Buenas prácticas agrícolas en el sector bananero: otras formas de proteger el agua

Noticias destacadas de Medio Ambiente

Doce fincas bananeras del Magdalena decidieron mejorar sus prácticas agrícolas, y lo están logrando. A través de una iniciativa de WWF que apuesta por el cuidado del agua en el sector privado, producen banano convencional de una forma más sostenible para el mercado alemán.

“Esto de la sostenibilidad es algo muy importante. Si nosotros no tenemos ese punto claro, a la vuelta de 20 años no habrá banano en la Zona Bananera”, explica Wilson del Carmen Polo, administrador de tres fincas bananeras en el municipio de Zona Bananera (Magdalena), convencido de la necesidad de transformar la manera de producir en la región. Después de cuatro décadas de trabajo en este sector, está muy contento de que le “cambiaran el chip”, cuando empezó a participar, desde hace casi seis años, en una iniciativa para adoptar buenas prácticas agrícolas en la producción y comercialización de banano sostenible. (Lea: Desarrollan una app para detectar hongos letales en bananos de Colombia)

Wilson hace parte de los 1.380 trabajadores que laboran en 12 fincas bananeras de Técnicas Baltime de Colombia (Tecbaco), empresa vinculada a un proyecto piloto de WWF para producir y comercializar el producto en mercados internacionales. Esta iniciativa se realiza en Colombia y Ecuador, con la cadena alemana de supermercados Edeka y en alianza con Dole.

Las 12 fincas, que ocupan 1.435 hectáreas, han incorporado una herramienta de sostenibilidad que consiste en 77 buenas prácticas agrícolas y permite monitorear su aplicación. Además, forma parte de la estrategia de Custodia del Agua de WWF enfocada en que las empresas tomen acciones para optimizar su manejo interno del agua, incrementar la eficiencia al usarla y reducir la contaminación.

“Para WWF, el agua no solo es fundamental para cualquier actividad humana y para la salud de los ecosistemas; es también un elemento que convoca a personas y organizaciones a trabajar conjuntamente. En eso se basa la estrategia Custodia del Agua; garantizar la disponibilidad de este recurso a partir del trabajo con sectores privados, actores públicos y comunitarios”, explicó Dora Milena Zapata, especialista en Gobernanza y Planificación Intersectorial de WWF-Colombia.

Impactos positivos en las cuencas de los ríos Frío y Sevilla

Los ríos Frío y Sevilla, que atraviesan los municipios de Ciénaga, Zona Bananera y una pequeña porción de Pueblo Viejo (departamento del Magdalena), nacen en la Sierra Nevada de Santa Marta y aportan parte del agua dulce que requiere la Ciénaga Grande, además, son fundamentales para actividades económicas de la zona, como la palma, el banano y el café y, por si fuera poco, son la fuente de agua para más de 45.000 habitantes.

A sus 70 años de edad, Wilson ha sido testigo de la transformación de los ecosistemas de la región: “cuando yo era niño, en noviem bre y diciembre nos gustaba mucho ir al río porque permanecía con una neblina arriba del agua. Eso era como si fuera hielo. Por eso tiene el nombre de río Frío; ahora la situación ha cambiado: esa neblina se perdió, la deforestación en las orillas de los ríos los ha sedimentado. Hoy, con esta iniciativa, hemos entendido que las cosas no eran como creíamos. Tenemos que recuperar lo que hemos perdido”.

Para Fernando González, jefe ambiental y de certificaciones de Tecbaco, la herramienta de sostenibilidad ha traído grandes beneficios a su producción y a la reducción de impactos en los ecosistemas. Por ejemplo, “antes, en las fincas que colindan con el río o alguna quebrada afluente, la plantación llegaba hasta la orilla. Ahora se ha retirado de ahí la plantación para conformar una zona de recuperación del ecosistema”. A estas zonas han regresado las iguanas, los pericos, los ponches (o chigüiros) y especies de peces que ahora no solo se encuentran en el río, sino incluso en los canales y reservorios de las fincas. Adicionalmente, esta práctica protege el cultivo ante posibles desbordamientos o erosión de las orillas.

