Desobediencia civil por el medioambiente
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Extinction Rebellion: cárcel a cambio de arreglar el clima

Un movimiento ambientalista que nació en Reino Unido y se extendió a más de 60 países, entre esos Colombia, exige a los gobiernos enfrentar la emergencia climática a través de la desobediencia civil no violenta. Sus seguidores están dispuestos a romper la ley con tal de que se tomen acciones para proteger el medioambiente.

Londres es uno de los principales focos de protestas. Jóvenes y ancianos están dispuestos a ir a prisión con tal de exigirle al gobierno que actúe contra la emergencia climática. Mark Hart - Extinction Rebellion

El 25 de abril de este año, Phill Kingston decidió encaramarse con otros cuatro compañeros sobre un tren subterráneo en la estación de Canary Wharf, en Londres, durante una protesta contra la crisis climática. Cualquier otro episodio similar hubiera pasado inadvertido… si no fuera porque Kingston es un viejo de 83 años que se vio a gatas para subirse a lo más alto del tren.

Esta no fue su primera ni su única acción de riesgo. Ha sido detenido en otras 13 ocasiones por pintar edificios públicos, cortar el tráfico en las calles londinenses y encadenarse o adherirse con pegamento al piso y a los vagones del tren. A principios de 2020 tendrá que enfrentar un juicio en la Corte Real por estas acciones. Kingston no está loco. Forma parte de “Extinction Rebellion” (XR), un movimiento en contra de la emergencia climática y ambiental que se expande rápidamente por todo el mundo. Además, el también profesor de trabajo social en la Universidad de Bristol es uno más de “los arrestables”. Lea: El movimiento que quiere la declaración de “un estado de emergencia ecológica”

“Es realmente muy difícil para los ancianos romper las reglas, por la manera en que nos criaron y nos formaron -a diferencia de las personas jóvenes de ahora-”, aseguró al periódico británico The Guardian. Sin embargo, las cosas que hago, las hago por mis. nietos, por otras formas de vida y por las futuras generaciones. Me rompe el corazón pensar en el mundo que les estamos dejando”.

 
Phill Kingston, activista de 83 años, mientras es arrestado por la Policía de Londres tras participar de una acción contra la emergencia climática.
Thomas Katan - Extinction Rebellion

Como Kingston hay cientos de “arrestables” más en todo Reino Unido. “Siento que mi tiempo se acaba y que el tiempo del mundo se acaba, entonces la energía que me queda la gastaré peleando contra el cambio climático”, dice Fi Raford, una académica de 71 años. Rev Sue Parfitt, de 77, piensa lo mismo: “Al ser parte de XR me di cuenta de que ser vieja es un gran privilegio y que tenemos que ofrecernos nosotros como ‘arrestables’, estar en la primera línea. Tenemos nuestras pensiones, no tenemos trabajos, carreras ni una hoja de vida que defender”, asegura.

Los viejos -tanto los que nunca habían protestado y lo hacen ahora, como los que tienen una larga experiencia en otras movilizaciones como las que se hicieron en contra de la Guerra de Vietnam o la de Irak- se han convertido en modelos para los demás manifestantes. Solo en Reino Unido, entre el 7 y el 14 de este mes, más de 1.400 personas fueron arrestadas por formar parte de acciones en defensa del medioambiente en el marco de lo que llamaron una “Rebelión internacional”, que buscaba tomarse las calles del mundo por dos semanas.

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En octubre de 2018 fue publicado el último informe del Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (IPCC, por su sigla en inglés), el cual señalaba que para limitar el calentamiento global a 1,5° C por encima del promedio de la temperatura en la era preindustrial, “se necesitarían transiciones rápidas y de gran alcance en la tierra, la energía, la industria, el transporte y las ciudades”. Meses antes los europeos habían atravesado un verano infernal con las temperaturas más altas registradas en el último siglo. Se enteraron de los 219.000 millones de toneladas de hielo que la Antártida pierde anualmente, del cercano fin de los arrecifes de coral, los 10 millones de personas más expuestas a inundaciones, el millón de especies amenazadas según la ONU (una de cada cuatro en riesgo de extinción) y la reducción de zonas aptas para el cultivo de cereales como consecuencia de solo medio grado de temperatura de más. Este caldo de cultivo terminó consolidando un movimiento social y ambiental sin precedentes.

