Áreas tropicales, entre las más amenazadas

Carreteras, un problema global

En las próximas tres décadas se pavimentarán 25 millones de kilómetros en el mundo. Una cifra equivalente a darle 600 veces la vuelta al planeta.

La construcción de carreteras suele impulsa la destrucción de ecosistemas en regiones tropicales como la Amazonia colombiana. / Cortesía Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible.

Nadie duda de las ventajas de construir una nueva carretera. Desde los pobladores de un pueblito perdido en algún lugar de Colombia hasta los habitantes de las grandes ciudades en China. Unos y otros saben bien que unos kilómetros más de pavimento traen agilidad al comercio, facilitan la vida y reducen gastos. En pocas palabras, por ahí entra el progreso.

Pero al sumar la construcción de carreteras en todo el mundo, como lo hicieron Irene Burgués Arrea, de la Alianza para Líderes Investigadores Ambientales y Pensadores de Costa Rica, y William F. Laurance, de la Universidad de James Cook en Australia, un panorama muy distinto emerge ante nuestros ojos. En los próximos tres años, por ejemplo, se tiene planeado duplicar el número de carreteras pavimentadas en Asia. Y en las próximas tres décadas se construirían 25 millones de carreteras en todo el planeta. Juntas, dicen, esas vías servirían para rodear la Tierra 600 veces.

“En un mundo que proyecta tener 2.000 millones de vehículos para 2030, necesitamos una mejor comprensión de los impactos de las carreteras y otros proyectos de infraestructura en nuestro planeta, las sociedades y las economías”, apuntaron los dos investigadores en un artículo publicado en la revista Science bajo el título “¿Caminos hacia la riqueza o la ruina?”.

Para los autores del trabajo, los beneficios de la expansión vial varían ampliamente y dependen de los contextos locales. En algunos casos, las nuevas carreteras pueden cortar hábitats intactos o críticos, destapando una caja de Pandora de males ambientales, como la invasión de tierras, la caza furtiva de especies silvestres, la fragmentación forestal, invasiones de especies exóticas y la minería ilegal.

“Incluso los proyectos cuidadosamente administrados pueden provocar riesgos sociales, como la especulación de la tierra, la corrupción, los excesos de costos y el conflicto político. En el peor de los casos, los proyectos pueden colapsar, encallando grandes inversiones financieras y activos naturales”, reflexionaron los autores.

En su investigación citan varios casos emblemáticos. La expansión planificada de carreteras en la cuenca del Bajo Mekong podría afectar negativamente a las pesquerías, con un valor estimado de US$2.000 millones. Del mismo modo, la deforestación causada por la construcción de carreteras forestales en la provincia de Aceh, de Indonesia, está costando aproximadamente US$15 millones por año en medidas de prevención de inundaciones. Esto sin contar la corrupción asociada. El Banco Mundial estima que entre 15 y 30 % —en algunos casos puede llegar al 60 %— de los fondos para carreteras en países en desarrollo se quedan en manos de carteles de corrupción.

Una de las preocupaciones principales es el avance de vías sobre ecosistemas hasta ahora intactos. En la Amazonia brasileña se ha establecido que las carreteras tienen una correlación muy fuerte con la pérdida de bosques. El 95 % de toda la deforestación ocurre dentro de los 5,5 km de una carretera legal o ilegal.

“Los elementos vulnerables de la naturaleza y la humanidad moderna no se mezclan fácilmente. A largo plazo, sólo persistirán si podemos mantenerlos al menos parcialmente separados. La forma más efectiva de lograr esto es zonificar de manera proactiva las regiones terrestres y subregionales de la Tierra, de modo que el desarrollo se concentre en áreas aptas para la agricultura, especialmente donde la mayoría de la vegetación nativa ya ha sido limpiada”, concluyeron los autores.