Además, se han eliminado la aplicación de herbicidas cerca de los canales de agua de las fincas. Para ello, las avionetas de fumigación aérea cuentan con equipos spray off, que tienen un sistema de válvulas de cierre automático ligados a su sistema de GPS. Esto permite programar los ciclos de fumigación, seleccionando las áreas en donde se puede hacer la aspersión y en las que no: así se minimizan las afectaciones a los ecosistemas y el impacto en cuerpos de agua. (Puede leer: El FMI no descarta que Latinoamérica entre en recesión por el coronavirus)

Estas acciones han permitido que las fincas reduzcan entre el 70 y el 100 % del uso de herbicidas. “Esto es muy importante, primero, por la salud de los operarios, pero, además, para recuperar el suelo que se estaba contaminando; hemos hecho pruebas del suelo donde se demuestra la recuperación de microorganismos y plantas”, explica Wilson mientras señala la vegetación a ras de suelo que rodea cada planta de banano. En una plantación convencional, esto no sería posible.

También se está trabajando en el uso eficiente del recurso hídrico. En tal sentido, uno de los logros más destacados es la implementación de plantas de recirculación de agua en el lavado de la fruta, en la empacadora. Kellis Navarro, jefe ambiental y certificaciones de Servicios Administrativos Bananeros SAB S.A.S., cuenta cómo, en una finca convencional, se utilizan entre 400 y 600 metros cúbicos de agua al día. Sin embargo, para las fincas del proyecto “en 2019, con la planta de recirculación, se usaron un máximo de 135 metros cúbicos diarios, es decir, se ha reducido el uso de agua hasta en un 80 % en esta fase”. Sumado a esto, se realiza un control y monitoreo diario para aplicar solo el agua necesaria al cultivo con un sistema de riesgo y aspersión que evita pérdidas.

La triada de la sostenibilidad

Las buenas prácticas agrícolas no solo contemplan los impactos positivos en el medioambiente. “La sostenibilidad busca mantener un equilibrio entre lo ambiental, lo social y lo económico. Por esto, la herramienta de sostenibilidad tiene incluidas varias prácticas para mejorar las condiciones de vida de los trabajadores”, comentó Zapata. Por ello, la totalidad de los trabajadores tienen un contrato con prestaciones de ley y, además, se ha hecho un seguimiento minucioso del uso de los equipos de protección personal para las distintas actividades de producción, salvaguardando la salud y la seguridad de los operarios.

También se ha desarrollado un proceso de capacitación de los trabajadores en temas clave para la sostenibilidad del cultivo: agua, ecosistemas, suelo, cambio climático, manejo adecuado de residuos sólidos, entre otros. “Yo tengo 70 años de edad. Inicialmente, fui un depredador del medioambiente por ignorancia, por muchas cosas. Ahora, estas capacitaciones me cambiaron la mentalidad, me cambiaron el chip”, dijo Wilson.

Para los funcionarios de Tecbaco y SAB S.A.S., la implementación de estas buenas prácticas agrícolas es una prueba clara de que la sostenibilidad es posible. “Recuperar las zonas de ecosistemas aledañas a los ríos, ver nuevamente como el cultivo se desarrolla en mejores condiciones, obteniendo también producciones altamente sostenibles, nos da la confianza para decir que, efectivamente, lo podemos lograr”, destaca González. “Además de esto, se abren nuevos mercados. Al final, está es la sostenibilidad. O sea, buscar sostener el negocio a futuro, cuidando el medioambiente y el bienestar social”. (Puede leer: Familias campesinas desplazadas por paramilitares recuperan sus tierras en el Magdalena)

 

*Proyecto de Custodia del Agua WWF. 

 

 

Te contamos que estamos trabajando en nuestra plataforma tecnológica para que sea más fácil de disfrutar, por eso no podrás hacer comentarios en los artículos. Estarán activos próximamente. Gracias por tu comprensión.