 
Activistas de XR en España.
Cortesía XR Madrid

Unas semanas más adelante de la publicación, alrededor de 100 académicos británicos firmaron un llamado a la acción en el que aseguraban: “La ciencia es clara, los hechos incontrovertibles y es inconcebible para nosotros que las generaciones más jóvenes deban soportar la peor parte de un desastre sin precedentes de nuestra propia creación”. Cinco días después, el 31 de octubre, este movimiento presentó públicamente en el Parliament Square Londres, ante más de 1.000 personas, lo que llamó su “Declaración de rebelión”, que ya se ha difundido por más de 60 países.

Lea:Más de mil científicos del mundo apoyan la desobediencia civil no violenta ante la crisis climática

“Nos declaramos en rebelión frente a nuestros gobiernos por su negligencia criminal, al no abordar con urgencia la crisis climática, ecológica y civilizatoria a la que nos enfrentamos; crisis que, según la opinión casi unánime de la comunidad científica planetaria, puede llevar no solo a millones de especies a la extinción, sino incluso a la extinción de la propia especie humana”, relata la misiva. Además, asegura que es hora de reconocer que los esfuerzos por pedir soluciones políticas graduales durante decenios ante la emergencia han fracasado y que llegó el momento de poner en práctica medidas de presión más contundentes. “Solo una revolución global, masiva y basada en la desobediencia civil no violenta puede generar los cambios necesarios para nuestra supervivencia”, reitera.

“Nuestros líderes nos han fallado, nos han dicho que lo están arreglando, pero en todos estos años no han hecho nada. Ya no tenemos otra opción. Cuando vimos arder el Amazonas y el Ártico el mismo mes, ahí creo que la conciencia colectiva se dio cuenta de que esta vaina está ardiendo de verdad y que hay que hacer algo. Si no es ahora, ¿cuándo?, y si no somos nosotros, ¿quién?”, dice a El Espectador Nicolás Eliades, activista de XR en Madrid.

 
Nicolás Eliades, activista de XR Madrid, participa de un performance de funeral de las especies.
Cortesía XR Madrid

Las exigencias y demandas del movimiento a los gobiernos se reducen en tres principales. Primero, que digan la verdad (junto con los medios de comunicación) acerca de la situación actual y que reviertan todas las políticas que no estén en consonancia con esa posición. Segundo, que se reduzcan a cero neto las emisiones de gases de efecto invernadero para 2025 a nivel global y en cada país, y que se limite la huella ecológica por debajo de la biocapacidad del territorio. Tercero, que se creen asambleas ciudadanas (regionales, nacionales e internacionales) para que de una forma más participativa los ciudadanos puedan discernir cómo se llevarán a cabo los objetivos anteriores en sus contextos particulares.

¿Cómo lograrlo? Por un lado están las acciones directas no violentas que buscan causar interrupciones y costos financieros al Estado para generar presión. Algunas de las que más realizan son el bloqueo de tráfico, sentarse masivamente en lugares específicos, hacer campamentos de protesta, pegarse al piso, encadenarse a bienes públicos, pintar paredes, protestar fuera de instituciones financieras o medios de comunicación e incluso subirse en los techos de trenes y aviones. El movimiento entrena a sus participantes para enfrentarse a los posibles arrestos y está convencido de que, entre más personas vayan arrestadas, más abruman al sistema y se generan más presiones para que los políticos se comprometan con las tres demandas.

Lea:Huelga mundial de jóvenes por el cambio climático

Por otro lado están los “performances”, que en palabras de Eliades “buscan mover los corazones de la gente. Es algo como rebel-arte”. Estas representaciones artísticas simulan funerales de especies, muertes humanas, derraman “sangre” al piso y hacen uso de carteles, cantos y del teatro.

