregunta, casi eslogan, que Björk lanza a quien se acerque es: “¿Quiere abrir la producción de aluminio a un puñado de corporaciones o preservar el último pedazo de naturaleza salvaje de Europa?”.

En la entrevista que dio al periódico inglés, la cantante enfatizó que aun “los capitalistas de riesgo entienden que nuestro futuro depende de la naturaleza”. No es sólo un discurso. Björk parece comprometida hasta la médula en la pelea por ese pedazo de naturaleza salvaje. Luego de recaudar unos US$5 millones, apuesta por la creación de un gran parque natural que cierre definitivamente la puerta a la industria metalúrgica que quiere el pasaporte islandés.