Brasil se queda sin agua

Lo que a mitad de 2014 parecía una amenaza para São Paulo, hoy se ha convertido en una verdadera pesadilla: la más fuerte sequía de Brasil en los últimos 80 años tiene a la ciudad al borde de una crisis en el suministro de agua que ya ha empezado a afectar regiones aledañas.

Reservorio Guarapiranga, uno de los que abastecen a São Paulo. / Reuters

Según publicó este fin de semana el diario Folha, 46 millones de brasileños empiezan a sentir los efectos de una escasez que está desencadenando otro escenario igual de delicado: un racionamiento de energía eléctrica. A este paso, le dijo al periódico Luiz Carlos Baldicero, meteorólogo de la Universidad Federal de Alagoas, “la estabilización del nivel de lluvias sólo podrá ocurrir en 2020 o 2021”.

De hecho, tal y como se supo ayer, la grave situación obligó al menos a cinco ciudades (Itapecerica, Formiga, Arcos, São Gonçalo do Pará y Oliveira) a cancelar las celebraciones del carnaval que se hace en todo el país entre la segunda y tercera semana de febrero. Río de Janeiro y otros cincuenta municipios, además, tuvieron que establecer medidas de racionamiento. Los cortes, dijeron las autoridades, tarde o temprano pueden llegar. Los apagones ya comenzaron a presentarse .

“Lo que viene ocurriendo en el sureste es totalmente atípico. Los niveles de los embalses están por debajo de los del año pasado y por debajo de los registrados desde la década de 1930”, afirmó hace un par de días Izabella Teixera, ministra de Medio Ambiente, en una rueda de prensa. “Es un momento en el que todos tenemos un problema sensible, complejo, y necesitamos de la colaboración de todos”.

El fantasma de la llaves sin agua se venía anunciando desde mitad de 2014, cuando la represa Cantareira llegó al peor nivel de su historia (3,5%). Y aunque hasta hace dos días, operaba con el 5,2% de su capacidad, la crisis también se ha trasladado a otras ciudades. En Río de Janeiro, por ejemplo, la semana pasada tuvieron que desconectar la central hidroeléctrica del río Paraibuna, una de las principales del país. Allí inevitablemente hubo apagones que se replicaron en Brasilia y São Paulo, donde las temperaturas sobrepasan los 35 °C.

La situación ha llegado a tal punto que desde el pasado martes el Operador Nacional del Sistema Eléctrico (ONS) ha tenido que importar electricidad desde Argentina. Y mientras el desabastecimiento se hace cada vez más ineludible, las sospechas por malos manejos y recortes de agua encubiertos continúan. Ayer, en São Paulo, por lo menos, se hizo la primera protesta porque, dicen, la crisis ha sido muy mal manejada.