 
Performance de extinción de la especie frente a las instalaciones de la cadena BBC en Londres, a la que le exigen decir la verdad sobre la emergencia climática.
Cortesía XR - Antonio Olmos

XR, que parte de 10 principios fundacionales y está basado en la autonomía y la autogestión, está abierto para todo el que quiera participar, siempre y cuando cumpla los principios y se adhiera a las exigencias contra gobiernos, empresas y medios.

 

XR en Colombia

 

El 7 de octubre, mientras en Europa se lanzaban las dos semanas de “Rebelión internacional”, hubo una proyección anónima en el edificio del Ministerio de Ambiente, en Bogotá. En esta se cuestionaba el discurso del mandatario, Iván Duque, en la Asamblea General de la ONU y se exponían problemáticas como la deforestación y contaminación de ríos y plásticos. ¿Los autores? XR Colombia.

 

 

“Creo que esta proyección tenía el propósito de decir la verdad sobre el uso del glifosato, la deforestación y el extractivismo en el país. Fue una acción pacífica, pero impactante”, cuenta Holly Eustance, una inglesa que vive en Colombia y que sirve de enlace entre los grupos de ocho países de la región y el movimiento en Europa.

 
Activistas de XR Bogotá participan de una representación de la muerte de varias especies.
Cortesía XR Bogotá

“Cada país busca los métodos de irrupción que mejor le sirven. Acá en Colombia no estamos haciendo acciones de alto riesgo de arrestos, sino acciones más alegres, conectados con las comunidades, la defensa de la vida y del territorio, de las guardias indígenas”, dice Eustance. “Aquí no se puede hacer todo lo que se hace en otros países”, asegura otro integrante de XR Bogotá, “aquí se bloquea una calle y te mandan al Esmad. Entonces, nos toca proponer cosas distintas”, dice.

“En Medellín nos empezamos a juntar desde noviembre, y nuestra primera acción fue una siembra de árboles nativos en enero de 2019. Gracias a unos grupos que se crearon en redes sociales con el nombre de Rexistencia contra la Extinción y Extinction Rebellion Colombia, se han ido formando grupos en Bogotá, Medellín y Quindío. Hemos participado de múltiples acciones y espacios de formación con otros colectivos en búsqueda de la declaración de emergencia climática y la toma de acciones necesarias ante ese escenario”, dice por su parte Álvaro Restrepo, de XR Medellín.

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Aunque XR Colombia se guía por las demandas centrales, ha agregado una cuarta: el respeto, la defensa y el cuidado de los líderes sociales y ambientales, indígenas, comunales, “que son la primera línea en esta lucha por el cuidado del medioambiente y que están siendo amenazados y asesinados”, afirman sus integrantes.

 
Activistas de XR Medellín durante una movilización en defensa del medioambiente.
Cortesía Rexistencia contra la Extinción

“Colombia es el segundo país en el mundo donde es más peligrosa la defensa de la naturaleza. En este contexto, ser miembro de XR es un riesgo, pero un “riesgo necesario”, como el que asume cualquier persona en Colombia que defiende la vida digna para todos los seres”, insiste Restrepo.

El movimiento está empezando y está conformado en su mayoría por jóvenes, ambientalistas, defensores de derechos humanos y egresados universitarios de distintos grupos; por ahora, sigue organizándose y planeando sus acciones a futuro. Sin embargo, coincide con los otros grupos del mundo: “Este sistema no nos va a ayudar a mitigar el terrible impacto que les estamos haciendo al medioambiente y a nosotros mismos. Por eso hay que cambiarlo”.

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2019-10-25T22:58:30-05:00

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2019-10-26T20:58:02-05:00

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Daniela Quintero Díaz / @Danielaquinterd

Medio Ambiente

Extinction Rebellion: cárcel a cambio de arreglar el clima

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